martes, 1 de abril de 2008

Paciencia

Si emprendes en serio el camino de Dios
prepara tu alma para las pruebas que vendrán;
siéntate pacientemente ante el umbral de su puerta
aceptando con paz los silencios, ausencias y tardanzas
a los que Él quiera someterte,
porque es en el crisol del fuego donde se purifica el oro.

Señor Jesús, desde que pasaste por este mundo
teniendo la paciencia como vestidura y distintivo,
es ella la reina de las virtudes
y la perla más preciosa de tu corona.

Dame la gracia de aceptar con paz
la esencial gratuidad de Dios,
el camino desconcertante de la gracia
y las emergencias imprevisibles de la naturaleza.
Acepto con paz la marcha lenta y zigzagueante de la oración
y el hecho de que el camino para la santidad
sea tan largo y difícil.

Acepto con paz las contrariedadees de la vida,
las contradicciones de mis hermanos,
las enfermedades y la misma muerte;
y la ley de la insignificancia humana, es decir,
que después de mi muerte todo seguirá igual,
como si nada hubiese sucedido.

Acepto con paz el hecho de querer tanto y poder tan poco
y que, con grandes esfuerzos, he de conseguir
pequeños resultados.
Acepto con paz la ley del pecado, esto es,
hago lo que no quiero y dejo de hacer
aquello que me gustaría hacer.
Dejo con paz en tus manos lo que debiera haber sido y no fui,
lo que debiera haber hecho y no hice.

Acepto con paz toda impotencia humana
que me circunda y me limita.
Acepto con paz
las leyes de la precariedad y la transitoriedad,
la ley de la mediocridad y del fracaso,
la ley de la soledad y de la muerte.
A cambio de toda esta entrega, dame paz, Señor.