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Mostrando entradas de agosto, 2012

Otro laberinto

Para  E. G. K.
Con esa maestría fina, misteriosa y amarga que poseía su arte, refirió Jorge Luis Borges un suceso transmitido por la tradición oral, que a su vez fue consignado  probablemente por algún historiador arábigo. Hubo dos reyes que visitaron sus respectivos reinos. Primero el árabe visitó al babilonio, quien en un acto de mala voluntad hizo internar a su homólogo en un laberinto intrincado y angustiante, hasta que aquél pudo salir días después, no sin haber padecido miedo y coraje ante semejante capricho de poder. Quiso el destino -(¿o fue Alá?, ¿o la vida?, ¿o el ajedrez puesto al servicio de la oscura venganza?)- que el babilonio perdiera su reino más tarde ante las huestes árabes. El rey triunfante decidió, con toda justicia, mostrar al babilonio una obra maestra de la arquitectura laberíntica de todos los tiempos, construida, claro está, por el único arquitecto de nombre respetable hasta la fecha. Y así fue como el monarca caído en desgracia se perdió para siempre en…
Todo cambia.