viernes, 30 de diciembre de 2016

Regalo navideño

Más de una semana después de no abrir mi correo, regreso y encuentro este regalo. La infancia que se me fue de las manos junto con el olor y los abrazos de los que ya no están, ¿quiénes más vendrán que aún no conozco?, tantos misterios que ya no cuestiono, esta soledad tan mía con la que poco a poco he hecho las paces, la esperanza escondida, tímida, supersticiosa, pero esperanza al fin, de florecer algún día... todo esto solamente en un poema.

DEL ÁRBOL

Hay en la casa un Árbol 
que no plantó la madre ni riegan los abuelos:
sólo es visible al niño, al poeta y al perro.

Su primavera no es la que fundan las rosas:
no es la vaca encendida, ni el huevo de paloma.
Su otoño no es el tiempo que trae desde el mar
caballos irascibles, por tierras de azafrán.
Al Árbol suben otras primaveras e inviernos:
el enigma es del niño, del poeta y del perro.

Cuando la primavera sube al Árbol-sin-nombre,
vestidos de cordura florecen los varones;
y Amor, en pie de guerra, se desliza
de pronto a la sabrosa soledad de las hijas.
Entonces el sabor de algún cielo perdido
desciende con el llanto de los recién nacidos.
Pero cuando el invierno lo desnuda y oprime,
sobre los techos llueven sus hojas invisibles,
y, horizontal, cruz las altas puertas
alguien que por el cielo desaprendió la tierra.

Hay en la casa un Árbol que los grandes no vieron:
el enigma es del niño, del poeta y del perro.

Leopoldo Marechal

jueves, 20 de octubre de 2016

Temporada de sonetos

Platicando y leyendo sobre el soneto, descubrí una expresión lírica que suele aparecer por ahí como una vieja conocida. La estructura, la musicalidad, su presencia en el teatro, en el Quijote, en canciones actuales, todo me da una idea de permanencia y claridad que pocas manifestaciones poéticas han conseguido. Me gustan los sonetos, pues, los memorizo fácilmente y cuando leo alguno que me conmueve, me dan ganas de reproducirlo en volantes de inspiración para irlos repartiendo por ahí. Cursi soy.

Ayer, gracias a Ana, experta en las letras que heredó el poeta sonorense Abigael Bohórquez, descubrí este otro soneto tan bello, que celebré la existencia de la poesía, género sin par, palpitante, eterno.



Renán:

la vida siga así, sencillamente;
tenerse amor, sembrar, transparentarse
en tierra y a sudor y perpetuarse
agua encendida y cálida simiente;

dejar que el sol encumbre lentamente
sus oficios de octubre; comprobarse
que se es de verdad y continuarse
de sí mismo a sí mismo, ardientemente.

Dejar que mis palabras, rezumando
la voz gozosa, la acuciante estrella,
queden en estos versos, cintilando;

que aspa de luz, ilimitada y bella,
honda y florida miel, dulcemanando,
va LA POESÍA en prenda. Y voy por ella.

Abigael Bohórquez

miércoles, 19 de octubre de 2016

Ni una menos

Hoy en los grupos que atiendo:
- ¿Por qué trae ese moño negro, profa?
- Porque hoy estamos protestando contra la violencia de género en el movimiento Ni Una Menos. Hay muchos casos de maltrato contra las mujeres en el mundo entero, así que hoy en varios países de Latinoamérica habrá marchas para rechazar las cosas terribles que están sucediendo. La semana pasada en Argentina asesinaron con crueldad a una muchacha de 16 años, aquí en Veracruz apareció muerta una estudiante de la UV. Ninguna tenía por qué morir así, ninguna de nosotras tiene por qué ser maltratada por su novio, su papá o su esposo, ni por otras mujeres. Además, ustedes saben, chicos, que en nuestro país está desapareciendo mucha gente. Se sabe que miles de mujeres han sido secuestradas para trabajar como prostitutas, a otras se las llevan al extranjero, las engañan, las encuentran tiradas por ahí. Esto no puede seguir sucediendo...
Debí hacer mi moño con más cuidado (lo hice con un papel que pinté de negro y una cinta, ahí en el salón), debí organizar una marcha aquí en mi pueblo, debería muchas cosas como ciudadana. Pero gozo de un privilegio, el tener alumnos en las aulas, tan jóvenes, tan perceptivos e inteligentes, que saben al instante, igual que yo, que es necesario hablar de estos temas. Lo hago por mis hermosas alumnitas, porque me dolería en el alma saber que alguna resulta desaparecida, golpeada o asesinada; por las mujeres que amo; por las miles de desaparecidas en Puebla, en Estado de México y aquí en Veracruz; por las asesinadas de Ciudad Juárez, porque lo mejor que puedo hacer ahora mismo es crear conciencia de lo invaluables, dignas y valientes que somos. Porque nadie debería quedarse callado ante las atrocidades que están ocurriendo, porque sin sensibilidad y comprensión, entonces ¿qué enseñamos?
Lo que me hizo el día: Al final de cada clase varios habían elaborado su propio moño negro y lo portaban, orgullosos de entender por qué.

jueves, 13 de octubre de 2016

Dos años

"Déjame reposar,
aflojar los músculos del corazón
y poner a dormitar el alma
para poder hablar,
para poder recordar estos días,
los más largos del tiempo."

lunes, 10 de octubre de 2016

Así

Como una pintura de museo antiguo que produce placer al observarla, de trazos fuertes, colores sutiles, dimensiones inusuales, una obra que invita a detener el paso un momento y admirar esas sanas coincidencias de pasiones, gustos y alegrías; como un lienzo valioso que no poseeré nunca, pero sí puedo contemplar, aunque sea de lejos, aunque sea a solas, así me gustas.

martes, 6 de septiembre de 2016

Amor feliz

Un amor feliz. ¿Es normal,
serio, útil?
¿Qué saca el mundo de dos personas
que no ven el mundo?

Encumbrados hacia sí mismos sin mérito alguno,
dos al azar entre un millón, pero seguros
de que así tenía que ocurrir. ¿Como premio de qué?, de nada;
la luz llega desde ninguna parte.
¿Por qué cae precisamente sobre ellos y no cae sobre otros?
¿Ofende eso a la justicia? Así es.
¿Viola principios cuidadosamente almacenados, derriba
de su cima a la moral? Viola y derriba.

Mirad qué felices:
¡si disimularan aunque fuera un poco,
si fingieran aflicción para animar a los amigos!
Escuchad cómo ríen. Es insultante.
Qué lenguaje utilizan, aparentemente comprensible.
Y esas ceremonias suyas, esas celebraciones,
sus rebuscadas obligaciones de unos para con otros,
¡parece una conspiración a espaldas de la humanidad!

Resulta incluso difícil prever qué sucedería
si pudiera cundir su ejemplo.
Qué podrían hacer religiones, poesías;
qué se recordaría, qué se abandonaría,
quién querría permanecer en el círculo.

Un amor feliz. ¿Es necesario?
El tacto y el sentido común nos obligan a callar al respecto
como si de un escándalo en las altas esferas de la Vida se tratara.
Espléndidos bebés nacen sin su ayuda.
Nunca podría poblar la tierra,
no es, que digamos, muy frecuente.

Que la gente que no conoce un amor feliz
afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio.

Con esa creencia les será más llevadero vivir, y también morir.

Wislawa Szymborska

Deslumbrante, la felicidad qué...

viernes, 2 de septiembre de 2016

Las horas contigo

Sencilla y delicada. Habrá mejores películas, pero cada quien sabe cuáles le tocan en los puntos más débiles, en los momentos más oscuros.

"Primera y última palabra: Mamá".

lunes, 29 de agosto de 2016

Juanga

Con la muerte de Juanga tuve la misma impresión que con la de García Márquez. Fue ídolo, todos lo conocieron y a la mayoría los conquistó con su arte. Supo contar-cantar de la vida, de la gente, de todo lo común que se puede volver extraordinario usando las palabras adecuadas. Además disfrutó del fruto de su trabajo, recibió homenajes en vida y se fue en circunstancias naturales a una edad avanzada. Le tocó desgracia y plenitud, aquello de lo que no se salva nadie, pero logró escucharse a sí mismo y perseverar en lo que quería. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?
Por cierto, si me quieren ver llorar irracionalmente, pónganme la de "Buenos días, señor sol". La primera vez que la escuché, a los veintitantos, los acordes me parecieron tristísimos y la letra nostálgica a morir. Creo que debería hablarlo en terapia.
Para conmemorar este hecho histórico propongo organizar un karaoke desaforaado con canciones de Juanga, comida y bebida sin medida. ¿Alguien se apunta?

miércoles, 10 de agosto de 2016

Todos tenemos pensamientos asesinos

El domingo pasado terminé de leer Todos tenemos pensamientos asesinos, de Eusebio Ruvalcaba.  La lluvia me ayudó a avanzar en esta novela porque cuando la comencé, hace más o menos un mes, me interesó y quería seguir leyéndola, pero luego la postergué sabiendo que me iba a perturbar durante los escasos días de descanso que tuve.

No encuentro otra manera de decirlo: es lo peor que he leído en lo que va del año. Por supuesto, está tan, taaan bien escrita que me impactó. Ruvalcaba es el mismo señor respetable de Un hilito de sangre y El arte de mentir, sólo que esta vez pareciera que se metió a un laboratorio a mezclar desesperanza, fastidio, asco, frustración, perversidad y fatalidad para después trasladarlo todo a palabras. Si hay vidas así, que seguramente sí las hay o mucho más difíciles, deseo que no le toquen en suerte a nadie de los que amo.

¿Por qué –me pregunté esa tarde en que lo terminé- se me fue a ocurrir comprar justamente ese libro? Por el título y por el autor, nada más. Antes de ése leí Cinco esquinas, de Vargas Llosa, que fue la primera propuesta para el círculo de lectura que hacemos entre algunos amigos. Era la más reciente del Premio Nobel y más de un crítico la aclamó. Francamente a varios del grupo nos defraudó. No sé si vender el libro a la mitad de lo que me costó o liberarlo en alguna banca del parque, sólo sé que no lo quiero en mi librero. Es muy grueso y roba espacio a cosas mejores, no importa si es de Vargas Llosa, no hubo una frase que me sorprendiera en medio de una historia sobre amarillismo, corrupción y morbosidades de gente rica en un país de millones de pobres. Para eso tenemos las noticias que salen a diario sobre el presidente Peña, su esposa y sus colaboradores, porquería de gente a la que nadie le exige nada, pues. Pero Ruvalcaba no es lo mismo. En Todos tenemos pensamientos asesinos destruye las esperanzas en la humanidad entera y da a entender que de nada sirve el amor, sino como mero pasaje a la nostalgia por todas las cosas que no consiguió.

Esperaba el humor ácido, el ingenio que hace soltar carcajadas en otros libros de él, pero lo que me encontré fue a un hombre que sufre lo indecible por dentro porque carece de amor y de autoestima, un hombre bueno con una vida precaria, una esposa mala, una hija que lo ignora y un hijo con retraso mental que por su bendita condición no puede entender la gravedad de lo que le acontece a lo largo de la novela. Ese sufrimiento interno por no haber tenido amor, ni amigos ni nadie confiable, por haberse alejado del arte que lo hacía feliz, lleva al protagonista a defender el único cariño puro que pudo recibir en el peor de los escenarios, la cárcel. Lo demás el lector se lo imagina y deja la novela por ahí, como le hice yo. Si alguien no se lo imagina, que se ponga a leer esas crónicas sobre la vida en la cárcel que se publican en Proceso. Por cierto, el autor da clases en un Centro de Readaptación Social (CERESO) en Ciudad de México, lo supe después, de ahí la maestría para retratar a los personajes marginales, para describir el abandono de la sociedad, la violencia y la crueldad de la que es capaz el ser humano.

En suma, se trata de una novela oscura que no recomiendo a las personas a las que les guste ver todo bello, útil y bueno, porque podrían desilusionarse; tampoco a aquellos que han perdido fe en la vida, porque querrían terminar con la propia en cuanto concluyan la lectura. Es sólo para quienes se sientan capaces de enfrentar pruebas sin negar que la existencia es así, efímera, imperfecta y a veces injusta. Pensaba en esto hace un rato cuando vi una nota del periódico Sin Embargo, en la que se informa sobre las nuevas fosas que encontraron los familiares de desaparecidos en Ixtaczoquitlán. Se suman a muchas otras halladas en San Rafael Calería, Paso del Macho, Córdoba y la región. Sólo en Veracruz. Faltan los hornos del Penal de Piedras Negras y las matanzas a lo largo de todo el país que no son ya producto de la guerra contra el narco, sino de la represión terrorista que el Estado Mexicano ha emprendido contra la población. Maldad pura entre los mexicanos, tal como ha sucedido en otros lugares desde el origen de los tiempos, es lo mismo que retrata esta novela y quisiera pensar que no se queda corta, pero a lo mejor sí. De inmediato recordé algo que Buda expresa en uno de los textos sagrados o sutras: que los seres terrenales vemos al mundo devastado, como si se estuviera incendiando, como un infierno que no es tal, pero no somos capaces de comprenderlo. El mundo no se terminará nunca, y habrá vida y abundancia en él, somos nosotros quienes necesitamos desarrollar la capacidad de percibirlo tan hermoso como realmente es.

miércoles, 20 de abril de 2016

Evoco

...las tardes de Jueves y Viernes Santo que pasaba en casa de mis abuelos. Tendría 9 ó 10 años y era capaz de quedarme horas recargada en la pared del pasillo que unía el balcón con la sala y las habitaciones. Estaba ahí quieta, pensando, escuchando y percibiendo olores. Luego me sentaba en el mueble que estaba frente al balcón, respiraba hondo y miraba a lo lejos las nubes veteadas de blanco con tenues rayos de sol, porque ya había llovido. Me gustaba imaginar que cuando fuera grande, descubriría cómo ser tan ligera y habil para ir saltando de techo en techo hasta alcanzar el horizonte. Desde ese segundo piso vi cientos de veces secarse el empedrado, mientras llegaba a mí el bullicio de la cocina y yo sospechaba que quizá en un rato, habrían de encargarme un mandado. Yo quería crecer. Eso era antes.

Abril de 2011

lunes, 21 de marzo de 2016

Felices los normales

Felices los normales, esos seres extraños.
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
los que no han sido calcinados por un amor devorante,
los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
los satisfechos, los gordos, los lindos,
los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
los flautistas acompañados por ratones,
los vendedores y sus compradores,
los caballeros ligeramente sobrehumanos,
los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
los delicados, los sensatos, los finos,
los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
que sus padres y más delincuentes que sus hijos
y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

Roberto Fernández Retamar

21 de marzo, Día Mundial de la Poesía

domingo, 21 de febrero de 2016

Cuando muere una lengua

Cuando muere una lengua
las cosas divinas,
estrellas, sol y luna;
las cosas humanas,
pensar y sentir,
no se reflejan ya
en ese espejo.
Cuando muere una lengua
todo lo que hay en el mundo,
mares y ríos,
animales y plantas,
ni se piensan, ni pronuncian
con atisbos y sonidos
que no existen ya.
Cuando muere una lengua
entonces se cierra
a todos los pueblos del mundo
una ventana, una puerta,
un asomarse
de modo distinto
a cuanto es ser y vida en la tierra.
Cuando muere una lengua,
sus palabras de amor,
entonación de dolor y querencia,
tal vez viejos cantos,
relatos, discursos, plegarias,
nadie, cual fueron,
alcanzará a repetir.
Cuando muere una lengua,
ya muchas han muerto
y muchas pueden morir.
Espejos para siempre quebrados,
sombra de voces
para siempre acalladas:
la humanidad se empobrece.
Miguel León Portilla
21 de febrero, Día Internacional de la Lengua Materna
Video cortesía de Ana





jueves, 11 de febrero de 2016

Detonación

Otra vez la música. Aparece en Youtube un programa del Buena Vista Social Club, lo elijo inconscientemente, comienza la música y explota la imagen: anoche volví a estar en La Habana. Sentía el calor húmedo, la amplitud de las calles ante mí; veía los colores pastel derruídos, los autos lentos, el sol de la mañana. Es una Habana de sueños. Le cambié el horizonte a una avenida para luego mirar a otro lado, le agregué voces y alegría. A los pocos minutos me fui de ahí a alguna otra parte de la que quizá me acuerde cuando venga otra canción.


El cuarto de Tula 
que cogió candela 
se quedó dormida y no
apagó la vela...

martes, 9 de febrero de 2016

Ama tu ritmo



Las señales de vida espiritual llegan cuando uno menos se lo espera y más las necesita. Tengo el vago recuerdo de que Samuel compartió el programa completo del Encuentro en el Estudio de Drexler en mi muro de Facebook. Él no lo sabía, pero ya en esos días mi mamá y mis esperanzas transitaban por sus últimos suspiros. Obviamente no vi el video, y perdí la música por mucho tiempo. Mucho, ahora que lo rememoro. En particular huí de Drexler por todo lo que me conmueve, pues cuando la tristeza se instala en el alma es necesario escucharla, pero no provocarla.

Hoy, llevada por un impulso extraño, busqué videos de sus canciones, en especial las que he escuchado poco. Apareció esta versión que me capturó en un instante, y ahí estaba, el poema de Darío que yo no conocía. Luego me fui al programa y me sentí dichosa por este llamado poderoso del espíritu entre música y poesía; lo sentí para mí, lo sentí en el momento justo. Amar el ritmo, la trama, la vida, es la mejor opción que me queda. Gratitud.

Ama tu ritmo y ritma tus acciones
bajo su ley, así como tus versos;
eres un universo de universos
y tu alma una fuente de canciones.

La celeste unidad que presupones
hará brotar en ti mundos diversos,
y al resonar tus números dispersos
pitagoriza en tus constelaciones.

Escucha la retórica divina
del pájaro del aire y la nocturna
irradiación geométrica adivina;

mata la indiferencia taciturna
y engarza perla y perla cristalina
en donde la verdad vuelca su urna.

Rubén Darío



jueves, 4 de febrero de 2016

La fiebre

Sabía que iba a soñar lo mismo que otras veces. Entre el jarabe, el desenfriol y las compresas, se escondía la amenaza de la mala noche: escalofrío, punzadas en la sien... Ahora que lo pienso, quizá fui enfermiza, pero no me recuerdo así. Era más bien tranquila, llenita, una criatura como cualquier otra.

Cerraba los ojos para intentar dormir. Me ardían las mejillas, mi respiración trabajosa me producía más cansancio que sueño. De golpe llegaba ahí, al lugar lleno de gente, todos muy altos, sin nombre ni rostro. Yo en medio, luchaba por salir de la multitud, pero mis movimientos eran torpes. Entonces notaban mi presencia. Las voces subían y bajaban a un ritmo caprichoso, era un murmullo ensordecedor que me daba angustia y me situaba en medio del escenario. Ahí estaba yo, intentando responder a sus preguntas ininteligibles, mientras me obligaban a mover objetos pequeños que pesaban horrores, y a desplazar sombras enormes que rebotaban sin dificultad alguna. Por allá a lo lejos, flores negras se desplegaban ante mis ojos a una velocidad vertiginosa Lo ilógico de ese mundo violento me producía repulsión y miedo. Abría los ojos, llorando, con la frente en llamas y un dolor de cabeza que empezaba a ceder.

En mayo de 2003 fui a Tlaxcala. En una librería del Fondo, de las que no había por mis rumbos, encontré una antología de textos de Borges y no dudé en llevármela. No era la edición más linda que hubiera visto, pero la promesa de su completitud me convenció. Entre el ocio y la soledad, se colaban por mi ventanal su poesía nacionalista, los cuentos ciegos y la enciclopedia luminosa. Me autoimpuse la placentera tarea de acercarme al mismo tiempo al sur y al universo entero, tan erudito y tan distante de la realidad mía.

No me di cuenta de la medida en que establecí con Borges el juego de evadirme a otros mundos hasta que llegué a uno de los títulos más raros de la antología: “Tlón, Uqbar, Orbis Tertius”. Érase un planeta sin registro enciclopédico, de cuyas pistas el narrador tiene noticia por extraños sucesos. Ahí, según describe, habita una civilización de extraña lengua, variada religión y concepciones de tiempo – espacio inimaginables. Nunca pensé que en ese esfuerzo por llevar la corriente del cuento, habría de encontrar algo como esto:

… A la madrugada el hombre estaba muerto en el corredor. La aspereza de la voz nos había engañado: era un muchacho joven. En el delirio del tirador se le habían caído unas cuantas monedas y un cono de metal reluciente, del diámetro de un dado. En vano un chico trató de recoger ese cono. Un hombre apenas acertó a levantarlo. Yo lo tuve en la palma de la mano algunos minutos: recuerdo que su peso era intolerable y que después de retirado el cono, la opresión perduró. También recuerdo el círculo preciso que me grabó en la carne. Esa evidencia de un objeto muy chico y a la vez pesadísimo dejaba una impresión desagradable de asco y miedo.

Como un aluvión llegaron las imágenes de esas noches difíciles. No daba crédito a la descripción tan precisa de esa sensación que me invadió de niña y que a nadie quise contar… salvo a él, algún tiempo después, en una de nuestras cartas perdidas, a él que también leía a Borges y también venía del sur.

Ahora que se lo he dicho a todos, espero que me ayuden. Que velen mi sueño en esta noche de fiebre, que no me dejen partir a ese mundo de voces y de objetos enfurecidos, como hace años atrás, no sea que ahora que conozco su secreta ubicación, gracias a Borges, sus habitantes misteriosos no me permitan regresar.

miércoles, 27 de enero de 2016

Life is good

Hace unos días escuché algo que me gustó mucho: "No solamente deberíamos querer estar bien, sino también deberíamos desear aprender cuando las cosas van mal". 

Hoy, luego de asistir a una conferencia agresiva y malintencionada, después de escuchar la profunda pena de una querida amiga, luego de ver un cortometraje hermoso que me hizo extrañar los días simples de antaño con mi mamá, hoy creo que la vida nunca es lo que uno soñó. Hay bendiciones que llegan de sorpresa; otras han sido largamente anheladas; otras, nunca llegan. También hay dolor, ausencias y decepciones. Cuando todo ha pasado nadie vuelve jamás a ser el mismo. Qué afortunados somos de poder cambiar, pues llegaremos al final de este viaje con el espíritu fortalecido, dejándolo todo y heredando amor. La vida no es justa, pero es buena.

martes, 26 de enero de 2016

Sobre Palinodia del polvo

Nunca hasta ahora había leído “Palinodia del polvo”. De Reyes sólo conozco textos breves que se encuentran en una antología editada por la UANL, y la admiración que produjo en Borges, lo cual debería haber sido suficiente para hacerme el favor de leer por lo menos Visión de Anáhuac. Pero no ha sido así.

Nunca antes pensé en el color del polvo ni en sus pretensiones. Lo combato sin tregua sobre esta pantalla, lamento su existencia desde un autobús, lo evado en el aire, lo atrapo, muy de vez en cuando, en un reflejo de luz que irrumpe en la oscuridad. Pero no me importa el polvo ni cuestiono su origen ni sus aspiraciones. No se me habría ocurrido dedicarle un poema hecho prosa, o una prosa con alma de poema. Sin embargo, siempre he dicho que creo en Dios, y si Dios creó todo, entonces creó el polvo, y como creación divina, el polvo existe. Tan existe, que me abrirá los brazos benévolo para que regrese a él cuando sea mi momento.

Nunca me pregunté si el misterio más grande podría esconderse en el polvo. Este ensayo constituye, en mi opinión, un tratado de la insignificancia y la magnitud de la naturaleza. Me encaminó a espacios recónditos, al igual que este otro poema, el cual me atrevo a hermanar como una muestra de por dónde me han dejado las palabras de Reyes:

La muerte es el espejo 
donde nos diluimos
cuando desaparecemos.
Las habitaciones quedan vacías,
no se escuchan ya nuestros pasos,
somos silencio, polvo iluminado
en los visillos de la luz.


Manuel Ulacia

sábado, 16 de enero de 2016

Meditación en el umbral

No, no es la solución
tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.

Ni concluir las leyes geométricas, contando
las vigas de la celda de castigo
como lo hizo Sor Juana. No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austen
ni encerrarse en el ático
de alguna residencia de la Nueva Inglaterra
y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
debajo de una almohada de soltera.

Debe haber otro modo que no se llame
Safoni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.
Otro modo de ser humano y libre.
Otro modo de ser.



Rosario Castellanos

viernes, 15 de enero de 2016

El bar

A media cuadra de mi casa hubo un bar. Se instaló a mediados de 2010 y parecía que la tortura del escándalo que hacia la gente ahí todas las noches no iba a terminar nunca. Ponían música hasta las 2 ó 3 de la mañana, a un volumen desconsiderado. Canciones soeces, gritos y golpes se oían todo el tiempo. A veces venía la policía, había pleitos y detenciones, narcomenudeo y explotación de mujeres. Cuando mi mamá falleció, hubo que ir a pedir al encargado que controlara el escándalo por lo menos esa noche. Lo hizo de mala gana. Al poco tiempo de eso, gracias al esfuerzo y a las gestiones que tiempo atrás venían haciendo mis vecinos, unidos y determinados a que su voz se escuchara, por fin lo cerraron.


Ahora viene el poema: hace un par de meses abrieron en ese mismo lugar un centro de reunión para alcohólicos anónimos. Ahora mismo creo que tienen fiesta. Se oye que aplauden y suena el Himno a la Alegría. Que le suban el volumen si quieren. Sean bienvenidos a mi barrio.

jueves, 14 de enero de 2016

Los caballos


Seres hermosos creados para andar por la faz de la Tierra, los caballos destacan a la vista cuando vagan libres, sin silla ni rienda, cuando el trabajo no ensucia de realidad tanta belleza.
A simple vista inhábiles para muchas cosas, en cambio son fuertes, elegantes y serenos. En otra vida fueron líderes, héroes o ladrones, y en ésta vida siguen ese mismo camino como sus compañeros.
Como príncipes apuestos con los que las mujeres soñamos, nos llevan en andas, pero no como si fuéramos un trofeo, sino con ese orgullo limpio y servicial de los hombres que saben ser hombres.
Con un cuerno o con alas, con Quijote o Rey Mago, en la guerra o en el campo, trotan determinados a no caer, hasta que el más frágil descalabro les recuerde su destino.