sábado, 18 de octubre de 2014

Tengo el alma llena de gratitud por ti, por la mujer que fuiste, por la luz que resplandeció siempre que estabas presente, por el rostro que Dios nos mostró a través de tu generosidad, tu sentido del humor, tus ocurrencias, tu ingenio inagotable, tu belleza, tu alegría; por tu lucha valiente contra la enfermedad a pesar de cada caída, porque hiciste lo mejor que pudiste y nosotros contigo. Porque amabas la vida y lo demostrabas.
Tengo el alma llena de gratitud por haber sido enviada a nacer de ti, la perfecta para mí; porque conocí el mundo de tu mano y me soltaste poco a poco; por el papá y las hermanas que me diste; porque fuiste mi protectora de la infancia, mi retadora de la adolescencia y la mejor amiga de mi juventud; porque confiaste en mí como nadie lo hará; porque pusiste a Dios en mis labios y en mi corazón, porque me regalaste fe en la vida y gracias a eso he podido ser feliz.
Tengo el alma llena de gratitud porque a través de ti nuestra familia se hizo un solo ser, un equipo, una hermandad que el cáncer no pudo vencer; porque en este último año aprendimos tanto de todo, y más aún, por el amor que tantas personas nos hicieron sentir por tu conducto; por el apoyo en los peores momentos, por las palabras, las oraciones, las atenciones, las visitas, las llamadas, por la ayuda que con nada podremos pagar, porque pudimos ver ese ir y venir de afecto de tantos años; porque cosechaste tus frutos de amor en vida.
Tengo el alma llena de gratitud por la inexplicable paz que siento por momentos ahora que no estás; porque tengo la certeza de que siempre que te extrañe estarás conmigo; por todas las cosas que ahora no puedo expresar y sin embargo viven en mí; porque aunque siguieras viva, yo no terminaría de explicarte nunca cuánto te quiero y cuánta falta me haces, ma, cuánta falta me haces…
Tengo el alma llena de gratitud y el corazón partido en pedacitos.

viernes, 4 de julio de 2014

En el buzón

Al buzón de mi casa llegan sobres de cuentas pendientes, pero muy de vez en cuando, la magia de las buenas costumbres antiguas materializa una cartita o una postal. A mi buzón virtual, que también ha caído en la monotonía, hoy llegó este fragmento, el cual contemplo con la gratitud de esta viva.

“Todo ser contempla,  todo ser es una contemplación, sí, incluso los animales, incluso las plantas (salvo los hombres y los perros, que son animales tristes, sin alegría). Ustedes dirán que bromeo, que es una broma. Sí, pero incluso las bromas son contemplaciones… Todo contempla, la flor y la vaca contemplan más que el filósofo. Y, contemplando, se llenan de sí mismos y se alegran. ¿Qué es lo que contemplan? Contemplan sus propios requisitos. La piedra contempla el silicio y la calcita, la vaca contempla el carbono, el nitrógeno y las sales. Esto es el self-enjoyment. No es el pequeño placer de ser sí mismo, el egoísmo, es esa contracción de los elementos, esa contemplación de los requisitos propios que produce la alegría, la ingenua confianza de que algo va a durar, sin la cual no se podría vivir, pues el corazón se detendría. Somos pequeñas alegrías: estar contento de sí es encontrar en sí mismo la fuerza para resistir a la abominación.”  

Gilles Deleuze

miércoles, 18 de junio de 2014

Cien años

Si Efraín Huerta viviera, hoy cumpliría cien años, y habría más poemínimos maravillosos por ahí, robando sonrisas.






lunes, 16 de junio de 2014

Hay voces

...que mueven todo a la primera, como ésta que acabo de descubrir, además de la hermosa letra que clama desde la transformación inexplicable. 

Luna de esta noche larga
vuelve tu cara a mi ayer
cuéntame como he cambiado
dime cómo he de crecer.


Luna, madre milenaria

dime cómo he de volver.
cuál será mi casa,
dime cuándo lo sabré...


domingo, 18 de mayo de 2014

Permanencia voluntaria

Conocí a Cris en primero de primaria. Desde los cinco años y medio se convirtió en una presencia constante en mi vida, para bien o no tan bien. Compartíamos junto con sus vecinos el camino a la escuela, nos contábamos secretos y cuentos de espantos. En la secundaria se convirtió en algo así como mi mejor amiga, claro, de esas mejores amigas que hablan mal a tus espaldas, te ponen a prueba o te dicen qué hacer. Su energía me abrumaba y me inspiraba al mismo tiempo. Fue para mí fuente de compañía y desengaño, no sólo por su manera de ser sino porque a través de ella me descubría a mí misma. Luego el destino nos llevó por distintos lares, pero siempre hubo algún correo esporádico o una conversación de Messenger para ponernos al día, a pesar de que, pensándolo bien, nuestras casas paternas se encuentran a escasas 4 cuadras de distancia.

Volví a verla en 2011, cuando supe que había estado delicada. Platicamos largamente, me invitó a una fiesta, nada la detenía. Un medicamento fuerte en dosis mal recetada le arruinó los riñones muy rápida e irremediablemente. Cuando por fin hubo un donador y una fecha de trasplante, la posibilidad la puso tan nerviosa que le sobrevino un derrame cerebral. Dos semanas antes de irme a Argentina la visité en el hospital y creí que sería la última vez. Durante ese viaje, una noche que pasé sola en Rosario, soñé con ella. Su aire familiar me dio a entender que estaba bien y por alguna razón que no comprendo, sentí que ya era hora de regresar a mi casa. De ahí la visité algunas veces y pude ver sus progresos. Le conté mis ilusiones, mis penas amorosas, ella apenas podía hablar, pero a paso seguro se fue recuperando. La noticia del trasplante en noviembre pasado apenas fue el preludio de los días tremendos que habría yo de pasar junto con toda mi familia. Por obvias razones no estuvimos en contacto. Entonces una mañana de febrero, recién llegadas del internamiento, mi mamá despertó sin ánimo de nada y con muchas ganas de llorar. Pasó el desahogo y estábamos en el intento de que desayunara cuando el teléfono sonó. “Madrina –le dijo Cris- tenía muchas ganas de saludarla. Por favor no pierda la fe, míreme a mí…” Hoy sé que ella apenas si puede ver bien y ese día tenía el teléfono al alcance por mera coincidencia, pues sigue aislada en su propia casa por extrema precaución indicada. Hacía años que no marcaba el número de mi casa pero pudo recordarlo.

Hace días que me ha rondado por la mente la idea de la voluntad, ausente o menoscabada en estos tiempos donde apenas podemos con nosotros mismos. Confusiones, miedos, complejos, ansiedad, depresión, nos da de todo, menos ganas. En medio de ese aislamiento del que por supuesto tampoco me salvo, han permanecido junto a nosotros (perdón que pase del singular al plural, pero las impresiones son mías y el cáncer se vive en conjunto) algunas de las personas esperadas y algunas inimaginadas. Y digo algunas porque de igual manera, hay una lista importante de ausentes esperados. Cualquiera diría bueno, no deberías sorprenderte, como dice Shakespeare en las frases de facebook: “Yo siempre soy feliz, ¿sabes por qué? Porque nunca espero nada de nadie, bla bla bla…” Pero el asunto va más allá. Simplemente están quienes quieren estar y punto. Llegué a esa conclusión cuando alguien me escribió diciendo que quería saber de mí pero le daba terror pronunciar siquiera la palabra “cáncer”. “Es que no sé cómo acompañarte”. “Yo tampoco –le dije- pero hay quienes sin pedirles han sabido estar”.

Por supuesto hay de estares a estares. En una situación grave, a algunos les gana el morbo y se les olvida el cariño. Otros admiten las dificultades que impone la distancia pero están al pendiente. Otros que reciben tus correos en plena distancia como piedritas lanzadas a una ventana lejana, y deciden no abrir, permanecen en silencio, “la forma más sutil de la violencia”. Otros escriben mensajes escuetos de conmiseración y fuerza que sólo les hace sentir mejor a ellos así que bien podrían ahorrárselos. Hay quienes teniendo tu número no te marcan, y cuando te marcan resulta que era número equivocado. Hay quienes predican que cuando se necesita ayuda hay que pedirla, sin ponerse a pensar que más allá del orgullo y la soberbia, entre el dolor y la incertidumbre uno no sabe cómo pedir ayuda. Hay días en que ni siquiera hace falta ayuda, con un abrazo basta.

Una periodista que fue madre soltera, alcohólica y padeció cáncer de mama dice en uno de sus textos que es natural no saber cómo reaccionar ante la enfermedad y el sufrimiento. La muerte se llora, la salud se celebra, pero ser compañeros de camino es otra cosa. Cada uno se enfrenta al destino del otro sabiendo que en cualquier momento podría ser él o ella quien pase por lo mismo, y nadie quiere pensar en eso, pero de hecho sucede. Entre los consejos que escribe desde su perspectiva como paciente, sugiere a las personas volverse útiles y prácticas al prestar ayuda, ofrecerla con cierta insistencia y no ofenderse ante las negativas; ser asertivos, escuchar al enfermo, contribuir a relajar el ambiente. Aconseja no hacer preguntas detalladas y respetar la voluntad del enfermo, pero no dejar nunca de “estar ahí”. La gracia de comunicarse se vuelve punto clave, las llamadas y los mensajes, incluso breves, son muy valiosos. Y apunta: “más allá de las dádivas y las palabras de ánimo que llegan a perder sentido, una manera eficaz de demostrar aprecio es ser constantes. A mayor duración del tratamiento, mayor soledad en el proceso. Esto sucede tanto con el paciente como con sus familiares”.

Y tras bambalinas, en medio de reacciones psicológicamente esperables, están entre otros sentires, el amor y la amistad. No me acuerdo de dónde saque esa imagen de que la vida es como un autobús. Cuando te subes ya va medio lleno, te sientas y durante el trayecto, hay quien te sonríe, te ve mal o te hace plática. Tú eliges si admirar el paisaje o ponerte los audífonos, pero mientras tanto, infinidad de gente sube y baja en distintas paradas, hasta que llegas a la tuya, aunque no sepas cuál es ni por dónde va esa ruta. Quizá haya alguien que se quiera quedar sentado al lado tuyo, quizá no. Quizá los más entrañables se bajen cuando te acabas de subir tú, o después de ti. Por eso la familia es fundamental, por eso conforme pasa el tiempo y con suerte quedan unos cuantos amigos, por eso la sabia elección de pareja es tan importante. La verdad universal de que cualquiera te acompaña en las buenas pero no en las malas se deja descubrir tras un velo que cae poquito a poco, acompañado por un dolor muy leve, es una de las tantas muertes dentro del gran ciclo de la vida. Sin embargo, me parece que incluso esa verdad tiene un matiz: no siempre los ausentes quedan del lado de la desgracia, como yo erróneamente llegué a pensarlo hace poco, no todo está en ver llegar el invierno y cosechar el fruto exiguo del poquito amor que se sembró. Aunque sí, pero no todo. Sencillamente cada uno lleva una ruta distinta que lo hace cambiar de autobús. Se queda contigo quien realmente desea quedarse, se hace presente quien tiene la voluntad de hacerlo, quien no te lee la mente ni espera una señal, sólo es y está.  Hace falta una muy buena dosis de humildad para aceptar al otro como es y también para dejarlo ir como es, pues si bien todo cambia, algo permanece en nosotros como eterno recordatorio de que somos humanos, nada más (y nada menos).

Dos o tres posts más abajo una persona dice que eso está bien, que todo cambia, que los que antes eran ahora ya no son y si así no fuera, nos quedaríamos estancados y la vida se echaría a perder. Coincido, aunque me gusta mucho más cómo lo expresa Pitol: “Uno es una suma mermada por infinitas restas”. En todo caso, quiero confiar, en la resta de los amigos que vienen y van –como Cris-  habrán de quedar aquellos que siempre han valido la alegría.

sábado, 17 de mayo de 2014

Intraducibles

Soy afortunada, he experimentado aware.
Mañana aplicaré el gokotta.
Deseo que la iktsuarpok no dure mucho tiempo más.
¿A quién no le ha sucedido el Mamihkapinatapei?
Hanyauku, una delicia.
Age-otori me pasó hace 4 años, lo bueno es que siempre crece.
El won me atormenta las más de las veces pero también me ayuda a seguir viviendo.

sábado, 10 de mayo de 2014

Mi mamá

Tiene los ojos almendrados, la piel blanca y el cabello castaño. Siempre fue alta y llenita. Recuerdo que era muy tímida, pero luego de estudiar la licenciatura en seis veranos, se volvió elocuente y desenvuelta. Tiene una habilidad manual impresionante: lo mismo cose abrigos que vestidos para bebés, borda, lava una montaña de trastes o es capaz de guisar (muy rico) en tiempo récord, improvisa mamparas, arreglos florales, y hasta compone televisiones porque estudió electrónica en la prepa. Se casó el día que cumplía 20 y no ha querido a otro hombre más que a ése que tantos sobresaltos le ha dado. Le gustan la música antigua, la literatura y los zapatos de tacón delgado y correa alta. Heredé su voz y su locura ocasional. Me enseñó a lavar bien mi ropa, a no depender de nadie, a no tener deudas, a ser amable con todos y sobre todo, puso en mis labios la invocación a Dios, a cada paso, en todo momento,sembró la fe que crece en mí.

Puedo decir que es éste el primer 10 de mayo que saboreo plenamente la fortuna de que esté aquí. Hasta eso me está enseñando, cómo vivir cada día sin importar lo que vendrá. No hay cáncer que apague tanta luz que lleva dentro. Sin duda fui enviada al vientre de la madre perfecta para mí, la única-además de yo misma- que ha podido amarme tal como soy.

domingo, 4 de mayo de 2014

Horas de vuelo

Tenía una hora libre y no quería estar en la cafetería. Hacía calor, las sillas blancas de plástico a la una de la tarde en un espacio abierto no me resultaron tan cómodas cuando llegó a instalarse por ahí también el grupo con el que me tocaba la siguiente clase. Ya bastante tenemos con vernos todos los que somos (57 contándome) durante 50 largos minutos antes de que suene el timbre de salida. Llegaron a posarse ahí como pajaritos en arboleda a las 6 de la tarde. Entonces me levanté graciosamente y me dirigí a la biblioteca que más bien funge como sala de medios. Los libros que rescaté de una gaveta abandonada y llevé a entregar desde antes de salir de vacaciones seguían ahí, en desorden, esperando que alguien los mire con cariño.

Fingí estar muy concentrada buscando un título interesante, porque no tenía ganas de platicar con un par de personajes que rondaban por ahí. A veces sencillamente uno no tiene nada qué decir ¿o me estaré amargando más de lo admisible? Como sea, empecé a formar columnitas de libros por tamaño. Hay de todo: clima, ciencia, arte, historia de México y literatura, la que quieran. Me encontré la Iliada en cómic y hasta me dieron ganas de leerla. Pero entonces se me apareció con una bella portada celeste, un ejemplar nuevecito de Horas de vuelo, del chiapaneco Eraclio Zepeda. El nombre me remitió de inmediato a "Benzuzul", un cuento incluído en el texto base de la materia de Literatura que utilizan todos los bachilleratos generales, o mejor dicho, que utilizaban hasta mis tiempos no (muy) lejanos. Ya no me acuerdo de qué trata "Benzuzul". Total, que me dio buena espina la ilustración de un brazo amarrado a una alita construida con carrizos y quise llevármelo. No había nadie a quién pedirlo prestado.Ni profesores ni alumnos visitan esa parte del aula. Qué más da.

Agradable sorpresa la que me llevé. No es porque tenga fresco el recuerdo de los horizontes del sur, quizá porque tengo mucho qué calificar y encontré el pretexto perfecto para evadirme, pero los cuentos son realmente buenos. Me sentí como si estuviera escuchando a uno de esos tíos vagabundos que nadie tiene contándome alguna anécdota mientras se come una botana de queso de Cintalapa y una cerveza para el calor. Los paisajes de todo Chiapas se recrean con mucha gracia en los relatos unidos por una particularidad: el amor al aire. En escena aparece un águila arpía, un piloto, un payaso con globo aerostático propio, un viejito con la irremediable ilusión de volar de verdad, todos acompañados por la gente común que suele darle sabor a las peripecias. Se nota que este libro fue escrito por un antropólogo talentoso. Quien tenga ganas de irse a volar un ratito entre los cambios bruscos de clima y el trabajo de vez en cuando agobiante, hágalo entre estas páginas.



viernes, 25 de abril de 2014

Nosotros que nos queremos tanto...


"Lo que nos da calma y contención se llama identidad. Y atravesar por una migración de identidad es muy duro. Es un proceso largo, doloroso, cargado de ansiedad y en el camino uno siente que pierde la cordura. Cuando por fin concluye te das cuenta de que ya no te definen las mismas ideas y tampoco el mismo trabajo, que los amigos que jurabas eternos de pronto ya no tienen nada en común contigo y a algunos hasta les das hueva. Al final vale la pena porque el espíritu humano está hecho para transformarse o de otra manera nos quedaríamos chatos, enanos, mutilados."

http://www.sinembargo.mx/opinion/12-04-2014/23096#comment-86165

lunes, 31 de marzo de 2014

Hasta siempre

Hasta siempre ingenuidad. Ya pagué el precio, ya gasté energía, ya creí, ya descreí, ya te vi a los ojos, ya entendí el porqué de todas las mentiras. Ya me cansé. Que no me permita nunca más la libertad de dar mis flores a los cerdos.
Párrafo aparte.

martes, 18 de febrero de 2014

30

Siempre he tenido cierta fijación por las fechas, sin embargo, en los últimos días mi vida ha tomado un rumbo incierto que no me había permitido detenerme y reflexionar lo especial de este cumpleaños. Subo al tercer piso, abandono el prefijo “veinti…”, dejo de ser legalmente “joven” para convertirme en “adulta”, un día más, un día menos, la edad es cuestión de actitud, dicen.

Hace unos días me pregunté: ¿qué estaba haciendo hace exactamente diez años? Apenas pude recordar algunas cosas: cursaba el sexto semestre de la licenciatura, mi tiempo se iba entre lexicología, psicolingüística, gramática generativa transformacional, francés, inglés y algún invento del ocio. Superaba junto con mi familia un duelo reciente, conocía gente nueva, aún veía tele, no tenía computadora ni celular, leía, caminaba, nunca había trabajado… en fin, mi vida era buena y la vivía sin cuestionarme si me gustaba o no. Hoy, en medio de una batalla difícil, se me ocurre celebrar mis treinta escribiéndole un mensaje a la veinteañera que con gusto habría visto su futuro en una bola de cristal. Le hablo desde el ahora, con la esperanza de que ella me recuerde algunos sueños del ayer, a cambio de disolverle algunas ingenuidades.

“A ti, la de verde, te hablo yo:

Diez años pasaron volando, pero dejaron huella. La primera noticia de este mensaje de cumpleaños es que llegarás a los 30, completa, más viva y transformada. Sí, es bueno saberlo, tal como habrá muchas otras cosas por saber. Ya que te la pasas pensando en el mañana, pon atención a lo que sigue, aquello que sabrás solamente a su debido tiempo.
-          Te identificarás con varias máximas que la gente va repitiendo por ahí: “El dolor se va y queda el buen recuerdo”; “la familia es tu mayor bendición”, “no siempre lo urgente es lo importante”; “lo hecho, hecho está”; “la vida te da sorpresas…” Sí, todo es cierto, ya vas a ver…
-          A los 25 habrás cumplido dos objetivos profesionales específicos: viajar al extranjero y dar clases en nivel universitario. Ambas cosas te encantarán, te darán satisfacción y por si fuera poco, aprenderás a editar libros, a dar clases de idiomas y descubrirás muchas debilidades como profesionista que siempre podrás corregir. Tu ángel laboral será muy fiel y eficiente.
-          ¿Querías trabajo? Tendrás. ¿Querías pasear? Pasearás. ¿Te interesaba vivir en otros lugares, conocer gente nueva, culturas distintas, otra música, otros aires? Habrá. ¿Querías ser joven y feliz? Serás. ¿Querías enamorarte? Te darás en la… Está bien, pasará, ¡pero ten cuidado con lo que deseas!
-          Te seguirán llamando “Laurita” a los veintimuchos, y cuando reacciones ante ello, te embarcarás en una fumada introspección psicológico de por qué jijos las personas te siguen diciendo así. Las respuestas serán interesantes, pero hasta los 30 deberás trabajar en la transformación de semejante vocativo.
-          Tardarás un poco en llevarte bien con la mujer que verás en el espejo, pero sin duda te gustará mucho más dentro de unos años. Eres una oruga, querida, pero todo cambia.
-          La paz irá y vendrá, pero la habrás conocido. Disponte a luchar por conservarla.
-          El cáncer llegará a tu vida e intentará llevarse a la mujer que más quieres, la que más te ha querido. Tocará las fibras más profundas de todos a tu alrededor y así, ni más ni menos que en esas condiciones, llegarás a los dorados 30, entre hospitales, diagnósticos, tristeza y esperanza. Será la experiencia más importante, al menos hasta esta edad, y aún no sabrás cuánto misterio encierra esta prueba de vida y de fe. Aún así, darás gracias, porque por tu mamá habrá valido la pena todo, sin duda, siempre…
-          En medio de esa prueba conocerás a los amigos verdaderos, a la gente buena que aún existe. Algunos te llamarán por teléfono, otros orarán contigo en sintonía, otros viajarán desde lejos para darte en persona el abrazo que tanta falta te hará, y otros simplemente dirán “yo tengo ese tipo de sangre, ¿a qué hora hay que ir a donar y qué más te hace falta?” Por algo los llaman las sonrisas de Dios.
-          En fin, que si quieres saber más, a los 30 no habrá libro publicado, ni árbol plantado, ni hijo tenido. Tampoco casa propia, ni trabajo definitivo, ni pretendiente ni novio ni esposo, ni siquiera maestría. Nada de salto a la fama, perfección conseguida ni lotería ganada. ¿Pero sabes qué? No importará. Nada más importa porque no hay quien pueda decirte cómo tiene que ser la vida. Sólo ten fe, confía, respira. ¿Por qué? Porque los 30 sabrás con plena certeza que lo que ha de ser será, gracias a Aquel que no cambia, el único que basta para conducir tus pasos porque te trajo a este mundo para algo; el que llena tu alma de gratitud y te fortalece para enfrentar lo que vendrá; el único que conoce los anhelos de tu corazón y te ha concedido más bendiciones de las que hubieras sido capaz de imaginar. A los 30 dirás que has vivido gracias a Él, la Fuente de Todo, el Creador de milagros, el Dios de tu paz y tu alegría.”

Casa / Home

nadie se va de casa salvo que la casa sea la boca de un tiburón solo corres hacia la frontera cuando ves a toda la ciudad corriendo tamb...