viernes, 30 de diciembre de 2016

Regalo navideño

Más de una semana después de no abrir mi correo, regreso y encuentro este regalo. La infancia que se me fue de las manos junto con el olor y los abrazos de los que ya no están, ¿quiénes más vendrán que aún no conozco?, tantos misterios que ya no cuestiono, esta soledad tan mía con la que poco a poco he hecho las paces, la esperanza escondida, tímida, supersticiosa, pero esperanza al fin, de florecer algún día... todo esto solamente en un poema.

DEL ÁRBOL

Hay en la casa un Árbol 
que no plantó la madre ni riegan los abuelos:
sólo es visible al niño, al poeta y al perro.

Su primavera no es la que fundan las rosas:
no es la vaca encendida, ni el huevo de paloma.
Su otoño no es el tiempo que trae desde el mar
caballos irascibles, por tierras de azafrán.
Al Árbol suben otras primaveras e inviernos:
el enigma es del niño, del poeta y del perro.

Cuando la primavera sube al Árbol-sin-nombre,
vestidos de cordura florecen los varones;
y Amor, en pie de guerra, se desliza
de pronto a la sabrosa soledad de las hijas.
Entonces el sabor de algún cielo perdido
desciende con el llanto de los recién nacidos.
Pero cuando el invierno lo desnuda y oprime,
sobre los techos llueven sus hojas invisibles,
y, horizontal, cruz las altas puertas
alguien que por el cielo desaprendió la tierra.

Hay en la casa un Árbol que los grandes no vieron:
el enigma es del niño, del poeta y del perro.

Leopoldo Marechal

Casa / Home

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