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Mostrando entradas de agosto, 2009

Uno, dos, tres... y el sol de aquellas tierras

"...los árabes, que poco a poco harán de Francia el más boreal de los califatos..."

Adolfo Castañon, Lugares que pasan

Después de esa debacle llamada formateo, estoy recuperando música de acullá, y pues me acordé de estos tres, al tiempo que se me antoja un kebab.

Ètica a Nicòmaco

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Cómo me gustaría ser como yo
tener el tiempo que yo tengo.
para salir a caminar cuando yo quiera,
para leer lo que le venga en gana
a mi gana más íntima y soltera;
interrumpir sin que nadie se asfixie
cualquier obligación etiquetada;
para estar en pleno uso de la soberanía
de ir a pie por las calles,
descubriendo raíces que aparecen
quebrantando las reglas del asfalto.

Cómo me gustaría, deveras,
dedicarme una noche a platicar conmigo,
cada quien con su trago,
discutir, discrepar, desentonarse,
hasta que el pobre espejo se quedara dormido
con el rostro apoyado sobre el azogue opaco.

Cómo me gustaría que a los dos
nos gustara la misma
y que uno tuviera
que ceder y cediera
por desatarle al otro las dos manos.
Cómo me gustaría que yo y que yo
fuéramos tan amigos.

Eduardo Casar

Santo y Blue Demon en Venecia

Chispa imperfecta

Según la sabiduría cadenesca de internet, una mujer inmadura pelea por el hombre que quiere nada más por salir triunfante, lo ahoga, lo persigue y si pierde, lo castiga y se castiga llena de rencor, seguramente le canta algo así como: “Sé que volverás el día / en que ella te haga trizas / sin almohadas para llorar…” La mujer madura no, ella sabe ganarse el amor y el respeto de un hombre, valora los instantes y si lo pierde, lo perdona, le brinda su amistad y puede ser que hasta le dedique un “pero si ahora tienes / tan sólo la mitad del gran amor que aún te tengo / puedes jurar que a la que te quiere, la bendigo / quiero que seas feliz aunque no sea conmigo”. Pero es que los arquetipos son peligrosos, se topan con tantas excepciones leves como personas vagamos aquí, las que matizan el pascaliano término medio que somos y que nos empuja a caminar dignamente todos los días y de vez en cuando, vociferar las canciones de José Alfredo. Dichosa la mujer perfecta, que reconoce sus miedos y co…

Esta planta

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Inocente armonía sin fatiga ni olvido. Elemento de lágrima que rueda hacia adentro construido de miedo altivo y de silencio.
Vicente Huidobro, Altazor
Esta planta que ves
respira la tibieza del verano del agua
que viene de las nubes grandes, grises, lejanas.
Los ve pasar a todos, los más altos,
los que saben vivir o que lo intentan
mientras ella se nutre de otras voces
sin preguntarles nada, sin darles más
que su color opaco, su aire impuro
desde un patio cualquiera.
Está viva: sus raíces se lo han dicho
las oye pero no consigue verlas
y no, no puede entenderlas.
Nadie piensa que su misión sea ésa,
quedarse así, mirando, embelesada
delirante, simple, adolorida,
al pie del muro que ha llegado a ras de cielo.
Lo increíble es que
tras el llanto de la tarde, sueña,
Él es grande y ella, pequeña.

El simbolismo fónico del nombre propio…

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...era el título absurdo de un trabajo de lingüística que afortunadamente no concreté nunca. En busca de un tema innovador con investigación previa me lancé de cabeza sobre la posibilidad de que el nombre propio diera a su portador “un aire de” (como cuando nos dicen “tienes cara de…”) o “una identificación con, y no ante el mundo” “un leve común denominador”. No era tanto así como decían los egipcios, que el nombre tuviera encerrado el destino y por ello debía ser dado por las estrellas, sino que la composición fonética del nombre nos influía… beh, por fortuna mi cabeza rebotó como coco contra el piso y acabé escribiendo, creo, sobre comprensión lectora :P
El caso es que una de mis motivaciones fue que por aquellos días había estado leyendo La virgen de los sicarios. Hay una parte en la que el narrador dice que los jovencitos reclutados para asesinar venían de los barrios más bajos de Bogotá, y la mayoría tenía nombres compuestos o extranjeros –William, Hansel o Jenry-- “como si media…