jueves, 21 de marzo de 2013

Autodedicatoria en el Día Mundial de la Poesía

Cuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.
Quédate dos días sin comer
y verás qué hermosa es la vida:
carne, frijoles, pan.
Quédate sin mujer: verás.

Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete
y ya.

Jaime Sabines

lunes, 18 de marzo de 2013

La suma

“Uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas".

Sergio Pitol hoy cumple 80 años. Muy poco he leído de él. Tengo un audio del Nocturno de Bujara que me gusta mucho, y sobre todo, recuerdo su pasión por la literatura rusa, contenida en la voz baja y entrecortada al dar la clase. Me da una impresión de soledad e inocencia, tal vez lo conocí mejor en otra vida, pero en ésta me cayó muy bien.

Un amigo me dijo...

...que hay enfermedades que sólo se curan pasándolas, viviéndolas, sintiéndolas. Salud por nosotros, los contagiados.

martes, 12 de marzo de 2013

Una rosa es una rosa


Ayer terminé El Principito. Sí, lo leí en dos días, me atrapó, me dulcificó una tarde ligeramente amarga, me devolvió la esperanza en las estrellas. Cuando era niña recuerdo que venía un fragmento en mi libro de Lecturas de la primaria, si no me equivoco, era el inicio. Pero en el inicio es justo donde se encuentra la parte de la boa dibujada y yo me saltaba esas páginas porque tengo fobia a las serpientes, aunque en aquellos tiempos no me daba cuenta de que era una fobia. Es en serio. Pero bueno, no importa. Compré un ejemplar en una librería de viejo en Xalapa. Costó creo que 5 pesos, pero no sé a dónde fue a parar. Como sea, los lectores sabemos que los libros son tan buenos como el amor, llegan a su tiempo, corresponden si sabes buscarlos o a veces simplemente te llegan ¿no? El sábado pasé comprando una revista, volteé la mirada a la derecha sin querer y ahí estaba. Era el único, una edición de bolsillo, muy simple, con las ilustraciones originales. Lo tomé sin pensarlo y listo. Cualquiera me condenará a la hoguera por haber vivido en la tierra de Saint-Exúpery sin conocer su obra maestra, viendo al chiquillo de cabellos dorados hasta en las paredes históricas lionesas, qué les digo, hay resistencias un poco estúpidas que a uno le gusta padecer.

Por ser este el momento de mi vida que es, me llegó la parte de la rosa complicada que tiene cuatro “garras” y se pone sus moños con el galancito. Finalmente, ben dice él, era ingenua pero sabía perfumar e iluminar una vida.  El Principito se acusa de haber sido demasiado joven para saber amarla, pero al final, nos dice el narrador, lo admirable en este niño es la fidelidad de su afecto y la constancia con la que buscó entender y aceptar lo que sucedía. Luego está el viaje, la metáfora de la vida en la que nos topamos con tanta pinche gente rara, loca, buena, mala, gente que a su manera busca amor, como los personajes anhelan las estrellas sin saber que en ellas habitan.  Hace tiempo por aquí compartí mi noción del desierto a través del cual la vida se transforma porque exige el conocimiento de uno mismo. Ahora puedo agregar que esa evolución está dentro de cada uno, ese dejarse caer, como morir, aunque no sea así, dice el Principito, retornar a nuestro planeta individual y hacer de él un mejor lugar porque el amor y el aprendizaje lo traemos con nosotros.

Pues nada. Hoy está nublado, ha llovido y tengo frío. Me siento domesticada y como dicen los Caifanes, ando que quiero brincar planetas hasta ver uno vacío…

Fortuna

Por años, disfrutar del error y de su enmienda, haber podido hablar, caminar libre, no existir mutilada, no entrar o sí en iglesias, leer...