jueves, 13 de marzo de 2008

Renunciar a la creación es aceptar no sólo todos los poderes que tratan de determinar nuestra existencia e imponernos una manera de ser, es también renunciar al papel que como especie parece habernos asignado la vida. Porque es la naturaleza la que habla consigo misma a través del hombre. Es la vida la que se expresa en la creación. Mantenerla, acrecentarla, es nuestra tarea y nuestra recompensa.

No quisiera ser injusta, pero en verdad no recuerdo quién es el autor de esta frase.
La hipocresía, al menos, es un homenaje que el vicio rinde a la virtud.

Fernando Savater

lunes, 10 de marzo de 2008

Caminar en Mérida

Aquí el aire es consuelo, corre fuertemente, llega al encuentro y abraza, es tibio todavía porque apenas se despide el invierno. Uno camina por las calles evocando el plano cartesiano y a la vez, el juego de pares y nones, que con el paso de los días se hace más fácil. Amplias calles, donde se podría andar descalzo en medio, correr si fuera necesario, y parecería que el sol no te alcanza nunca. Pero no es cierto. El sol tiene en la península la casa a la que siempre regresa, vacaciona, sí, pero siempre regresa, incandescente, y se pone a pulir en los mediodías de ocio las piedras de las albarradas, las vuelve más blancas, les da la cualidad de taladrar la vista.
Las casas siguen obedientemente un mismo estilo: por dentro son frescas, con muros gruesos y altos, y pisos adornados con mosaicos pequeños de colores mate, de formas variadas y material añejo. Por fuera uno no comprende cómo es posible que las construcciones no tengan alero, que se enfrenten a la aridez de polvo, viento y luz apenas guarecidas con ventanas de marco en relieve y esas persianas a prueba de ciclones. Claro, uno no comprende porque es extranjero, porque aquí todos están de acuerdo, todos son extremadamente afables, hermanos de la tradición y seguidores de lo moderno. Hay árboles también, coros alegres del aire que hacen lucir las avenidas, son orgullosos pero guardan su belleza y se inclinan humildes si está cerca la ceiba, jamás osarían superarla.
En el centro los edificios centenarios ofrecen mercancía a través los ventanales. Hay ropa de manta, sandalias, manteles y rebozos de estilo mexicano en general, grandes sombreros, morrales, botellas de xtabentún, todo caro, todo para los turistas. Pero también hay cafés, restaurantes transnacionales y uno que otro nacional, donde venden panuchos, cochinita, relleno blanco y negro, demasiados sabores diríase.
Blanca y serena, segura y extensa, marcas a sus habitantes de norte a sur; clasemedieros y soñadores, trabajadores y doblemente trabajadores; nadie quiere tener idea de cuál de las dos áreas es más grande, pero sí queda muy claro cuál es la más pobre. Tus hijos caminan también con los pómulos en alto y los ojos hondos, llenos de más allá, inquiriendo a dónde fueron los itzaes, porque tú eres distinta, eres la castiza, la del nombre español, la bella de estas tierras que los conquistadores fundaron en medio de aldeas. Les gustó tu seno, quisieron hacer aquí otra Valladolid, otra Sevilla y lo consiguieron, sin duda. Basta entrar a Itzinmá o a Correos, pasar delante de la Casa del Pueblo, vagar por el Paseo Montejo, basta todo y nada para entender tu grandeza, cuando se camina por las calles con la sensación de que pueden hablar, que se deslizan por sí mismas y lo llevan a uno de pared en pared, de arco en arco, a través del espacio perfecto que soñaron tus antiguos, aquellos que veneraban las estrellas.

lunes, 3 de marzo de 2008

En el Salón Constituyentes

Había niños en la reunión, hablaron de defenderlos. No tenían idea, les dieron hamburguesas y refresco, se divertían. Estuvieron en un recinto histórico criticado por su pésima arquitectura, pero la iluminación estuvo excelente. Hoy se definió, con el desvelo de unos cuantos, el rumbo de sus derechos, al menos en el papel. ¿Y si en vez de planear tanto, voláramos más alto?

Casa / Home

nadie se va de casa salvo que la casa sea la boca de un tiburón solo corres hacia la frontera cuando ves a toda la ciudad corriendo tamb...