miércoles, 11 de febrero de 2009

El primer cuarto de siglo

El texto que escribí para este espacio se quedó en mi USB, esperando que la conexión a internet de la casa donde vivo por fin funcionara, y ya no hubo tiempo. Pero no quiero dejar pasar el momento, ni la oportunidad de que al menos por unos minutos tengo tranquilidad (e internet) para decir al viento que estoy bien, con los pies más en tierra, y menos preocupada por el futuro.
Praga, o mejor dicho, Praha, es más que una visión, es precisamente lo que no esperaba pero anhelaba de Europa. En tres días que he estado aquí ya tuve viento, tormenta, lluvia, sol, nieve, frío, calma... y mis ojos se han llenado de belleza.
En una semana llegará el cuarto de siglo. Alguna vez un tío abuelo contó que había cuestionado a su hija, en vísperas de ese cumpleaños, si acaso se había puesto a reflexionar en que (perdonen la falta de acentos, no encuentro el código para la e) era lo más importante que había hecho hasta entonces, pues quizá había transucurrido ya el mejor tiempo de su vida, los años más limpios, más ilbres, más útiles (no lo dijo así pero lo pensó). Yo, que escuchaba atenta mientras permanecía sentada, tenía apenas 22 y una larga historia de despreocupación y simpleza.
No es que el comentario me afectara, no creo que la vida se tenga que regir por recuentos y jerarquías, y sí creo que la edad es cuestión de actitud, pero desde ese momento cada vez que escuchaba pláticas sobre cumpleaños, maestrías, viajes, bebes, matrimonio, muerte, primos que vi nacer y que hoy están preincritos en la secundaria, cada vez resuena en mi la pregunta. Amo los 24, porque siempre me gustan los pares, la sensación de ir en un mismo rumbo pero con la libertad individual de las líneas paralelas, me gustaron los 24 porque se llevaron los duros golpes que los 23 trajeron consigo, fueron sorpresa, valiosísimas caras nuevas, realidades lejanas al alcance, fueron en suma, un vuelo constante.
He sonreído tanto como he podido, he abrazado, llorado, bromeado, envidiado, gritado. Dentro de unos días, cuando llegue el primer cuarto de siglo, si aún sigo en este mundo, por fin me habre liberado de la carrera contra el tiempo en busca de algo bueno que hacer por el mundo, no tendre respuesta pero tampoco dudas. Lo mejor que hice hoy fue disfrutar de este lugar, de este momento, de la Praga de mis cuentos de hadas. Mañana no se.