lunes, 25 de mayo de 2009

Ganas de dar vueltas sobre un pie

No se por qué, desde la primera vez que escuché esta canción me invade una sensación de nostalgia y libertad al mismo tiempo, hasta me dan ganas de llorar. Para mí las letras de las canciones son muy importantes y la de ésta no tiene absolutamente nada que ver conmigo, pero quizá sea el arreglo lo que me llega, no sé. La cargaba junto con muchas otras en mi mp3 y me subía al tren por las mañanas, me gustaba mucho escucharla mientras atravesaba ese pedacito de Rhone-Alpes a principios de marzo, cuando empezaba a reverdecer.
Me lleva, ya vamos a empezar con los recuerdos...
Un abrazo desde la Heroica Coscomatepec, que sigue igualita, con unos cuántos litros de más de precipitación pluvial.

jueves, 21 de mayo de 2009

Nadie ha dicho adiós, más bien es gracias

No más días improvisados, con tanto tiempo libre para inventarse un país extraño, no más viajes en tren los fines de semana, ni reuniones donde presumir lo poco que trabajábamos y lo mucho que nos divertíamos; no más alumnos rebeldes ni desmotivados o ansiosos que repiten "es bien"; no más preguntas sobre vuelos, huelgas nacionales, cuentas de banco, titres de sejour, actividades para clases, chiles o tortillas como agujas en pajar, cosas baratas en euros, quién me da posada, latinoamericanos a la vuelta de la esquina; no más baguette con nutella, ni crepas, quesos, vino barato y sabroso, perros por todas partes, colillas e hilos de "agua" en las aceras; ya no a los boletitos de transporte que duran una hora, ya no desafiaré a los controladores, no más tranquilidad al caminar de noche por la calle, o entre las multitudes, ya no esa lengua tensa y a la vez dulce a mi alrededor... por el momento.
Las cosas buenas (y por fortuna, también las malas) tienen que terminar.
¡Vive la France!

miércoles, 20 de mayo de 2009

Me gusta

Los veintitantos grados que me tocan el rostro me hacen apenas creer que aquí hubo tanto frío hace unos cuantos meses. No sé por qué elegí Lyon para vivir en Francia; recuerdo, sí, que aquí vivió hace muchísimos años la madre de una querida amiga, quizá leí el nombre varias veces en cualquier parte, no puedo acordarme del mayor motivo. Primero tuve que enfrentar el hecho de vivir sola en Tarare (lugar que compitió por la denominación del pueblo más nul y no ganó porque a fin de cuentas, es bonito, y del que derivaron frases tales como “¿Andas tarareando?” ¿Ya te vas a tararear?” “’Cómo se pronuncia ahí donde vives?”). Apreciaba los lugares pequeños y el privilegio de tener tiempo para mí pero tampoco era para tanto, y entonces la buena fortuna me trajo a Lyon así, sin que yo tuviera que mover un dedo, suerte o destino, y desde aquel diciembre se quedó en mi corazón la Fiesta de las Luces, y en mis ojos la Fourviére (la fortaleza por fuera, la casa de oro por dentro, hermoso templo-metáfora de María), y la Rue de la République, larga y brillante, con los árboles adornados por espirales, la Saóne, el Rhone, Bellecour, el C3 llegando a Hôtel de Ville, el Musée des Beaux Arts que me esconde un cuadro de Monet que me gusta mucho; Terreaux y su fuente, eterno punto de reunión para ir a comer kebabs, al Sevilla o a Mi Barrio; el mirador, los frescos y Partdieu la palabra mágica de las compras y de la estación que algún día fue destino final del primer tren que abordé. El metro tan limpio, con su línea verde sin conductor y la voz tan propia que anuncia las estaciones, el metro que más me gusta en todo el mundo y al que le guardo aún más cariño desde que dormí en sus vagones –larga historia–. Me agrada que no sea una ciudad tan cosmopolita ni tan grande, pero sí tan estética y cultural como la que más; la cuna del cinematógrafo, de la gastronomía francesa, del teatro guiñol y de las ensoñaciones de Saint-Exúpery.
Me ha cautivado atravesar sus puentes de madrugada, sola y sin miedo, con el viento que ahora es tibio; me pasa igual con los jardines de la Téte d´Or, con el piso iluminado de la estación Valmy, con la mezzanine de la Croissanterie del centro, donde platicamos tanto, y también me pasa con la fachada de la Gare St. Paul que veo todos los días. Aún si ya no volviera a caminar sobre los adoquines del Vieux Lyon (naranja-amarillo-beige-ventanales-callesestrechas-aparadores-humedad) puedo decir que fui afortunada sobre todo, por conocer gente tan diversamente valiosa aquí, y me sorprendo imaginando que esta ciudad me adoptó y me quiere, como ya antes lo hicieron la Xalapa de los buenos años universitarios y Mérida, la del cariño que sabe conquistar. Creo entender que es el afecto el que construye los lugares.
Me gusta, sobre todo, un espejo de agua que está sobre République: al pie hay un carrusel de aire antiguo y cerca venden ramos hermosos de flores; hay unas bancas más rústicas que las del resto de la ciudad, y por la noche, los troncos de los árboles que está alrededor se iluminan, la claridad que de por sí luce la calle aquí resalta, se transforma en vida. Siento que es un rincón para detenerse en medio de la prisa de todos los días, cuando precisamente voy pensando que todo pasa tan rápido…

martes, 19 de mayo de 2009

Otro que parte

Mi táctica
es hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

Mario Benedetti


Como bien decía Espejo "hay que organizar homenajes bien y en vida, porque el tiempo pasa, la gente se muere..."

martes, 12 de mayo de 2009

Bajo el mar pasé dormida

Hace algunos meses una amiga me contaba cómo se sorprendió al ver el metro de París. “Es muy feo –me dijo– yo pensaba que por tratarse de París, porque es una ciudad cosmopolita, de las más importantes del mundo, el metro sería impresionante, limpio, casi lujoso”. Pues no, el metro de París es muy eficiente pero está un poco sucio, algunos vagones son bastante viejos, las estaciones están cubiertas con mosaicos blancos que le dan un aire de baño público y sí, en la mayoría de ellas huele a orines. En los pasillos se anuncia de películas de temporada, obras de teatro y ofertas de viaje. Francamente me gusta más el del DF y ninguno le gana al de Lyon aunque sea tan chiquito que parezca de juguete. Pero de momento, en París, uno se encuentra a algún hombre mayor tocando el acordeón y la música funciona como un pellizco “estás en París, acuérdate, sigue siendo tierra firme pero sin duda, es una de las ciudades más bellas del mundo”.
Ayer fue quizá la última vez que estuve ahí, no sé si algún día vuelva y a lo mejor por eso me dan ganas de escribir esto, ahora lo vengo a descubrir. Es curioso cómo uno idealiza lugares, gente, y las expectativas a veces se ven defraudadas, a veces se cumplen o a veces no son exactamente las que uno tiene pero se compensan con otras tan altas o más, y hay que aceptarlo, porque justamente en este “darse cuenta” atisba la humildad, no siempre se tiene razón y el mundo asombra, aún si hemos dejado de creer.
Y bueno, yo quería decir que precisamente mi idea de las cosas cambió un poco hace unos días, debo pensar que a eso vine, a cambiar. Anduve en Brujas, lugar del que ya me habían contado es el Far far away hecho realidad claro sin rey enano, ni Shrek; ni hablar, sólo falta que las casas sean de dulce para poder morderlas y la gente misma pone una sonrisa de “no somos duendes, pero si quieres nos convertimos…”. Los museos del chocolate y de la cerveza son lo de menos, es de esos lugares pequeños en los que basta caminar e inventar locuras, perder el tiempo en lo que dé la gana, tomar miles de fotos, para eso existe.
La cosa cambió cuando crucé de Bélgica a Londres en autobús. Yo compré los boletos pensando que quizá cruzaríamos en ferry como ya me habían contado, pero no fue exactamente así. Resulta que al llegar a la frontera nos revisaron los pasaportes, me peguntaron hace cuánto tiempo estaba en Francia aunque me miraron con cara de “¿segura que no tienes gripa?” (grrrrr…) y después de la revisión de equipaje subimos de nuevo al bus. Entonces éste se metió en un espacio parecido a una carrocería de trálier, que resultó ser un tren, se estacionó y nos avisaron que podíamos bajar y andar donde quisiéramos. No había nada que ver en realidad, era como estar estacionados en cualquier lugar hasta que el tren empezó a andar. De momento se oyó a lo lejos un splash y los sonidos cobraron cierto vacío. Eso fue todo. 45 minutos después otro splash y estábamos en tierra. Los avances tecnológicos no necesariamente satisfacen fantasías, son útiles y ya, tal vez el futuro y sus cerebros los convertirán en experiencias impactantes. Caray, y yo que me imaginaba como Ariel moviéndome entre pececitos amarillos, me quedé dormida en menos de 10 minutos…
Fotos: Brujas y undersea bus

Casa / Home

nadie se va de casa salvo que la casa sea la boca de un tiburón solo corres hacia la frontera cuando ves a toda la ciudad corriendo tamb...