martes, 23 de diciembre de 2008

Por este entonces


El tiempo es una invención del hombre, quien necesita entender que la mayoría de las cosas aquí terminan siempre, y no hay tristeza en ello, así que creó de una medida mayor de término que contuviera cálidamente en su concepto todo lo que se ha amado y ya no está.
Hay una tradición en mi casa que se conserva gracias a mi abuelita materna: la de arrullar al “Niño Dios” es decir, pasear por toda la casa la figura del niño Jesús, mientras entonamos un villancico especial (el cual por cierto, nunca nos hemos aprendido completo jaja) y al llegar frente al nacimiento (Belén o portal, hay varias formas de denominarlo), cada miembro de la familia emite un deseo para el año que viene o un agradecimiento por las bendiciones recibidas. Luego la madrinita, es decir, la niña de la familia que ha cargado entre sus manos al niño Jesús durante el arrullo, pasa delante de cada uno con el niño para que le dé un besito, y al final lo acuesta. Entre los privilegios de ser la nieta mayor estuvo siempre el de ser la madrina, porque mis hermanas y mis primas estaban muy pequeñas para esos menesteres.
Eso hacíamos siempre la noche del 24. Hubo un 24, hace ya 6 años, que estuvimos todos reunidos en casa, fue excepcional pues regularmente alguno de mis tíos siempre la pasaba en casa de sus suegros o algo así. Nunca olvidaré la fecha, cuánto comimos y todas las anécdotas que salieron a la luz, nunca olvidaré que 6 meses después mi abue se fue dejándonos a todos un nudo en la garganta, y su voz en los oídos, cuando cantaba tan bonito, con la fuerza transparente de su carácter. Hasta la fecha nos cuesta trabajo cantar, pero lo hacemos con fe de que nos volveremos a ver un día. Estas cosas trascienden al tiempo, se han acumulado en alguna parte de mi alma y sé que al final de mis días me darán más felicidad, si tengo la fortuna de recordarlas con lucidez.
Por eso también me encanta el 31. Me gusta imaginar lo que viene y luego sacudir los pensamientos. Me encanta agarrar una campanita y a las doce de la noche hacerla sonar sobre las cabezas de todos, como bendiciendo, como haciendo despertar. Y dar abrazos, comer ensalada de frutas. Cómo me hace falta todo eso aquí tan lejos, y mientras escribo se me ocurrre que la vida no es lo que se recibe del mundo sino lo que uno mismo da, es hablar y escuchar, estar ahí, jamás solos.
No quería ponerme nostálgica, no quería escribir todas estas cosas, sólo quería hacer un post sencillo para decirles que deseo de corazón (y ustedes saben que es así) que pasen Navidad y Año Nuevo con los que aman. Por el amor de Dios coman tamales y tomen ponche a mi salud, jajaaa, abracen y besen, y sean felices.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Aquí nomás, soñando...

Francia muere los miércoles después del mediodía, igual que el domingo, tooodo el día. Así que hoy tengo la sala de trabajo todita para mí, internet restringido pero al fin internet, y ya he comido demasiado durante la mañana como para no salir huyendo de las tentaciones que me esperan en la cocina, tan plácidas. Al rato que regrese juro que me pondré a leer (me conozco, mosco, seguiré comiendo) pero mientras tanto disfruto ver fotos ajenas en Facebook, escribir correos pendientes y perennifolear (o perennifoliar?), ya que rara vez me lo propongo.
Algo extraño sucede con mi sonrisa, sale sola, diría que descontrolada pero no es un adjetivo amable, entonces la pienso espontánea. Se ha perdido entre las Luces, y sigue vagando en aquella ciudad hermosa toda la noche, buscando a quién dirigirse. A veces nos perdemos tanto en lo que queremos pensar que pensamos; que se nos olvida detenernos y ponernos a echar vistazos en aquello que otros piensan. Es bueno abrevar en otros ojos.
Se les ha ocurrido que, sin afán de apatía o esterilidad, simplemente sucede que uno no tiene nada qué decir? Y cuando eso pasa, los oídos se ponen alerta, bien dispuestos a cazar inspiración, o por lo menos, anécdotas =)
La luna llena prueba la paciencia humana en estos días, si todo le sale al revés, no se preocupe, la semana próxima todo avanzará.

jueves, 11 de diciembre de 2008


Eran las diez de la mañana, me levanté con una certeza y oprimí el botón que corre las cortinas. Ahí estaba, el paisaje pacífico tal como siempre pensé que sería... y entonces salí casi corriendo para experimentar por primera vez en mi vida, una sensación de agua que no moja, de frío que no hiere, salí a alimentar un poquito la capacidad de asombro, salí a buscar la felicidad que alguna vez me dieron los cuentos infantiles que hablaban de mundos tan distintos al mío, mundos posibles al fin y al cabo. Había nevado.