martes, 15 de junio de 2010

Desvelo

...de la memoria y la energía, del trabajo postergado y la melancolía, de tic tac altisonante, del yo pensante, de automóviles en la carretera, de rima somera, de silencio que augura lluvia, de preferible penuria, de dolor de hombros y sonrisa ligera, mañana...¿qué me espera?

lunes, 7 de junio de 2010

Puntos suspensivos

Los recuerdos me sirven hoy para ser valiente. La volubilidad en junio lluvioso no ayuda, no me gusta llevar paraguas. Mis tardes prometen diluirse, complicadas. Ya no quiero pensar, ya no quiero sentir...

sábado, 22 de mayo de 2010

Tú, mi complemento

El otro día me dieron aventón unas personas que me llevan como una década de vida. Tenían un disco con los éxitos de Jeans y les pregunté si les gustaban. Sonrieron con cara de “y ahí viene el comentario de la letrada” y me dijeron que eran canciones que les hacían recordar buenos tiempos, entonces les dije que efectivamente, a mí me pasaba lo mismo.

Mi cultura musical comenzó desde antes de nacer, supongo. Dice mi mamá que cuando era yo bebé, solía cantarme “Si no estuvieras tú” de José Luis Perales, y que me hacía llorar la música de entrada de un noticiero de la tele. Tengo recuerdos claros de mi abuelo cantándome “La Adelita”; mi abuelita también cantaba precioso, canciones de tríos que no sé distinguir ahora, y por supuesto, crecí con Cri-crí, Topo Gigio, los Pitufos, el disco de El chavo del 8 y todavía me tocaron canciones de El club de Gaby (con la memorable maestra Jimena) y algunas rolitas que ponían en Caritele. Me sé de memoria la entrada de Los caballeros del Zodiaco, Candy Candy y Sailor Moon. Iba en la primaria cuando salió “Rayando el sol” de Maná, las canciones de la trilogía de Thalía y otras más populacheras que emanaban de las casas cuando iba de regreso de la escuela. Ahh claro, los sábados en casa mi abue, veía la correspondiente película de Pedro Infante; gracias a esa sana costumbre me sé muchas rancheras y memoricé el enfrentamiento huapanguesco de Dos tipos de cuidado.

Durante la secundaria y la prepa consumí música light (lo único light que habré consumido por los siglos de los siglos). Y sí, en la secundaria técnica agropecuaria sembrábamos cilantro o limpiábamos frijol mientras cantábamos “Tú mi complemento, mi media naranja…”, “Estaré” de Kabah, “El chico del apartamento 512” de Selena, “El amor coloca” de Mónica Naranjo y “Enferma de amor” precisamente de las Jeans. Me acuerdo que en las tardeadas tocaban reggae o algo que se suponía lo era, y que todo el mundo se movía como chango con los ritmos de El general, Los ilegales, Proyecto Uno, Control machete y claro, claaaro, el himno de los de tercero: “Mis ojos lloran por ti” de… ¿quién? Un compañero la escribió toda en su libreta y regaló fotocopias a quienes quisieran. Yo todavía me la sé completita.

Durante la prepa tenía tiempo de sobra y una melomanía mal encaminada. Como además cocinaba yo el sueño de estudiar Ciencias de la comunicación para ser locutora de radio (de las buenas, como los Aristegui-Solórzano que escuchaba en las mañanas, háganme el favor) pues me pasaba el día frente al estéreo, grabando en mis cassettes las canciones del radio que más me gustaban. Varias veces se me olvidó que estaba en Play y así mis obras editadas tienen spots de las radiodifusoras de aquellos tiempos (¡a cada rato se cambian el nombre!). Pronto nos invadieron los CD`s y el primero que me compré fue uno de éxitos de Shakira (de quien yo era fan hasta que destruyó su originalidad con el peróxido, el inglés y poca ropa. Aun con esto, reconozco que entretiene, me cae medio bien, baila envidiablemente la desgraciada y produce, pero cada vez con menos calidad). Teníamos pocos discos en la casa, así que además del mío escuchábamos el de éxitos de José José, Raphael, The Beatles, los Bee Gees, Mecano, Eros Ramazzotti y Miguel Bosé. Actualmente ya no calculo cuánta música tenemos en compactos, pero si a mi mamá le ponen su disco de Alberto Cortés (bella voz de mis ensoñaciones adolescentes) ella lo escucha feliz y las dos cantamos. Uno de los discos familiares favoritos llegó igual en aquellos tiempos: se trata de una selección de rock en tu idioma que trae desde “Guitarras blancas” y “Viviendo de noche” hasta “No huyas de mí” (ahí descubrí quiénes eran Kenny y los eléctricos), todas las de los Hombres G y, oh sí, la mejor canción de rock en español que conozca: “De música ligera” (CeratinotevayasCeratinotevayaaaas).

Y claro que se me pasan muchas otras, demasiadas voces. Mi hermanita tenía dos años y bailaba con “La negra Tomasa” de Caifanes, y yo confieso que es de las pocas que les conozco. De Café Tacuba en la secun me aprendí “Las batallas” porque mi mamá la trabajaba en la clase de español para recrear a José Emilio Pacheco, pero no fui fan de ellos sino hasta que entré a la Facultad.

Sucede que en Letras, dijeran por ahí, me volví exquisita. Con el perdón, mis lectores, pocos se atrevían a admitir en aquel pasillo que habían escuchado a OV7, o que se sabían “No puedo estar sin ti” de Moenia. Mucho menos que les gustaba Luis Miguel (que qué bonito canta, caramba aunque sea tan nefasto, y cuando era chiquito ni hablar, un encanto) y apenas algunos nos atrevíamos a cantar las de Fernando Delgadillo, Milanés, Aute y Silvio (ésa es mi herencia de Humanidades-Xalapa ¿pueden creerlo? Yo sé que sí).

Prácticamente escuché todo tipo de rarezas en aquel tiempo, hasta decidir qué me gustaba, y confieso que conservo mucho de mis orígenes. Me gusta de todo, excepto las bachatas (las de Juan Luis Guerra sí, pero bueno, es Juan Luis Guerra, por mí pueden desaparecer de la tierra al Grupo Aventura) y tampoco soporto los covers en duranguense y la canción ésa del Mundo de Caramelo. Me declaro hasta cierto punto tolerante a la generalidad musical, gracias a la cultura de camión que adquirí cuando iba a la prepa (a las 6:30 am iba yo, que nunca tuve discman, en el Terranova escuchando a los Ángeles Azules, así que pocos fenómenos me sorprenden) y también gracias a los gustos clásicos de mi madre (fan forever de los Churumbeles de España, las Hermanitas Núñez y los grupos setenteros) y a las tendencias hippies de mi padre. De un par de años para acá me ha dado por escuchar todo el rock en inglés posible, y de preferencia inglés, que no gringo, y es curioso cómo ahora puedo valorar melodías que en otro tiempo tachaba de estridentes. Para viajar me gusta Drexler, para evadirme el pop y para bailar, casi toda la salsa o cumbia del pasado. Me ponen de buenas los Aterciopelados y Tiersen, lloro un poquito con Madredeus y me dan ganas de trabajar con Zucchero, Muse, The Strokes y Panteón Rococó. Lo que me pasa es que en cuanto a música no tengo remedio, porque me queda menos tiempo de vida para escuchar toda la que quisiera.

miércoles, 19 de mayo de 2010

¡ASH!

El problema de los trabajos es que hay muy poca gente y demasiado qué hacer. Quizá podría haber más gente dispuesta a hacerlo, y a formar con los demás un buen gran equipo, pero no hay con qué pagarles. Entonces, todo depende del dinero en primer plano. Pero también de la disposición que uno tenga para aguantar las cargas de trabajo. Digo aguantar porque cumplirlas ya es otra cosa. En este país, las instituciones tienen visión pero no método. Puede que las acciones que emprendan estén bien planeadas, justificadas y encaminadas, pero pareciera que nadie entiende que no se puede todo al mismo tiempo. Ya no discuto el mínimo tiempo libre al que se tiene derecho para bien dormir o bien comer, sino esa tozudez manifiesta por querer hacer todo rápido y completo. ¿Bien? Nah, que salga y ya. Al final (y todo el mundo se hace como que no lo sabe o no lo admite o no quiere ser pesimista pero ahí está) todos acaban reventando como globos y haciendo lo que quieren y pueden como quieren y pueden. Y nadie puede decirles nada porque “fue un trabajo difícil, con mucha presión” y no hubo quien lo supervisara. Y tan sencilla que era la cosa.

Así veo yo la manera en como hemos llegado a tanto resultado mediocre. Y las cosas se hacen ¿no? Entonces no importa, hay que sonreir, seguir adelante y pensar que otro día saldrán mejor. Total, algo teníamos que hacer, intentarlo. Por favor, por sentido común, por piedad, si se va a invertir recursos, fuerzas y cerebro en algo, hay que hacerlo bien, darle su propio tiempo y no querer abarcar metas impensables “a ver qué sale”. Es detestable eso, porque sucede en escuelas y trabajos y todos agotan la paciencia y el buen humos de los demás, las ganas de hacer lo que sea por avanzar, porque esas ganas se convierten en un pastelito del que todo mundo quiere parte y así no se puede. “Y al que no le guste que presente su renuncia”. Es ahí cuando a uno lo ponen deveras a considerar la posibilidad de mandar todo al carajo por falta de visión, de ellos o de uno.

Así que ahora tengo una revelación: “No pasa nada”. Si no muevo un dedo o hago las cosas como se me dé la gana todo seguirá igual y no necesito renunciar. Tengo claro que así le han hecho muchos y siguen ahí, tan campantes. En el fondo el “hubiera sido mejor así” se queda para la próxima. Así se ha de sentir al asumir un divorcio, cuando dicen “amor, no sé cómo hemos llegado a esto…”

Deje que la emoción de la música penetre, lo disonante, que le resbale.
http://www.youtube.com/watch?v=_gr0T2Hhano

lunes, 3 de mayo de 2010

¿Ah sí? No me digas...

A -------- ----------- y ------ ---------- -------- les gusta tele♥ msn♥ cama♥ celular♥ face♥ amigos♥ internet♥ = VIDA PERFECTA ! ♥ .

ESPERO que no lo digan en serio, ¿o sí, chamacos?

¿Soy o me parezco?

a) Sí
b) No
c) Ya ponte a trabajar
d) Ninguna de las anteriores
e) Todas las anteriores

¿Por qué? Recuerda, lector, que estamos en tiempos constructivistas ;)

Foto: Exposición de René Magritte en Bellas Artes, 25 de abril de 2010.

...

Días de suerte, si la suerte existe. Perdí un par de engargolados valiosos en el autobús hace dos semanas, por zonza distraída, y tuve que disimular mi preocupación al saber que entre ellos había dejado las calificaciones completas del grupo de alumnos más numeroso. Semana y media de tortura, en la que pasé de la desesperación a la resignación después de varias llamadas infructíferas (“nooo señorita, pos el operador no reportó nada, semehace que un pasajero fueee”) y tres preguntas ansiosas en ventanilla. Entonces un martes cualquiera muy temprano, cuando andaba con pila recargada después de un buen paseo, y ya expectante por el fin del cuatrimestre, me subo al camión en el momento justo en que el chofer le estaba preguntando a un muchacho si “los libros” eran suyos. Por la cara de los pasajeros que me miraban juzgo la cara que habré puesto yo. Sin duda se trata de un episodio memorablemente absurdo de mi vida.

De ahí se desató una de esas semanas en que uno come cosas ricas, escucha buena música, recibe buenas noticias. De esos días que se le desean a los que te caen bien (los que te caen gordos también los tienen). La única vez que extravié mi cartera también la encontré: un estudiante de Idiomas la llevó a la dirección de Letras esa mañana y por la tarde pude recuperarla, con dinero intacto y todo. A mi hermana le devolvieron la suya un mes después, cuando sin haber reportado el extravío, en un municipio cercano agarraron a la banda de carteristas y la poli se dedicó a regresar lo que llevaban. Lulú me dijo que, según su abuelita, cuando esas cosas ocurren significa que uno “está en ley con el universo”. Sin embargo, el señor universo sabe que le debo varios desdenes, apatías, negligencias, altanerías y quejas inútiles, tantos arranques que me irá cobrando poquito a poquito. Mientras por un lado unos dicen que la vida no es justa, otros aseveran que en ella todo se paga. Yo me inclino por la segunda premisa, y no por eso intentaré ser buena y pura ciudadana, pues la gente es como es y yo pertenezco al bando de los que cometen una y otra vez las mismas tonterías. Sencillamente me deja boquiabierta el hecho de que el momento preciso llegue cuando uno ya lo ha dejado ir entre los bocetos de lo imposible.

Y ahora me pregunto… ¿cuántas cosas que deseo (no precisamente materiales) vendrán a mí si dejo de pensarlas? ¿Y si las olvido a propósito, el juego del universo surte efecto?

jueves, 22 de abril de 2010

Sol, solecito

Por andarme peleando con el mundo se me había olvidado registrar esto. Hace tres semanas tuve que ir más temprano a la universidad. La ruta Cosco-Huatusco es bellísima, con lluvia, neblina o sol, y a las 8:15 de la mañana de ese jueves hacía un sol dispuesto, de esos que te aseguran vida, no incendio. Si bien el servicio regional de autobuses suele dar sorpresas desagradables, ese día el autobús estaba muy limpio, casi vacío, e iba a velocidad moderada. Yo iba sentada del lado derecho, pero en un tope, poco antes de llegar a mi destino, volteé a la izquierda, y los rayos del sol caían sobre los asientos azul rey, vivificaban el pasillo, el techo, los cerros tan verdes, los árboles y unas casitas cercanas. Mi mente quiso jugar de inmediato, sin opciones, y al instante me sentí trasladada a la realidad de hace un año, cuando el mismo sol me saludaba igual, a través del azul casi idéntico de un tren como otros tantos. Y se me vinieron tonadas encima, y una sonrisa extrañamente tranquila.

martes, 13 de abril de 2010

Pedacitos

El bloqueo de mi voluntad para escribir en días recientes va directaente relacionado con cierta frustración y desesperanza. No son iguales, porque la frustración significa haber intentado algo sin éxito, mientras que la desesperanza, me parece, es la pérdida de fe, es ni siquiera considerar si algo es posible. Más que como principio y fin de un proceso anímico, viví estas dos sensaciones de manera alternada, como en un circulo vicioso del que sólo la música y una que otra palabra me han ido sacando. Dicen que es normal ponerse así, que los noticiarios y la crisis no ayudan mucho, que la falta de objetivos definidos, planes o compañía se suman como alcohol al fuego. Vaya usted a saber.
Hace años leí la anécdota de un hombre que fue a un sepelio. El encargado de dar las palabras de despedida fue el nieto del fallecido, se trataba de un muchacho de 13 años que intentó balbucear algo cariñoso para su abuelo más que para la gente.que lo aocmpañaba. Pero sólo atinó a decir: "Todos lo queríamos mucho. Lo voy a extrañar". El autor concluía que a partir del primer abandono, de la primera muerte que nos ataca desprevenidos, se nos empiezan a morir pedacitos de corazón. Y añade que en la adolescencia, los colores del mundo comienzan a darnos una segunda impresión, como el siguiente paso de muchos que habrán de venir y a los que sin duda tenemos que acostumbrarnos. Cuando se fracasa, cuando pierdes la fe en la gente (porque eres pesimista o porque esa misma gente te orilla a perderla), los pedacitos de corazón se marchitan, pero como todavía hay un bombeo, pues ahí sigues. Hay cosas que no van a cambiar nunca, queda desear con los ojos fuertemente cerrados que las buenas permanezcan.

n__n

Me gusta verlos pensando. Borran, vuelven a escribir, ven al infinito. No tienen el alma en vilo, sólo el aliento. Con salir de ésas, los universitarios se vuelven talentos creativos en crecimiento. Amo aplicar examen.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Kerouac dice

- Procura estar poseído por una ingenua santidad de espíritu.
- Eres un genio, siempre.
- Autor-realizados del cine terrestre financiado por los ángeles del paraíso.
- Describe las indecibles visiones del ser.
- No te emborraches fuera de casa.
- Lo que sientas encontrará por sí solo un estilo.
- Dedica más tiempo a la poesía, pero sólo a lo que es en esencia.
- Cree en las santas apariencias de la vida.
- Traduce constantemente la historia real del mundo a monólogo interior.
- Sé como Proust, un fanático del tiempo.
- Escribe para que todo el mundo sepa cómo piensas.
- No pienses con palabras, es mejor que procures ver la imagen.
- Escribe para ti mismo, recogido, asombrado.
- Dirígete desde el centro a la orilla, nada en el mar del lenguaje.
- Esfuérzate en determinar el caudal, todavía inédito, que hay en tu espíritu.
- Enamórate de tu existencia.
- Libretas secretas garabateadas y páginas frenéticas mecanografiadas para tu exclusivo placer.
- Acoge todo signo, ábrete, escucha.
- Respira, respira tan fuerte como puedas.
- Equilibra tus complejos literarios, gramaticales y sintácticos.
- Vive tu memoria y asómbrate.
- Acepta perderlo todo.

Jack Kerouac, Credo y técnica de la prosa moderna, 1959.

Cosas que me encontré por ahí apuntadas

Algunas las rescaté, otras tantas las mandé a la hoguera.


Lo que pasa es que la normalidad se mide por la conducta, por la vida visible y social de un individuo. Por dentro, es decir, fuera de la cadena de causas y efectos, en el reino de la libertad, es inevitable que todos terminemos pareciendo un poco estúpidos (pero nadie se entera).

César Ara, La pastilla de la hormona

Me extraña que no sintamos envidia de quienes tienen la facultad de rezar, mientras que sentimos la mayor envidia de las riquezas y los éxitos exteriores de los demás. Nos resignamos a la salvación de otros, no a sus prosperidades.

E.M. Cioran

domingo, 21 de marzo de 2010

Subjuntivo, indicativo

Que el hoy sea exactamente lo que tú necesitas que sea. Que la paz del Señor y la frescura del Espíritu Santo descanse en tus pensamientos, permanezca en tus sueños esta noche y derrote todos tus miedos. Que Dios se manifieste ante ti este día, en formas que nunca has experimentado. Que tu felicidad sea plena, que tus sueños estén cercanos y tus plegarias sean respondidas. Oro para que la fe alcance nuevas alturas en ti. Oro para que tu espacio se agrande. Oro por la paz, por tu conversión, por la sanación, por la salud, por la felicidad, por la prosperidad, por la alegría, y por el verdadero e inagotable amor por Dios.
Dios nos promete un seguro aterrizaje, no un viaje tranquilo.

jueves, 11 de marzo de 2010

El silencio de Dios

Juan José Arreola

Creo que esto no se acostumbra: dejar cartas abiertas sobre la mesa para que Dios las lea.

Perseguido por días veloces, acosado por ideas tenaces, he venido a parar en esta noche como a una punta de callejón sombrío. Noche puesta a mis espaldas como un muro y abierta frente a mí como una pregunta inagotable.

Las circunstancias me piden un acto desesperado y pongo esta carta delante de los ojos que lo ven todo. He retrocedido desde la infancia, aplazando siempre esta hora en que caigo por fin. No trato de aparecer ante nadie como el más atribulado de los hombres. Nada de eso. Cerca o lejos debe haber otros que también han sido acorralados en noches como ésta. Pero yo pregunto: ¿cómo han hecho para seguir viviendo? ¿Han salido siquiera con vida de la travesía?

Necesito hablar y confiarme; no tengo destinatario para mi mensaje de náufrago. Quiero creer que alguien va a recogerlo, que mi carta no flotará en el vacío, abierta y sola, como sobre un mar inexorable.

¿Es poco un alma que se pierde? Millares caen sin cesar, faltas de apoyo, desde el día en que se alzan para pedir las claves de la vida. Pero yo no quiero saberlas, no pretendo que caigan en mis manos las razones del universo. No voy a buscar en esta hora de sombra lo que no hallaron en espacios de luz los sabios y los santos. Mi necesidad es breve y personal.

Quiero ser bueno y solicito unos informes. Eso es todo. Estoy balanceado en un vértigo de incertidumbre, y mi mano, que sale por último a la superficie, no encuentra una brizna para detenerse. Y es poco lo que me falta, sencillo el dato que necesito.

Desde hace algún tiempo he venido dando un cierto rumbo a mis acciones, una orientación que me ha parecido razonable, y estoy alarmado. Temo ser víctima de una equivocación, porque todo, hasta la fecha, me ha salido muy mal.

Me siento sumamente defraudado al comprobar que mis fórmulas de bondad producen siempre un resultado explosivo. Mis balanzas funcionan mal. Hay algo que me impide elegir con claridad los ingredientes del bien. Siempre se adhiere una partícula maligna y el producto estalla en mis manos.

¿Es que estoy incapacitado para la elaboración del bien? Me dolería reconocerlo, pero soy capaz de aprendizaje.

No sé si a todos les sucede lo mismo. Yo paso la vida cortejado por un afable demonio que delicadamente me sugiere maldades. No sé si tiene una autorización divina: lo cierto es que no me deja en paz ni un momento. Sabe dar a la tentación atractivos insuperables. Es agudo y oportuno. Como un prestidigitador, saca cosas horribles de los objetos más inocentes y está siempre provisto de extensas series de malos pensamientos que proyecta en la imaginación como rollos de película. Lo digo con toda sinceridad: nunca voy al mal con pasos deliberados; él facilita los trayectos, pone todos los caminos en declive. Es el saboteador de mi vida.

Por si a alguien le interesa, consigno aquí el primer dato de mi biografía moral: un día en la escuela, en los primeros años, la vida me puso en contacto con unos niños que sabían cosas secretas, atrayentes, que participaban con misterio.

Naturalmente, no me cuento entre los niños felices. Un alma infantil que guarda pesados secretos es algo que vuela mal, es un ángel lastrado que no puede tomar altura. Mis días de niño, que decoraron suaves paisajes, ostentan a menudo manchas deplorables. El maligno, con apariciones puntuales de fantasma, daba a mis sueños un giro de pesadilla y puso en los recuerdos pueriles un sabor punzante y criminoso.

Cuando supe que Dios miraba todos mis actos traté de esconderle los malos por oscuros rincones. Pero al fin, siguiendo la indicación de personas mayores, mostré abiertos mis secretos para que fueran examinados en tribunal. Supe que entre Dios y yo había intermediarios, y durante mucho tiempo tramité por su conducto mis asuntos, hasta que un mal día, pasada la niñez, pretendí atenderlos personalmente.

Entonces se suscitaron problemas cuyo examen fue siempre aplazado. Empecé a retroceder ante ellos, a huir de su amenaza, a vivir días y días cerrando los ojos, dejando al bien y al mal que hicieran conjuntamente su trabajo. Hasta que una vez, volviendo a mirar, tomé el partido de uno de los dos trabados contendientes.

Con ánimo caballeresco, me puse al lado del más débil. Aquí está el resultado de nuestra alianza:

Hemos perdido todas las batallas. De todos los encuentros con el enemigo salimos invariablemente apaleados y aquí estamos, batiéndonos otra vez en retirada durante esta noche memorable.

¿Por qué es el bien tan indefenso? ¿Por qué tan pronto se derrumba? Apenas se elaboran cuidadosamente unas horas de fortaleza, cuando el golpe de un minuto viene a echar abajo toda la estructura. Cada noche me encuentro aplastado por los escombros de un día destruido, de un día que fue bello y amorosamente edificado.

Siento que una vez no me levantaré más, que decidiré vivir entre ruinas, como una lagartija. Ahora, por ejemplo, mis manos están cansadas para el trabajo de mañana. Y si no viene el sueño, siquiera el sueño como una pequeña muerte para saldar la cuenta pesarosa de este día, en vano esperaré mi resurrección. Dejaré que fuerzas oscuras vivan en mi alma y la empujen, en barrena, hacia una caída acelerada.

Pero también pregunto: ¿se puede vivir para el mal? ¿Cómo se consuelan los malos de no sentir en su corazón el ansia tumultuosa del bien? Y si detrás de cada acto malévolo se esconde un ejército de castigo, ¿cómo hacen para defenderse? Por mi parte, he perdido siempre esa lucha, y bandas de remordimiento me persiguen como espadachines hasta el callejón de esta noche.

Muchas veces he revistado con satisfacción un cierto grupo de actos bien disciplinados y casi victoriosos, y ha bastado el menor recuerdo enemigo para ponerlos en fuga. Me veo precisado a reconocer que muchas veces soy bueno sólo porque me faltan oportunidades aceptables de ser malo, y recuerdo con amargura hasta dónde pude llegar en las ocasiones en que el mal puso todos sus atractivos a mi alcance.

Entonces, para conducir el alma que me ha sido otorgada, pido, con la voz más urgente, un dato, un signo, una brújula.

El espectáculo del mundo me ha desorientado. Sobre él desemboca el azar y lo confunde todo. No hay lugar para recoger una serie de hechos y confrontarlos. La experiencia va brotando siempre detrás de nuestros actos, inútil como una moraleja.

Veo a los hombres en torno de mí, llevando vidas ocultas, inexplicables. Veo a los niños que beben voces contaminadas, y a la vida como nodriza criminal que los alimenta de venenos. Veo pueblos que disputan las palabras eternas, que se dicen predilectos y elegidos. A través de los siglos, se ven hordas de sanguinarios y de imbéciles; y de pronto, aquí y allá, un alma que parece señalada con un sello divino.

Miro a los animales que soportan dulcemente su destino y que viven bajo normas distintas; a los vegetales que se consumen después de una vida misteriosa y pujante, y a los minerales duros y silenciosos.

Enigmas sin cesar caen en mi corazón, cerrados como semillas que una savia interior hace crecer.

De cada una de las huellas que la mano de Dios ha dejado sobre la tierra, distingo y sigo el rastro. Pongo agudamente el oído en el rumor informe de la noche, me inclino al silencio que se abre de pronto y que un sonido interrumpe. Espío y trato de ir hasta el fondo, de embarcarme al conjunto, de sumarme al todo. Pero quedo siempre aislado; ignorante, individual, siempre a la orilla.

Desde la orilla entonces, desde el embarcadero, dirijo esta carta que va a perderse en el silencio.

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Efectivamente, tu carta ha ido a dar al silencio. Pero sucede que yo me encontraba allí en tales momentos. Las galerías del silencio son muy extensas y hacía mucho que no las visitaba.

Desde el principio del mundo vienen a parar aquí todas esas cosas. Hay una legión de ángeles especializados que se ocupan en transmitir los mensajes de la tierra. Después de que son cuidadosamente clasificados, se guardan en unos ficheros dispuestos a lo largo del silencio.

No te sorprendas porque contesto una carta que según la costumbre debería quedar archivada para siempre. Como tú mismo has pedido, no voy a poner en tus manos los secretos del universo, sino a darte unas cuantas indicaciones de provecho. Creo que serás lo suficientemente sensato para no juzgar que me tienes de tu parte, ni hay razón alguna para que vayas a conducirte desde mañana como un iluminado.

Por lo demás, mi carta va escrita con palabras. Material evidentemente humano, mi intervención no deja en ellas rastro; acostumbrado al manejo de cosas más espaciosas, estos pequeños signos, resbaladizos como guijarros, resultan poco adecuados para mí. Para expresarme adecuadamente, debería emplear un lenguaje condicionado a mi sustancia. Pero volveríamos a nuestras eternas posiciones y tú quedarías sin entenderme. Así pues, no busques en mis frases atributos excelsos: son tus propias palabras, incoloras y naturalmente humildes que yo ejercito sin experiencia.

Hay en tu carta un acento que me gusta. Acostumbrado a oír solamente recriminaciones o plegarias, tu voz tiene un timbre de novedad. El contenido es viejo, pero hay en ella sinceridad, una lamentación de hijo doliente y una falta de altanería.

Comprende que los hombres se dirigen a mí de dos modos: bien el éxtasis del santo, bien las blasfemias del ateo. La mayoría utiliza también para llegar hasta aquí un lenguaje sistematizado en oraciones mecánicas que generalmente dan en el vacío, excepto cuando el alma conmovida las reviste de nueva emoción.

Tú hablas tranquilamente y sólo te podría reprochar el que hayas dicho con tanta formalidad que tu carta iba a dar al silencio, como si lo supieras de antemano. Fue una casualidad que yo me encontrara allí cuando acababas de escribir. Si retardo un poco mi visita, cuando leyera tus apasionadas palabras tal vez ya no existiría sobre la tierra ni el polvo de tus huesos.

Quiero que veas al mundo tal cual yo lo contemplo: como un grandioso experimento. Hasta ahora los resultados no son muy claros, y confieso que los hombres han destruido mucho más de lo que yo había presupuesto. Pienso que no sería difícil que acabaran con todo. Y esto, gracias a un poco de libertad mal empleada.

Tú apenas rozas problemas que yo examino a fondo con amargura. Hay el dolor de todos los hombres, el de los niños, el de los animales, que se les parecen tanto en pureza. Veo sufrir a los niños y me gustaría salvarlos para siempre: evitar que lleguen a ser hombres. Pero debo esperar todavía un poco más, y espero confiadamente.

Si tú tampoco puedes soportar la brizna de libertad que llevas contigo, cambia la posición de tu alma y sé solamente pasivo, humilde. Acepta con emoción lo que la vida ponga en tus manos y no intentes los frutos celestes; no vengas tan lejos.

Respecto a la brújula que pides, debo aclararte que te he puesto una quién sabe dónde, y que no puedo darte otra. Recuerda que lo que yo podía darte ya te lo he concedido.

Quizás te convendría reposar en alguna religión. Esto también lo dejo a tu criterio. Yo no puedo recomendarte alguna de ellas porque soy el menos indicado para hacerlo. De todos modos, piénsalo y decídete si hay dentro de ti una voz profunda que lo solicita.

Lo que sí te recomiendo, y lo hago muy ampliamente, es que en lugar de ocuparte en investigaciones amargas, te dediques a observar más bien el pequeño cosmos que te rodea. Registra con cuidado los milagros cotidianos y acoge en tu corazón a la belleza. Recibe sus mensajes inefables y tradúcelos en tu lengua.

Creo que te falta actividad y que todavía no has penetrado en el profundo sentido del trabajo. Deberías buscar alguna ocupación que satisfaga a tus necesidades y que te deje solamente algunas horas libres. Toma esto con la mayor atención, es un consejo que te conviene mucho. Al final de un día laborioso no suele encontrarse uno con noches como ésta, que por fortuna estás acabando de pasar profundamente dormido.

En tu lugar, yo me buscaría una colocación de jardinero o cultivaría por mi cuenta un prado de hortalizas. Con las flores que habría en él, y con las mariposas que irán a visitarlas, tendría suficiente para alegrar mi vida.

Si te sientes muy solo, busca la compañía de otras almas, y frecuéntalas, pero no olvides que cada alma está especialmente construida para la soledad.

Me gustaría ver otras cartas sobre tu mesa. Escríbeme, si es que renuncias a tratar cosas desagradables. Hay tantos temas de qué hablar, que seguramente tu vida alcanzará para muy pocos. Escojamos los más hermosos.

En vez de firma, y para acreditar esta carta (no pienses que la estás soñando), te voy a ofrecer una cosa: me manifestaré a ti durante el día, de un modo en que puedas fácilmente reconocerme, por ejemplo… Pero no, tú solo, sólo tú habrás de descubrirlo.

domingo, 21 de febrero de 2010

jueves, 18 de febrero de 2010

Otro día

Quizá despierte tarde. Huiré de la llovizna, usaré bufanda. Saludaré a mis alumnos sabiendo que hace frío, y ellos tienen sueño, hambre y están enamorados, pondré mi firma en el control de asistencias. Beberé algo tibio y bueno en nombre de mis amigos, pues todos están lejos desde hace tiempo. Seré abrazada por los míos. Hace unos minutos, ayer, recordé que en polvo habré de convertirme. Veintiséis años, poco tiempo, otro día, soy un poco más vieja y menos sabia. Sonrío.

Sí sólo soy parte de mil ruedas...

martes, 16 de febrero de 2010

Un día cualquiera



El invierno muere en negación, cómo llueve afuera, como si no quisiera llover. La gente sale a trabajar como si lo deseara, las oficinas plenas de sueños obligados, la inercia. Nada se detiene. Un día cualquiera todo será por querer, sólo por eso, y no por la aridez del deber ser.

sábado, 30 de enero de 2010

Encuadre: lluvia de ideas

El 80% de los blogs que visito utilizan la ironía como recurso retórico en todos los posts. El otro 20% está vinculado aquí a la derecha.

El mar de Campeche desde un auto en movimiento, con rocas, sin playa, bajo un cielo nublado en las primeras horas de la mañana, es el paisaje más hermoso que haya visto.

Reconozco la utilidad de Excel pero aún lo detesto con todas las fuerzas del mundo mundial.

Poco es tanto cuando poco necesitas.

All my friends say that of course it´s gonna be better, gonna be better, better, better, better, better… :(

Quiero conocer un profesor que no se encariñe con sus alumnos y sea capaz de exprimirlos e inspirarlos hasta que lo maldigan y agradezcan; al profesor que no los extrañe ni un poco y sea capaz de mirar a otros alumnos y repetir la pauta. Al guía que no instruye. Porque yo no puedo.

¡Los viajes en tren son tan, tan entrañables!

El piano suena a gota de agua en vidrio, a llamada incesante, a tornasol, a darse cuenta.

Todos mis amigos están lejos y ahora más que antes la circunstancia duele un poco.

Primero la voz, luego el perfil, luego la estatura, luego la disponibilidad, luego la edad, luego la profesión, luego el ánimo… si no se parece a Johnny Depp o a Joaquin Phoenix pues ya ni modo.

Es difícil elegir entre las bellezas de pasta dura y las de bolsillo.

Helado de chocolate amargo con menta.

Cerrar Facebook me impediría leer artículos interesantes, ver videos que jamás se me habría ocurrido buscar y tener la certeza de que siguen vivas las personas que no me hablan por Messenger. Pero un día de éstos, lo prometo…

No conozco alguien que no coma de buena gana un plato de espagueti.

Si el dinero es el problema, no hay dinero, no hay problema.

Empiezo a creer que la preocupación es (cacofónicamente) una cuestión de elección. Aún no estoy segura.

Me avergüenzo de haber aprendido tantas cosas a medias.

Hoy me gusta Nouvelle Vague, mucho mucho.

Foto: En la Fiesta de las Luces.

lunes, 11 de enero de 2010

viernes, 8 de enero de 2010

Pues...

... me lo han confirmado: seré english teacher este cuatrimestre. Ya me lo esperaba y siento una rara cosquilla, me da gusto, me da nervios. No sé para qué podría servirme en mi curriculum y dudo que sea más fácil que impartir Comunicación, pero lo cierto es que me gustan los idiomas, aún cuando soy poco perseverante en su estudio (y en muchísimas otras cosas). Mi reto de principio de año me sonríe, y yo le devuelvo el buen humor con un videito que nos pone de buenas, y que no descarto como material didáctico ;)

miércoles, 6 de enero de 2010

Fuerza de voluntad


Primeros días.
Dejar ir dejar ir dejar ir dejar ir dejar ir
dejar ir dejar ir dejar ir.
Què bueno es respirar profundo y escuchar las mismas voces, pero nítidas.