sábado, 28 de marzo de 2015

Para los locos lectores

...para quienes comen mientras leen, sueñan, viajan, andan en el camión, escriben, platican, promueven, dicen, huelen y aman los libros, y también para los que no. Este documental es sencillo y preciso: sean felices y lean.


jueves, 26 de marzo de 2015

Recordatorio

Qué bonito es el miedo cuando es sincero,
qué brillante el futuro cuando es oscuro,
qué exquisito el delito cuando lo grito.

Qué belleza la vida cuando se olvida,
qué profunda la herida si está dormida,
qué segura una barca a la deriva.

Una vida más tarde comprenderemos
que la vida perdimos solo por miedo.




Miedo a la inimaginable fuerza constructiva que tiene la voluntad.

domingo, 22 de marzo de 2015

De la civilización del espectáculo o el mundo en el que al parecer vivimos


En septiembre de 1997, Mario Vargas Llosa publica en el diario El País, un texto titulado “Caca de elefante” en el cual reflexiona acerca de la decadencia del arte plástico contemporáneo, describe de manera directa y tajante su decepción al visitar la Bienal de Venecia, al tener noticias de la exposición más reciente en la Royal Academy y no demuestra sorpresa tras algunas experiencias personales negativas que lo hacen concluir que en este ámbito, hay “orfandad de ideas, de cultura artística, destreza artesanal, de autenticidad e integridad”, ya que sólo prevalece el intento de llamar la atención antes que producir arte verdadero, aquel que justifica una vocación, eleva el espíritu e inspira al público a una vida mejor. Según Vargas Llosa, esta actitud se debe a que se han perdido las fronteras entre lo que se puede considerar artístico, bello y bueno, de lo que sencillamente no lo es, por su carácter ordinario y falto de significado más allá de lo que denota.Al no haber un criterio objetivo, un concepto o una jerarquía de conceptos estéticos, todo cabe en el arte y como es de esperarse, todo se confunde.
            Con este antecedente, Vargas Llosa brinda en el libro La civilización del espectáculo (Alfaguara, 2012), un primer capítulo titulado igual que la obra general, en donde expone sus consideraciones acerca del estado de las artes en el mundo actual, sus parámetros y esperanzas –o desesperanzas- sus valores y sinsentidos.
            Para empezar, define a la civilización de nuestro tiempo como un grupo de paparazzis a la espera de una desgracia para divulgarla. ¿Por qué? Porque el valor principal en una sociedad de consumo e intrascendencia es el entretenimiento. Esto conduce a una banalización de todo lo demás, incluso si todo quehacer humano se entiende como cultura en el sentido antropológico o si se reserva la cultura a los cánones artísticos, que al parecer, explica más adelante, prácticamente ya no existen. Si en la época antigua la producción de cualquiera de las bellas artes se reservaba a la élite que podía constituirse en juez y mecenas gracias al propio conocimiento, el afán de difusión de tales productos ha provocado que los juicios de valor se disuelvan entre tantos gustos, opiniones y puntos de vista puedan coexistir, de tal manera que en música, por ejemplo, igual se considera artístico un concierto de la Sinfónica de Xalapa que uno del reality dominguero o que la producción más reciente del reguetonero en boga. Lo mismo puede decirse de la literatura –y aquí Vargas Llosa hace un leve rescate de las plumas arguyendo que todavía se puede distinguir la literatura light de la que vale la pena, no así en la plástica- y de otros conceptos no considerados arte pero no menos profundos como la espiritualidad, el erotismo, la política y el ejercicio de la actividad periodística.
            Otra idea básica planteada en este capítulo es que la civilización actual banaliza la cultura porque requiere hacer el mínimo esfuerzo para entenderla. Esta idea me parece interesante y discutible, sobre todo dentro del ámbito de la promoción de la lectura, puesto que ofrece una arista para comprender qué pasa con los lectores actuales, que no lo son o no desean serlo porque leer constituye un reto al pensamiento. Aquí no cabe la idea del “peor es nada” que justifique el hecho de que los libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez sean best sellers entre los adolescentes mientras que no tienen idea de que existen relatos como El Aleph. Mientras menos esfuerzo requiera una persona para decodificar, interpretar, imaginar y reflexionar, tendrá acceso a mayor cantidad de lectura, música, fotografía o periodismo, el objetivo es consumir y se cumple. Por ende, plantea también el autor, la figura del intelectual, el crítico y árbitro del arte en otros tiempos, ha sido relegada al silencio, a las publicaciones de tiraje mínimo y a participaciones nulas en los medios de comunicación, puesto que nadie los entiende, nadie los escucha y nadie los necesita.
            Habitamos, pues, un estado de cosas que depende de la publicidad, de la imagen, de la forma y no del contenido, de la pose y no del argumento, de la frivolidad en suma, que asombra por un rato pero no trasciende, no marca nuestro tiempo de manera memorable porque no hay nada qué recordar si aquello que nos nutre carece de valor. El producto de tales circunstancias es un individuo egoísta, irreflexivo y vacío, que busca en las drogas, en la adrenalina, en el chisme, en la perversión, en el espectáculo, el pan de cada día que lo haga sentirse mejor por un rato, tal vez sin ni siquiera consciencia de que se trata de un asunto pasajero. Irónicamente, parece que semejante actitud resulta difícil de aceptar, cuando cada uno se asume como ciudadano del mundo, enarbola su bandera y deja de escuchar lo que los demás tienen que decir, o peor aún, cuando nadie dice nada y el acto de vivir se reduce a pasarla bien a toda costa y pese a quien le pese.
            Estas reflexiones desalentadoras pero certeras, dejan más preguntas que respuestas por resolver. Si toda generalización es falaz, según lo asegura el mismo autor, ¿de qué lado estoy yo o estamos nosotros, de la excepción que confirma la regla o del lado del montón? Y si eso no importa, entonces ¿qué se puede hacer? ¿Cómo se dignifica la cultura en medio de la crisis económica, política, de valores, ambiental, casi en medio del caos? Porque si el mundo es un animal vivo, andante y evolutivo, el espectáculo tendrá que derivar en algo más dentro de los siglos próximos. Vale la pena preguntarse hacia dónde vamos o mejor aún ¿cómo nos detenemos?

sábado, 21 de marzo de 2015

Otra vez las palabras

Las tres palabras más extrañas
 
Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.

Wislawa Szymborska

  Día Mundial de la Poesía, otra vez.

viernes, 6 de marzo de 2015

Nino el Can

De chiquita nunca tuve un perro porque ni mi papá ni mi mamá tuvieron. El primero llegó a mis 16, era un maltés canelo, tranquilo, educado, nacido para lucirse. Yo quería un perro grande y sin pelos, pero llegó ése. Nos enseñó a mi familia y a mí cómo vive uno de los suyos, cómo escuchan, comprenden, respetan jerarquías, cómo el Arquitecto hace seres perfectos, con patitas perfectas. Cuatro años después se fue, una tarde que dejamos la puerta abierta y pasó un perro callejero alebrestado, el cual en dos movimientos de colmillos bien puestos en su cuello, nos demostraba también la perfección del instinto, el precio de su naturaleza.

No queríamos otro, había sido mucho cariño invertido para tan trágico final, y entonces llegó Nino llamado así por ser canino. Con él aprendí la diversidad dentro de la perfección. Era muy parecido al anterior, pero en actitud era un perfecto cabrón. Exigía, se alteraba, pelaba los dientes, exageraba en sus demostraciones de afecto. Desaforado, fiero, pero con garbo, me acompañaba a trabajar por las mañanas: bajo esta misma mesa dormitaba mientras yo escuchaba música y tecleaba. Cuando el hospital nos absorbió, comprendió y perdonó; cuando mi mamá partió, aulló (dicen) mientras nos la llevábamos hacia el lugar de su descanso final. Cuando nos vio en silencio, se unió a nosotros y calló.


La perra vida es perfecta, la nuestra y la de ellos. No sé si fue la neumonía o el parvo (tampoco los veterinarios supieron), y no creo que mi mamá haya venido por él, más bien creo que se fue tras ella, alejándose de nuestro perro dolor también perfecto. Se fue antes de que terminara el año, nos dejó pequeños vacíos, muchos recuerdos para extrañarlo y la sensación de que todo pasa, todo cambia y todo queda.

Fortuna

Por años, disfrutar del error y de su enmienda, haber podido hablar, caminar libre, no existir mutilada, no entrar o sí en iglesias, leer...