lunes, 15 de enero de 2018

Toledo

Me dije que nunca contaría esto pero hoy me siento con ganas de hacerlo. Hace 4 años, durante la temporada más larga de las varias veces que mi mamá estuvo internada, me encontraba yo en el hospital viéndola dormir. No tenía mucho qué hacer y sí mucho en qué pensar. Abrí la libreta que siempre llevo en la bolsa y me puse a escribir una lista con los nombres de todas las personas que nos habían brindado ayuda durante ese difícil tiempo. No tenía idea de los meses que nos faltaban por recorrer, no pensé que esa columnita de nombres se convertiría en dos hojas bien llenas, desde los familiares y amigos que la visitaron, que nos llamaron, se movieron sin dudar para conseguir lo que necesitáramos, pasando por médicos, enfermeras, el policía que me saludaba amablemente todas las mañanas, las señoras de cocina que nos invitaban comida y café en la última clínica que estuvo porque prácticamente vivíamos ahí, hasta el muchacho de la cafetería en Veracruz que con tanta delicadeza silenciosa me dio un té cuando me vio desconsolada en una mesa, después de explicarle a mi familia lo que me había dicho el oncólogo aquella mañana. Recuerdo que a los pocos días cerraron esa cafetería y no pude agradecerle con más tranquilidad el gesto de ese té que me ayudó a recuperar la voz. Tengo los nombres de las señoras que vinieron a la casa durante más de 6 meses a platicar y a orar con ella, a darle abrazos. Recuerdo a cada persona que quiso estar, porque su presencia voluntaria y amorosa de aquellos días me hizo creer de nuevo en el Dios que se llevaba a mi madre poco a poco.
Este fin de semana una de esas personas inesperadamente se fue, con su juventud, su talento para la medicina y su gran simpatía. Pasó los últimos dos meses de la vida de mi madre visitándola a diario, cuidando de su salud y contándole cosas graciosas. Cuando ya no había más que esperar, dejamos de verlo, parece que se encariñó tanto con ella que prefirió no presenciar su partida. Me dolió la noticia porque cuando alguien te brinda un conocimiento o un servicio con tanta humanidad, cuando alguien resuelve con una llamada y tan de buen humor lo que te ha costado horas de angustia intentar solucionar, no se puede más que decir gracias. Paso por aquí a decir que sigo dando gracias por las personas que iluminaron mis horas más oscuras y las de cualquiera que esté leyendo esto. Si sólo para ese fin existimos, más lo agradezco.
Y bueno, estoy leyendo que también murió Dolores, la vocalista de The Cranberries. Ojalá hubiera sabido cuántos nos emocionamos alguna vez con su voz. Todo lo que nos hace sentir la vida con más intensidad, se agradece.

https://youtu.be/SHoHIL2ABVQ

Casa / Home

nadie se va de casa salvo que la casa sea la boca de un tiburón solo corres hacia la frontera cuando ves a toda la ciudad corriendo tamb...