sábado, 22 de junio de 2013

El hilito de sangre

No intento evitar robarle horas al día siguiente, pero al momento de escribir esto lo que pretendo es que no se me pase la buena sensación que me dejó esta lectura. Gracias a "Barry" se suspendieron labores y tuve que quedarme en casa desde ayer, escuchando la lluvia intensa y observando desde mi ventana cómo mi calle se convertía en río chocolatoso con tortugas viajeras (es que mi calle está empedrada jaaaa).

El caso es que hace días llegaron algunos libritos de encargo, entre los cuáles está "Un hilito de sangre" de Eusebio Ruvalcaba, que hace como mil años (bueno, como dos al menos) me había recomendado ¿adivinen quién? Pues nada, que lo empecé la tarde del jueves y hoy me levanté a terminarlo porque es una maravilla. Así de simple, así de sencillo, diría la del rival más débil. Hacía tiempo que no me reía tanto en compañía de una buena novela (alto... hacia tiempo que no reía...) y sigo sorprendida con tanta soltura, simpleza y cuidado en la escritura. El personaje enriqueció sin querer la construcción del alma solitaria que he venido cavilando (léase dos post atrás), con matices de ternura, ingenio y un poco de egoísmo (sustancia peligrosa, como los medicamentos fuertes, útil en pequeñas dosis estrictamente controladas). El día que escuche a alguien decir que su mamá tiene la inteligencia más corta que la de la mascota del hombre de Cro-Magnon me voy a volver a botar de risa, que conste.

¿Qué aprendí? Que somos polvo vil en un relojito de arena y que en la vida todo es broma, como que dos más dos son cuatro, y no hay que tomársela en serio. Yo también prefiero ser sólo una lucecita, se necesita muy poco, deveras, muy poco para ser feliz. El trabajo es descubrirlo.

*¡Ah! Sospecho que alguien se identifica canijérrimamente con el protagonista de esta aventura, ¿o no?

jueves, 13 de junio de 2013

"All the pain inside a spiral notebook"

Se dice que las personas poseen sobre nuestras vidas el poder que nosotros les conferimos. Me pregunto, ¿por qué entonces es tan difícil darnos poder y autosuficiencia? ¿Por qué algunos lo consiguen en mayor medida que otros? No hablo de circunstancias, pues mucha gente logra superarlas a temprana edad cual si tuvieran un poder de transformación. ¿Acaso éste también nos es dado? ¿Qué fuerzas de la naturaleza ejercen en nosotros incluso antes de haber nacido?

Hace años escuché una cancioncita pop en el soundtrack de algún programa de TV. Me gustó, cambia de tonos en ascenso y aunque no entendía bien la letra, sonaba algo melancólica. Luego puse atención y resultó que era una canción de rechazo hacia alguien que había causado un dolor profundo, y con quien sin embargo seguía identificándose: "tú eres la parte de mí que no deseo ver". Era cualquier cosa pero me sacó de onda. Tiempo después descubrí los alcances de mi superstición -la cual nunca he negado pero de la que sí me avergüenzo- cuando advertí que casualmente escuchaba esa canción y horas o días después pasaba algo malo en mi vida o a la gente cercana a mí. Pero malo de verdad, cosas graves, muertes, problemas, sorpresas de amargo efecto. Al darme cuenta me asusté un poco, pues más de una vez la canción apareció de la nada, en la radio o en la calle, sin que yo la buscara, como ave de mal agüero. Ayer la puse a propósito, me sigue gustando. Letra, música y asociaciones mías no tienen en realidad nada qué ver, no tienen sentido en conjunto. Crearse miedos internos es una locura, ya bastante tenemos con todo lo que pasa allá afuera.

Hace tiempo que escribo para mí en libretas a las que concedo significado especial, sea porque me las regaló alguien o porque la portada me sugiere algo. También, por supuesto, porque me han acompañado en tramos importantes de la vida. Las visito de vez en cuando. Algunas prefiero no abrirlas. Ya llegará el día en que su contenido no sea más que nostalgia pura. Sí, puede que a ti te pase, yo compro cosas de papelería por puro gusto. Mi más reciente adquisición es un planisferio en colores pastel. Lo uso para mis clases de inglés, pero algún día lo pondré en la pared de la casa que sea mía, junto al collage de postales que no he hecho...

sábado, 8 de junio de 2013

Apuntes de(sde) la soledad

Hace años que leímos "De cómo filosofar es prepararse para morir". Montaigne me transmitió convicción y ganas de seguir leyéndolo. Perseguí una edición de sus Ensayos que es muy bella, de pastita dura y letras doradas, sin embargo, siempre recibía la misma respuesta: el libro estaba agotado, era inconseguible. Recuerdo que una compañera lo halló por suerte y no me lo quiso vender a pesar de que no le interesaba. Cada que iba a una librería, preguntaba por ese libro. Cuando casi me había olvidado de él, nos llevaron a un congreso de Semiótica a Puebla y una tarde nos fuimos a andar por el centro. En un lugar tenían toda la colección CONACULTA-Océano, de piso a techo, y el único ejemplar de los Ensayos estaba ahí. Lo compré y últimamente me ha dado por leerlo. Por aquí dejo una idea de hasta dónde me han llevado sus palabras un viernes por la mañana que lo abrí al azar.

Capítulo XXXIX
De la soledad

No es que el hombre sensato no pueda vivir en todas partes contento, sea solo o en la multitud palaciega, pero si puede elegir, huirá hasta de su presencia; la aguantará si es inevitable, pero si de su voluntad depende, escapará. No le basta haberse desligado de sus vicios si todavía es menester que discuta con los otros.

El fin último de la soledad es, a mi entender, vivir sin cuidados y agradablemente, pero no siempre se encuentra el verdadero camino. Créese a veces dejar las preocupaciones y sólo se las cambia.

Dijeron a Sócrates que un individuo no había modificado su condición después de un viaje. "Lo creo, respondió: sus vicios iban con él".
                     Quid terras alio calentes
                    sole mutamus?
                    Patriae quis exul
                    Se quoque fugit.
¿Por qué ir en busca de regiones bajo otro sol?  ¿Es huir de sí mismo huir de su país? Horacio

Es preciso que el alma se recoja y se aisle en sí misma, tal es la soledad verdadera, que puede gozarse en las ciudades y en la corte de los reyes, pero se goza mejor apartándose. Hagamos que nuestro contento depende únicamente de nosotros.

Ese otro, todo mocoso, legañoso y mugriento, que abandona el estudio a medianoche, ¿piensas que busca en los libos el medio de mejorarse  como hombre de bien, de estar alegre y de ser más sabio? De ningún modo. Al morir habrá enseñado a la posteridad la medida de los versos de Plauto y la recta ortografía de una palabra latina.

Reencontrémonos y arreglemos a gusto nuestro pensamiento e intenciones. No es tarea fácil la de buscar acertadamente su retiro; esto es por sí bastante ocupación sin que con él mezclemos otras empresas. Puesto que Dios nos da tiempo para disponer nuestra partida, preparémonos; hagamos nuestro equipaje, desprendámonos de esas violentas pinzas que nos arrastran a otra parte y nos alejan de nosotros mismos.

sábado, 1 de junio de 2013

Me enamoré

Ayer a la 1:40 de a tarde, entre plásticos, papeles y libros, sin esperarlo, me enamoré de la poesía de Wislawa Szymborska, plasmada en una bella edición azul, poesía incompleta.  ¿Cómo es que no la había conocido antes?

En el río de Heráclito

En el río de Heráclito
el pez pesca al pez
el pez corta al pez con el filo de un pez,
el pez construye un pez, el pez vive en el pez,
el pez escapa del sitiado pez.

En el río de Heráclito
el pez ama al pez,
tus ojos -le dice- resplandecen como peces en el cielo,
quiero nadar hacia un mar compartido,
contigo, la más bella del cardumen.

En el río de Heráclito
el pez inventa al pez de peces,
el pez se arrodilla ante el pez, el pez canta al pez,
le pide al pez un nadar más ligero.

En el río de Heráclito
yo, pez claro, pez distinto,
(aunque sea del pez árbol, del pez piedra)
escribo por momentos pececillos
sobre escamas plateadas y por tan corto tiempo
que, tal vez por eso, parpadea en su turbación la oscuridad.


Gracias al Sir por la buena recomendación y por el dato de los descuentos en el FCE. Adoro el olor a libros nuevos :)

Fortuna

Por años, disfrutar del error y de su enmienda, haber podido hablar, caminar libre, no existir mutilada, no entrar o sí en iglesias, leer...