domingo, 29 de junio de 2008

Hoy es

Hoy es un día muy especial. Los planes ya tienen destino con nombre y forma, será un lugar de sorpresas, eso espero. Hoy me he acercado a los que amo, a pesar de la distancia; he interiorizado; acudí a un sitio de recuerdos para estar en paz. En fechas inolvidables como ésta, por cosas buenas o malas, siempre me pregunto atentamente ¿cómo estaré de aquí a un año? Y después de un año, estoy plena, mejor de lo que me hubiera atrevido a imaginar en aquel tiempo. Hoy puedo decír abiertamente que soy muy feliz, que amo, que tengo todo lo que necesito y aún más, que es del todo cierto aquello de que no tiene caso planear, porque uno no recibe lo que desea, sino lo que más conviene.
Y por si fuera poco, el salmo de hoy domingo decía: "El Señor me libró de todos mis temores".
Absolutamente.

jueves, 19 de junio de 2008

Hablar

Entonces una voz amable me dijo:
-Te está esperando allá, atrás de los talleres, ya sabes que aquí no se puede hablar.
Me la encontré en el camino, llegamos al espacio neutro y me preguntó:
- ¿Cómo estás?
Y así lloré, como no lo hacía desde cinco o seis años atrás, cuando regresé a mi casa después de una semana de ausencia angustiosa. Lloré pero le conté todo, me explayé, le di detalles de cómo no creía merecerme esto. Pero me lo merecía, o más bien era necesario que lo viviera, tenía que ser así. Me dio sus puntos de vista, me sugirió soluciones efectivas, consoladoras, me dio claves de su propio mundo, hasta me leyó días después.
Aclaro que en ocasiones nos encontrábamos en el pasillo y sólo decíamos “hola”, a veces ni eso. Durante mucho tiempo pensé que conocerla no venía al caso porque muy probablemente ella pensaba igual, vaya pérdida de tiempo valioso. Pero ese día, más allá de mi asombro, me di cuenta de que en su alma niña el capricho existe en dosis mucho menor que la buena voluntad.
Se lo escribí luego a ella: puede que la amistad no se finque tanto en la convivencia constante como en el hecho de identificar sentires, haberes, convicciones. Qué grata sorpresa, que lección a mis prejuicios, qué cosas tiene la vida. Como sabrá, soy un poco obsesiva con las fechas, con los sucesos que me marcan. Éste fue uno. Ha sido un gusto, todavía sigo agradecida, todavía aprendo.

miércoles, 11 de junio de 2008

Voy

A ultramar,
por el subterráneo que siguió el poeta
que los antiguos celtas recordaban,
iré yo.
Para robar hojas de árboles ignotos,
o sonreir, asombrada de mí misma.
Para probar el vino, sin saciarme.
Voy, porque soy feliz de haber nacido
y que esa frase oscile en el oído
de veintitantos que habrán de conocerme.
Voy aterrada, a rastras mis complejos
a recorrer una Babel antigua,
que no entiende mi lengua y sus enredos.
Voy a llorar en una tumba ajena
por tantas tantas veces que he olvidado
poner aceite en mi lámpara de nuevo.
A percibir algún otro olor a tierra,
o a probar aquel sabor humano,
voy a indagar qué es lo que más pudiera
respirando profundo un aire helado,
sobre montañas blancas y veredas.
Música de otros seres que yo escuche,
que me vuelva temblando de alegría
por haber comprendido lo que tuve.
Voy, porque poco he andado.
Hoy el insomnio me lleva una promesa:
iré sin duda tomada de Tu mano.

sábado, 7 de junio de 2008

Km. 16.5, en cuatro estaciones



A mi querida CEAM, en esta necesaria cuenta regresiva,
y a un año de haber vivido mi propia cuenta.

Primavera
Circe llegó con el huracán, con los zapatos mojados, el cabello en desorden y la garganta seca. No era una artesana, menos aún una visionaria, sólo contaba con una enorme fe en quien sabe qué fuerza que le brindara confianza en la técnica de ensayo y error. No tenía nada que perder y aprendió demasiado.
Fue éste el tiempo de armonía, de trabajo arduo, de saludos tímidos y pláticas para conocerse. El lugar: un castillo encantado donde se daba forma al conocimiento, un paraíso acorde con su avidez de novedad lleno de toda clase de seres gentiles con apodos extraños, que sonreían y hacían malabares con sus labores. Circe estaba al servicio de un ama de llaves, inteligente y perfeccionista, quien pronto la convirtió en su mano derecha Había otra ama, menos aguda, silente, retraída, a la sombra de la primera. Ambas eran celosas pero accesibles, casi seductoras, casi buenas, y seguían al pie de la letra las órdenes del amo. Pronto Circe se acostumbró, no tenía idea de lo que sería capaz después

Verano

El clima se hizo cálido dentro y fuera del castillo. Circe se quedó sin su ama de llaves y tuvo que hacerse cargo, un poco a su pesar, de las artesanías pendientes. Poco a poco tomó el paso del amo, se ganó su respeto aunque jamás un guiño, pero los pequeños detalles no importan si todo sale bien. Circe iba comprendiendo el poder de la elcouencia ante el público, la necesidad de independencia, la posibilidad del futuro.

Otoño

Fueron estos días de lecturas ociosas, risas cómplices y trabajo arduo. Todo en el ambiente del castillo denotaba febrilidad, arte, amistad, amor quizá. Todos conversaban libremente, comían panecillos, bebían pócimas refrescantes, soñaban con la primavera y se dedicaban a sus manufacturas. Fueron tiempos de descubrimiento que Circe no podrá olvidar nunca, porque en el aparente desierto de la monotonía residió (eso lo supo después) el fin último del esfuerzo: aprender y mejorar, unirse para crecer, sonreir y enamorarse, vivir la vida trabajando.

Invierno

Cabe aclarar que esta Circe nunca fue como la verdadera, la primera, la mítica hija de Helios, la hechicera (no sirena) hermosa y terriblemente inteligente que se apropiaba sin chistar de los hombres que deseaba. Más le valió a esta Circe no creérselo, trata de no mirar al pasado sino al futuro, es hija del viento y no ha poseído a nadie. Ella quiso llamar al invierno, despedirse, volar. Aunque aún después por momentos lo dudaba, fue la decisión mejor. El invierno trajo nostalgia, disgusto, despedidas, pero culminó maravillosamente con risas, mucha comida y vino delicioso. Circe abandonó el castillo llevándose algunas muestras de sus artesanías, orgullosa, con cuaderno de notas bajo el brazo y la promesa de tiempos mejores que llegaron más pronto y con más satisfacciones de las que ella se atrevió a imaginar alguna vez. Canta siempre para mitigar la nostalgia, evoca a los que allí continúan, encerrados, a los que no han tenido la fortuna de salir por su propio pie como lo hizo ella, pero tiene fe en la magia y cosas más sorprendentes han sucedido fuera de los cuentos de hadas, en el mundo real.

Epílogo: la hibernación

En un año solar normal no debería haber días alternos, pero a veces las cosas empeoran, todo es cuestión de tiempo. Lo que era en principio una pócima transparente de voluntad, necesidades conjuntas, calidad humana, hoy se ha convertido en la pasta hirviente que emana del caldero de una bruja. Y no se diga, por piedad, que esta bruja es ahora un hada niña que retó a un espejo, porque el espejo no se equivocó, siempre dijo la verdad, es capaz de probar que tuvo razón y el tiempo mismo hoy se la concede. ¿Cómo podrá un hada vencer los hechizos de la burocracia maligna cuando se ha alimentado de ésta? Las verdaderas hadas no son cómplices del tejemaneje, no evocan a los magos oscuros; las hadas buenas no presumen de alzar las caderas y trabajar duro, simplemente lo hacen; no necesitan que nadie las arrulle cuando se les olvida repasar sus fórmulas mágicas. En fin, el que no sepa de mitos, que abone mandrágoras.

Palabrotas

A un imposible

Me arrancaré, mi bien, el imposible
amor de melancólica plegaria,
y aunque se quede el alma solitaria
huirá la fe de mi pasión risible.

Ramón López Velarde

Ay, dolor...

Casa / Home

nadie se va de casa salvo que la casa sea la boca de un tiburón solo corres hacia la frontera cuando ves a toda la ciudad corriendo tamb...