martes, 31 de marzo de 2009

Complicarse



Mira hacia el cielo y olvida ese lánguido temor que fue permanente emoción.
Aaaay… fue permanente emoción.

Bitman y Roban



Como siempre, tengo miles de cosas que decir y a la vez nada. Es el arte de la complicación, que lo hace ver todo negro o blanco según el estado de ánimo o la lluvia. No me gusta la lluvia, sólo verla tras los cristales de la sala de mi casa con una buena taza de café, una mandarina o un chocolate en la mano. No me gusta la lluvia y menos en los lugares que se supone son soleados, paradisiacos, azules y llenos de vida. Este fin de semana gracias a ese leve capricho ambiental y a un desencuentro, todo me pareció un desastre, y me quedé vacía, y siento que tengo que decir algo pero no sé qué.

Me preguntan (se me increpa jaja) que por qué quité mi post anterior, donde juraba que ya no me iba a complicar porque estaba harta de las telarañas mentales. Sigo creyendo, como aseguré en ese momento, que la libertad es el estímulo de las almas fuertes. Declaro, por si algo se entendió mal, que soy toda oídos, siempre, sin afán de pasarme de buena (gente) ni mucho menos, quienes lo leen saben que sí, siempre que se pueda así será. La ingenuidad no me la creo, y las lecturas inconvenientes pues ya ni modo, palo dado ni Dios lo quita, menos sufren los ojos que no ven.

Hace tiempo tuve una conversación por demás ilustrativa con conocido poeta de los rumbos jalapeños. Yo preguntaba cómo carambas se hace para olvidar a quien nos hace daño. Entre los hilitos dorados de la posible respuesta salió uno que me gusta mucho: partamos de la idea de que somos solitarios y los solitarios conocemos a pocas personas, en el sentido de conocer bien y brindarle confianza, porque de conocer así nada más y decir “quéondacómoestás” conocemos a muchas.. Los sentimientos de los solitarios son más fuertes y a la vez más confusos que los de las personas sociables, me dijo aquél. Sucesos que se olvidan fácilmente, como una mirada, una palabra, un desacuerdo (yo añadiría “una canción, un reto, una promesa…”) se aferran en el ánimo del solitario y se vuelven sentimientos importantes, y así, entre el ocio y la necesidad de dar tanto y todo de lo que tenemos, los detalles se vuelven filos de jade que no se desgastan, picos de colibrí envenenados, como dice otra amigui a la que también extraño.

La soledad, pues, engendra lo bello, lo original, el arte, la música, la filosofía, pero también orilla a la fatalidad, a lo inoportuno, a lo ridículo e inconveniente. Entonces, para olvidar a ese alguien que logró entrar en nuestra soledad, hay de varias: solucionar la soledad por nuestro bien conociendo gente, abriendo el corazón; conservar ese sentimiento como cualidad y apreciarlo sin llegar a la locura (alguien que conozca el límite, por favor haga acto de presencia), hacer cosas. Simple y sencillo, hacer cosas, seguir adelante y confiar que con el olvido viene el perdón.

No tengo manera de saber si yo he entrado en la soledad de alguien, pero en la mía, que es como un jardín tranquilo y con los años, más amplio, sí que han entrado. De esos sabores de boca imaginarios me acuerdo a veces y me río sola, y luego por eso ando distraída y hace como un mes casi me atropellan tres autos en un mismo día. Recientemente casi me pasa lo mismo ¿o me pasó? Y me di cuenta cuando me cuestioné esa extraña necesidad de querer ver a alguien, hablar, saber de, ayudar, darle un abrazo. Pero la buena fortuna (¡Ohhh Fortuna, diabólica ramera! como decía Ignatius Reilly) ella se encargó de repasarme las lecciones taaan pisoteadas: cuidado con planear demasiado, cuidado con tratar de ir más allá, al mismo tiempo, no temas…por Dios, si ya sabes... y conste que esta vez, según yo, dejé que todo pasara como tuviese que pasar (rayos, qué renglón me acaba de salir, y eso que no me quería complicar, excúsome).
De ahí que complicarse también consiste en reincidir: ya nos lo advirtieron peeeero ahí vamos. A veces uno debería abrir bien los ojos, a veces cerrarlos es tan dulcemente alegre... Ahora, en mi caso, sólo queda un momento plano, la búsqueda de oxígeno en el fondo de mis pulmones, un buen CD con canciones al piano que iba a regalar… una risa de “ya qué” ¿verdad? Cuando acabas las frases con “¿verdad?”, corazón, es porque ya conoces la respuesta.

Y aún quedan las cosas que no se dicen. ¿Cómo sería la vida si en verdad pudiéramos decir todo todo lo que queremos?

Falta un último repaso (¿se acuerda ud?): “la vida es como una bicicleta, hay que pedalearle porque el que se detiene a pensar, se cae”. =P Ahí nos vemos.

viernes, 13 de marzo de 2009

Inevitablemente

Uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas.

Sergio Pitol


Por eso no hay derecho a tener miedo.

miércoles, 11 de marzo de 2009

In a manner of speaking...


...I don't understand / how love in silence becomes reprimand / but the way that i feel about you is beyond words

Nouvelle vague

Hablar rápido, sin pensar, liberar, inventar, comenzar.
Hacer como que no se entiende.
O callar y seguir, caminar con historias sonriendo por dentro, la música en las ventanas, colores de los muros, pasa un auto, guardarse para sí las fotos, querer llorar.
O decir y partir, como la letra que muere cuando fue leída, decir y ya, hasta que alguien más toma el hilo y continúa, y ya no hay que saber, porque ya no se teme a nada.
Sólo una de tantas.

http://www.youtube.com/watch?v=6vn0PvvS1zs