jueves, 31 de mayo de 2012

viernes, 25 de mayo de 2012

Tras el aire del sur


Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
y de piedras imanes que enloquecen la brújula.
JLB

Para Sol, Sam y Esteban


Estaba nublado el día que llegué a Buenos Aires. Desde la altura todo se veía gris, y no precisamente gris plata. Días después habría de descubrir desde otra altura, que en realidad la ciudad es blanca (como aquella otra Ciudad Blanca que me seduce), pero el capricho de haber nacido tan al sur provoca que el sol de las 10 de la mañana ilumine igual que si fuesen las 6 de la tarde acá en mis rumbos. Es un sol insinuado el del otoño, y esconde la timidez tras edificios. Recuerdo la vista del mar igual de gris a lo lejos. No era tal. Era el Río de la Plata, del que me habían hablado tanto las páginas y las canciones de ayer. Me esperaba todo de él, menos su inmensidad y el color chocolate que se transforma en brillo infinito –dicen- sólo en ocasiones especiales.

Da para caminar el tiempo que uno quiera, para no cansarse de los árboles y las aceras amplias. Da para atisbar en otros tiempos también: los de la Europa que emigró, los de la zozobra en dictadura, los de la crisis y el olvido. Pero cuando parecería que con el espacio abierto basta para perderse, surgen los sabores al interior. De la suavidad de una medialuna en la mañana, los sentidos saltan a la dulzura del jardín japonés, al fernet amarguísimo pero esperanzador de la Casa de las Madres de Plaza de Mayo, al picante vértigo de la Avenida Corrientes a mediodía, al salado campo gloriosamente latinoamericano de la feria de Mataderos. Poco a poquito, probando "sí o sí" porque se antoja, una empanada de San Telmo, un pastelito de Tigre con los buenos amigos, hasta llegar a la menta nostálgica de una milonga a media noche, acaso un miércoles cualquiera, a cielo raso, en el piso anónimo de alguno de los cien barrios porteños.

Si hubiera una palabra, sería “interminable”, como las pampas, como la ruta hacia la Patagonia, como los estantes de libros del Ateneo, como los balcones de las medianeras o como el tango de verdad, sin espectáculo, porque no se terminan las ganas de seguirlo escuchando. Si hubiera un recuerdo sería alegre, como el acento de sus habitantes que alzan la voz y sheshean reafirmando su identidad, precisamente porque están en su casa y les encanta y se lo creen. Si hubiera un anhelo… sería el del retorno… aunque sospecho que después de haber estado ahí, la mente queda atrapada a voluntad en un laberinto borgeano, así de inteligente, elegante y bien construída es Buenos Aires. La salida del laberinto puede estar en cualquier parte, rumbo a Puerto Madero, o en la entrada del subte de Plaza de Mayo, o en una calle tranquila del barrio de Caballito. Qué más da. Siendo melancólicamente sinceros, ¿quién querría salir de ahí?

martes, 8 de mayo de 2012

Libertad

Hace exactamente un mes desde el último post y tengo que decirlo... jamás pensé que el momento de la libertad llegaría tan pronto.

Estoy de regreso, y en más de un sentido.
:D


Casa / Home

nadie se va de casa salvo que la casa sea la boca de un tiburón solo corres hacia la frontera cuando ves a toda la ciudad corriendo tamb...