viernes, 26 de octubre de 2012

Extrañamiento

Me acaba de suceder en este momento, pero ahora que lo pienso, me ha pasado antes en todas partes, incluso en mi propia casa. Por poco menos de un minuto, siento que no pertenezco al lugar donde me encuentro. El vacío se hace evidente y tengo ganas de irme de ahí en el instante mismo, para siempre, a cualquier otra parte. Sé que si lo hiciera estaría bien, nada cambiaría, lo curioso es que tal certeza se acentúe justo en esos momentos raros.

jueves, 30 de agosto de 2012

Otro laberinto



   Para  E. G. K.

Con esa maestría fina, misteriosa y amarga que poseía su arte, refirió Jorge Luis Borges un suceso transmitido por la tradición oral, que a su vez fue consignado  probablemente por algún historiador arábigo. Hubo dos reyes que visitaron sus respectivos reinos. Primero el árabe visitó al babilonio, quien en un acto de mala voluntad hizo internar a su homólogo en un laberinto intrincado y angustiante, hasta que aquél pudo salir días después, no sin haber padecido miedo y coraje ante semejante capricho de poder. Quiso el destino -(¿o fue Alá?, ¿o la vida?, ¿o el ajedrez puesto al servicio de la oscura venganza?)- que el babilonio perdiera su reino más tarde ante las huestes árabes. El rey triunfante decidió, con toda justicia, mostrar al babilonio una obra maestra de la arquitectura laberíntica de todos los tiempos, construida, claro está, por el único arquitecto de nombre respetable hasta la fecha. Y así fue como el monarca caído en desgracia se perdió para siempre en el desierto.

A nadie se le hubiera ocurrido pensar que el Sahara fue hace millones de años una jungla riquísima, ruidosa, húmeda, matizada por mil tonos de verde y amarillo. Pocos son capaces de describir el desconcierto de la piel que camina bajo el sol inclemente y duerme bajo la luna helada del contradictorio desierto. La vida se escatima en un oasis y la muerte se esparce por las dunas suaves e interminables. Eso es el desierto: el lugar donde conviven con envidiable armonía la desazón y la esperanza. ¿Existe acaso una metáfora geográfica más apropiada para la soledad? En el desierto la vulnerabilidad del ser cobra fuerza (y esta sensación también es contradictoria, pero cierta) hasta dejarnos al pie de la nada, débiles, sedientos, abandonados a la voluntad divina. Y ha sido en el desierto, lejos de las voces y de los abrazos, donde algunas almas confundidas han logrado comprender la gratuidad del acontecer humano bajo aquella mano invisible. Nada bueno, ni malo tiene razón de ser, nada merecemos ni perdemos, nada está escrito, todo está escrito, todo fluye tal como el agua de un río (en el desierto no hay ríos, pero los sabios los imaginan), todo termina bajo la arena ondulante, no existe el miedo, sólo la paz, tan ajena y tan dentro de uno mismo que llega a costar mucho trabajo alimentarla.

Evidentemente no todos los hombres han resistido el golpe de inmensidad y vacío que ofrece la visión del desierto. Varios se estremecen de sólo pensar en morir de hambre igual que el infortunado babilonio que pagó tan caro sus afanes de grandeza. Esa sensación de temor infundado se percibe de vez en cuando en las mañanas lluviosas y calladas, a veces también pasa como un golpe de viento cuando se anda por la calle, entre la muchedumbre que lleva y trae sus preocupaciones en silencio. Pero hay quienes en un arranque de valor, locura o desesperación, se adentran en sus desiertos personales, lejos de las caravanas, sabiendo que podrían no salir jamás, o en caso contrario, podrían aprender alguna lección de humildad, encontrar alguna piedra de conocimiento o, en el mejor de los casos, abrevar aunque sea un segundo en el oasis de la fe y la paciencia, vitales líquidos, laberínticas virtudes.

Tales desiertos particulares forman parte de un desierto universal el cual llegamos a pisar todos sin excepción. ¿Por qué? Porque el diseño original del arquitecto así lo exige, y más de un experto en estos temas se ha quitado el sombrero ante la exactitud de los cálculos. Lo que no todos saben, pero quizá, con el tiempo, lo adivinan, es que a lo largo de estas áridas travesías aparecen (disfrazados de espejismos sin serlo) algunos puentes que comunican desiertos con otros laberintos brumosos, o con realidades no menos duras pero sí más templadas. Sólo bebiendo del oasis ya mencionado o cruzando dichos puentes se puede seguir hasta el final. La clave está en saber reconocerlos, atravesarlos y disfrutarlos como ratitos de tregua, como señalizaciones para no perderse ni enloquecer. Al final de cuentas, pasar por el desierto siempre habrá valido la pena. Tal vez en un día común aparezca algún puente en una canción, en un apretón de manos, en la página de un libro que quiso acompañarnos en el viaje, o en una carta cálida que logró saltarse las fronteras, tal vez basta con ver a alguien sonreir para hallar la conexión. Ahí está el puente, uno lo cruza y está otra vez consigo mismo. El reencuentro alegre durará tanto como sea posible albergar amor en el corazón.

lunes, 23 de julio de 2012

Harder than july rain

¿Será que cuando el dolor se va, aparece la verdadera oportunidad de que el tiempo haga su trabajo?

Lluvia de julio, hagamos las paces, siempre tuviste la cualidad de arrullarme. Lo demás ya desapareció, no te me vayas entre los malos hábitos.

viernes, 13 de julio de 2012

Para Televisa, con todo mi desprecio

A través de los medios, que han pasado a competir ferozmente –y ventajosamente-con el establecimiento educativo oficial en la formación o la deformación de la gente, se nos educa en cambio, para el consumo, pero tampoco hay plata. La indicación de la sociedad a través de la televisión y la publicidad en general es que hay que conseguir dinero cueste lo que cueste, y ocupar cueste lo que cueste puestos de poder –y lo que se genera así, naturalmente, es ambición y competitividad. Hay que consumir y ostentar, lo que produce la imitación de los ricos y famosos, o bien, el robo. Resulta notable, por ejemplo, que hayamos aceptado y adoptado todos en los países democráticos de Occidente y algunos de Oriente sin problema, las siglas VIP. VIP quiere decir “very important people” lo cual significa –en inglés, lo cual ya es sintomático- que hay gente que importa y otra que no. No podría haber una infracción más directa a los principios de la democracia, que se funda en la igualdad de todos. Antes se hablaba de primera clase y de algún modo esto recordaba a la pirámide marxista: los ricos arriba, en primer lugar, los pobres abajo. Pero ahora no sólo los ricos son ricos, sino que ellos se proclaman como los únicos muy importantes. Tan importantes que consiguen arruinar, invadir y devastar países y pueblos, y salirse con la suya porque todo está en venta. Son tan ricos e importantes que también han podido comprar la justicia.

Ivonne Bordelois, La palabra amenazada.


Ahora que lo pienso, Televisa no se merece siquiera un fragmento de este libro genial.

viernes, 15 de junio de 2012

Mézclate conmigo

Benditos sean los momentos epifánicos que al oído nos cuentan una que otra verdad. Sagrado el comer, alegre el caminar, sabrosa la cadencia, nutritivo el trabajar y que no haga falta otra cosa para estar bien que seguir vivo.

Cuéntame el cuento de los que nunca se descubrieron,
del río verde y de los boleros...

viernes, 1 de junio de 2012



‎"La diferencia entre reaccionarios y revolucionarios consiste en esto: en que los primeros niegan, los segundos afirman el compacto vacío ontológico del mundo. Los primeros, pues, se consagran a la retórica, los segundos a la ontología. Los primeros se callan, los segundos sufren el vacío. Los primeros reducen la escena del mundo a un oropel estético, los segundos la aprenden prácticamente. Así, pues, sólo los revolucionarios pueden practicar la crítica del mundo, porque mantienen una relación verdadera con el ser. Porque reconocen que nosotros también hemos hecho este mundo inhumano. Que su carencia de sentido es nuestra carencia de sentido y su vacío nuestro vacío."
Toni Negri

jueves, 31 de mayo de 2012

viernes, 25 de mayo de 2012

Tras el aire del sur


Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
y de piedras imanes que enloquecen la brújula.
JLB

Para Sol, Sam y Esteban


Estaba nublado el día que llegué a Buenos Aires. Desde la altura todo se veía gris, y no precisamente gris plata. Días después habría de descubrir desde otra altura, que en realidad la ciudad es blanca (como aquella otra Ciudad Blanca que me seduce), pero el capricho de haber nacido tan al sur provoca que el sol de las 10 de la mañana ilumine igual que si fuesen las 6 de la tarde acá en mis rumbos. Es un sol insinuado el del otoño, y esconde la timidez tras edificios. Recuerdo la vista del mar igual de gris a lo lejos. No era tal. Era el Río de la Plata, del que me habían hablado tanto las páginas y las canciones de ayer. Me esperaba todo de él, menos su inmensidad y el color chocolate que se transforma en brillo infinito –dicen- sólo en ocasiones especiales.

Da para caminar el tiempo que uno quiera, para no cansarse de los árboles y las aceras amplias. Da para atisbar en otros tiempos también: los de la Europa que emigró, los de la zozobra en dictadura, los de la crisis y el olvido. Pero cuando parecería que con el espacio abierto basta para perderse, surgen los sabores al interior. De la suavidad de una medialuna en la mañana, los sentidos saltan a la dulzura del jardín japonés, al fernet amarguísimo pero esperanzador de la Casa de las Madres de Plaza de Mayo, al picante vértigo de la Avenida Corrientes a mediodía, al salado campo gloriosamente latinoamericano de la feria de Mataderos. Poco a poquito, probando "sí o sí" porque se antoja, una empanada de San Telmo, un pastelito de Tigre con los buenos amigos, hasta llegar a la menta nostálgica de una milonga a media noche, acaso un miércoles cualquiera, a cielo raso, en el piso anónimo de alguno de los cien barrios porteños.

Si hubiera una palabra, sería “interminable”, como las pampas, como la ruta hacia la Patagonia, como los estantes de libros del Ateneo, como los balcones de las medianeras o como el tango de verdad, sin espectáculo, porque no se terminan las ganas de seguirlo escuchando. Si hubiera un recuerdo sería alegre, como el acento de sus habitantes que alzan la voz y sheshean reafirmando su identidad, precisamente porque están en su casa y les encanta y se lo creen. Si hubiera un anhelo… sería el del retorno… aunque sospecho que después de haber estado ahí, la mente queda atrapada a voluntad en un laberinto borgeano, así de inteligente, elegante y bien construída es Buenos Aires. La salida del laberinto puede estar en cualquier parte, rumbo a Puerto Madero, o en la entrada del subte de Plaza de Mayo, o en una calle tranquila del barrio de Caballito. Qué más da. Siendo melancólicamente sinceros, ¿quién querría salir de ahí?

martes, 8 de mayo de 2012

Libertad

Hace exactamente un mes desde el último post y tengo que decirlo... jamás pensé que el momento de la libertad llegaría tan pronto.

Estoy de regreso, y en más de un sentido.
:D


lunes, 26 de marzo de 2012

Votad

A veces me harto de estar en mi pueblo. Sí, soy una mujer de por sí encerrada, y luego, vivo en un pequeño lugar que no se parece por lo menos a Narnia. Hace años me sentía orgullosa por su agua pura y su pan de leña; luego me dio igual: en meses recientes me daban ganas de sacarle la lengua a todo el mundo pero a veces, como hoy en la mañana, me quedó viendo el horizonte y no deseo estar en ninguna otra parte. Aquí se congela mi vida en su versión más dulce y más nostálgica, se paraliza todo lo que no soy ni seré, y veo el ritmo de la vida pasar.

Entonces, ¿cuá les gusta? Las tomé hoy, a las 7 de la mañana, cuando salí a correr. He aquí Coscomatepec y su guardián, el Pizo de Orizaba.

1. Con el maizal en primer plano.

2. El maizal y la pista.

3. Con un ligero efecto.

4. Para el recuerdo.

5. La versión real.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Hoy, Día Mundial de la Poesía

Contracanto


Te extraño a toda hora.
Cuando llegas, te extraño más aún.
Porque vienes sin ti,
... sin aquello que eras.
Lo que amo.

Abigael Bohórquez


Admito

que por ratos en las últimas semanas, me persigue...

Florecer

Con ganas de escribir pongo este título cursi, pero acorde con el día de la primavera que entró ayer. En ese estado cosas lanzo al viento una lista de deseos, conclusiones y dudas, igualita a la carta que según Arreola, una vez un hombre envió a Dios.

Él, en el silencio de las enormes bodegas del cielo se la fue a encontrar, a pesar de que ya no tenía pensado pasar por ahí, y le cayó bien el tono de apertura, seguridad y no solicitud que leía. Ya antes me habían dicho que así se pide, como platicando, con la plena certeza de que habrá respuesta. Justo ayer alguien que quería tirarse a una autopista me contó con los ojos llenos de vida qué tan rápido recibió la suya. Como el hombre de la carta, esa respuesta también implica una espera, una construcción, una lucha interior y tiempo. Si Dioa es también Cronos, hechicero cabrón que te manda a formarte igual que en el banco a la una de la tarde, si a esas vamos, estoy segura (más que por fe, porque que sí) de que pasará por este pasillo virtual.

Que me inspire Kant para decir: lo que no es, no es. Y qué bonito se oye eso (son ricas las frases claritas y breves, saben a trago de vino de 1 euro).

Si alguien no te trata con amor ni respeto, que se aleje de tu vida es un regalo. Agradécelo. (Eso sí, si ese alguien no tiene los arrestos de alejarse, que quepa en ti la cordura y pasa sin ver, que obsesivos y egocéntricos también hay en la viña del Señor).

Me gusta amanecer pensando que me quieres. (Ay, perdón, es que está sonando en el radio).

Olvidar es dejar ir. Los malos recuerdos se hacen duros en el corazón pero cuando se caen cual piedras también se llevan un pedazo de carnita. mejor que se vayan haciendo chiquitos, como gelatina que se deshace y viajar por el estómago hasta ir a dar al recto. Et voilá. Se van lugares, canciones, gente que un día te cayó bien y al otro se perdió entre la corrupción, la distancia, la felicidad o entre sus propios males. Se van conocimientos que nunca sabré cómo aplicar, se va la semiótica, la gramática generativa, el passé simple, varias fotografías de cosas que ya ni me acuerdo qué eran o dónde estaban, se va el amor que no era amor, los abuelos, se van los años.

Hágase en mí, en mi caída libre, en la paz que se me perdió hace tanto que ya ni me acuerdo, hágase en cada momento mientras me toque durar.

Y pásele, no tenga miedo, en mi cocina hay comida para todos. El arroz no es mi fuerte pero los frijoles me quedan que para qué le cuento. Estoy para servirle :)

Hay que saber florecer donde Dios nos ha plantado.

sábado, 18 de febrero de 2012

28

Desperté antes de las 7 de la mañana, lo cual en mí es impresionantemente inusual. El sol me daba de frente y el cielo se veía dorado. Ha sido una mañana como esperaría que fuesen todas: clima rico, ejercicio, abrazos continuos de mi señora madre, sábado...

Quiza por superstición nunca cuento esta superstición que flota en mi familia. El número 8 nos trae suerte, o al menos, nos persigue. Casi todos nacimos en día con 8, y la que no, nació en 1988. Nos acompaña en los números de cuenta, en boletos de rifa, en matrículas universitarias y en días amorosos. Me gusta, tiene la forma del infinito, exige en su trazo un movimiento fino, el mismo con el que llegan las bendiciones y las pruebas, me recuerda a la suave curva en la vereda donde se quedan los buenos momentos.

Le doy la bienvenida a mi edad más esperada en esta década. La invito a viajar conmigo. En mi mochila traigo las lecciones duras del 2011 y un plan de vuelo sujeto a los cambios que Dios tenga a bien. Me voy con los ojos más verdes y la piel más suave que nunca, más inteligente, menos sabia, más sonriente, menos insegura, más agradecida y más yo misma. Y sí... a vivir :)

miércoles, 15 de febrero de 2012

Tomamos un vinito por ahí

Esta canción es sencillamente maravillosa. Solía escucharla mientras viajaba en tren, de Lyon a Tarare, y si tuviera que describir el ritmo al desplazarme sería éste que suena. En aquel tiempo la letra no tenía nada que ver conmigo pero la música sí. Ahora, en total identificación, la sigo disfrutando. Cuánta libertad nostálgica, cuántas cosas por venir...


domingo, 12 de febrero de 2012

Amor

La regla es ésta:
dar lo absolutamente imprescindible,
obtener lo más,
nunca bajar la guardia,
meter el jab a tiempo,
no ceder,
y no pelear en corto,
no entregarse en ninguna circunstancia
ni cambiar golpes con la ceja herida;
jamás decir "te amo", en serio,
al contrincante.
Es el mejor camino
para ser eternamente desgraciado
y triunfador
sin riesgos aparentes.

Eduardo Lizalde

miércoles, 4 de enero de 2012

Mis ojalás

1. Vencer la "discalculia" (me mata de risa la sola palabra) y conducir. Pero ya.
2. Ir al médico, ya lo postergué demasiado.
3. Cocinar un pan con zanahoria y olor a naranja.
4. Reir.
5. El siguiente nivel,  a como dé lugar.
6. No abandonar el ejercicio.
7. Más faldas y vestidos, tan lindos que son.
8. Ser honesta conmigo misma a pesar de los pesares.
9. Leer los títulos que tengo por ahí separados ya.
10. Orar más, quejarme menos.

Casa / Home

nadie se va de casa salvo que la casa sea la boca de un tiburón solo corres hacia la frontera cuando ves a toda la ciudad corriendo tamb...