miércoles, 5 de agosto de 2015

Dos sueños

Antier me sentí muy nostálgica, extrañé a mi mamá más de lo que suelo hacerlo y eso ya es mucho decir. Luego, ayer por la mañana salí a un asunto en particular y coincidí con una vecina a la que casi nunca veo.
Ella me saludó y me dijo: -Qué coincidencia. Anoche soñé con tu mamá. Nos encontrábamos aquí, en nuestra calle, y me dio un abrazo muy fuerte. Estaba hermosa y sonriente como siempre.
El día se me iluminó.
Sé que andas por ahí, repartiendo abrazos, tantos como me diste a mí. Te quiero.



Anoché soñé contigo. Estábamos en un lugar abierto, público, que no sabría definir, podría haber sido un auditorio con jardines y gente preparándose para un evento. Te veías emocionado y querías mostrarme algunas cosas. Lo curioso ahora que recuerdo esto, aunque en el sueño me parecía natural, es que tuvieras en brazos a ese bebé tan hermoso. Eras un feliz papá, te veías seguro, sereno, mucho mejor que antes. No sé si pronto lo serás, sí sé que era algo que anhelabas. Tu hijo sonreía, con ese encanto mordisqueable que tienen los bebés de entre 6 meses y un año. Tenía una mirada luminosa y hubo un instante en que hasta soltó una carcajada de sonaja y alegría. Tanta dicha me trnasmitió en ese momento que lo bendije en voz alta. Eras tú, pleno, con tu hijo en brazos. Cuatro años pasan rápido para quienes elegimos no recordar las ilusiones compartidas. Estamos en paz.

Fortuna

Por años, disfrutar del error y de su enmienda, haber podido hablar, caminar libre, no existir mutilada, no entrar o sí en iglesias, leer...