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Mostrando entradas de noviembre, 2009

Sacar belleza de este caos es virtuuud, ooh nooo...

Creo que en estos últimos meses me he encargado de dejar claro que no sé por qué escribo ni por qué sigo aquí. Este mes fue confuso, más malo que bueno. Apenas me estaba acordando de que en una racha medio gacha de vida (por ahí de mediados de 2007) hice una manda: prometí no volver a quejarme. Supongo que necesitaba una regla qué romper porque acababa de destruir mi entorno y se me estaba haciendo costumbre. Finalmente, la destrucción resultó muy efectiva, incierto pero gran comienzo; mi manda, pues no la cumplo siempre. Y es que a veces, cuando las verdades pasan como cometas (brillantes, durante largo tiempo esperadas y de mal agüero) hay que decirlo: pasumecha con la vida y conmigo, que hoy estoy cierta, mas no he aprendido a luchar.

Estoy bajo tu influjo*

Imagen
Ejercicio

Lo que me pasa es que en este momento en que la comunicación organizacional no se me da ni tengo voluntad para revisar pendientes, vuelvo a descubrir que te imagino. Es cosa de cada rato, te me confundes con la voz que aquel y las conversaciones de éste, pero empiezas a rondar mi cabeza como tiburón puntual de las cinco de la tarde, mejor dicho, de las ocho de la noche. (Pasan un par de horas, continúo). Ya no le veo sentido a esto, pero sí estoy bajo tu influjo, al punto de crear historias de las que te reirías con ganas si me dejarás contártelas, si tan sólo tuviera noticias tuyas, historias como ésta, que bombardean el teclado con el afán de quien salta pidiendo la palabra. Es raro que después de tanto tiempo piense así, quien se reconoce obsesivo no se sorprende del fenómeno de permanencia. Y me acabo de perder: le estoy hablando a otro recuerdo, creo que el primer receptor se ha perdido en el mar, al verme tan distraída, se fue nadando entre el ocio de las horas. Los hec…

Demasiado

Despertar en otros seres humanos poderes, sueños que están más allá de los nuestros; inducir en otros el amor por lo que nosotros amamos; hacer de nuestro presente interior el futuro de ellos: ésta es una triple aventura que no se parece a ninguna otra. Es una satisfacción incomparable ser el servidor, el correo de lo esencial, sabiendo perfectamente que muy pocos pueden ser creadores o descubridores de primera categoría. Hasta en un nivel humilde (el del maestro de escuela), enseñar, enseñar bien, es ser cómplice de una posibilidad trascendente.

G. Steiner, Lecciones de los maestros.