martes, 23 de diciembre de 2008

Por este entonces


El tiempo es una invención del hombre, quien necesita entender que la mayoría de las cosas aquí terminan siempre, y no hay tristeza en ello, así que creó de una medida mayor de término que contuviera cálidamente en su concepto todo lo que se ha amado y ya no está.
Hay una tradición en mi casa que se conserva gracias a mi abuelita materna: la de arrullar al “Niño Dios” es decir, pasear por toda la casa la figura del niño Jesús, mientras entonamos un villancico especial (el cual por cierto, nunca nos hemos aprendido completo jaja) y al llegar frente al nacimiento (Belén o portal, hay varias formas de denominarlo), cada miembro de la familia emite un deseo para el año que viene o un agradecimiento por las bendiciones recibidas. Luego la madrinita, es decir, la niña de la familia que ha cargado entre sus manos al niño Jesús durante el arrullo, pasa delante de cada uno con el niño para que le dé un besito, y al final lo acuesta. Entre los privilegios de ser la nieta mayor estuvo siempre el de ser la madrina, porque mis hermanas y mis primas estaban muy pequeñas para esos menesteres.
Eso hacíamos siempre la noche del 24. Hubo un 24, hace ya 6 años, que estuvimos todos reunidos en casa, fue excepcional pues regularmente alguno de mis tíos siempre la pasaba en casa de sus suegros o algo así. Nunca olvidaré la fecha, cuánto comimos y todas las anécdotas que salieron a la luz, nunca olvidaré que 6 meses después mi abue se fue dejándonos a todos un nudo en la garganta, y su voz en los oídos, cuando cantaba tan bonito, con la fuerza transparente de su carácter. Hasta la fecha nos cuesta trabajo cantar, pero lo hacemos con fe de que nos volveremos a ver un día. Estas cosas trascienden al tiempo, se han acumulado en alguna parte de mi alma y sé que al final de mis días me darán más felicidad, si tengo la fortuna de recordarlas con lucidez.
Por eso también me encanta el 31. Me gusta imaginar lo que viene y luego sacudir los pensamientos. Me encanta agarrar una campanita y a las doce de la noche hacerla sonar sobre las cabezas de todos, como bendiciendo, como haciendo despertar. Y dar abrazos, comer ensalada de frutas. Cómo me hace falta todo eso aquí tan lejos, y mientras escribo se me ocurrre que la vida no es lo que se recibe del mundo sino lo que uno mismo da, es hablar y escuchar, estar ahí, jamás solos.
No quería ponerme nostálgica, no quería escribir todas estas cosas, sólo quería hacer un post sencillo para decirles que deseo de corazón (y ustedes saben que es así) que pasen Navidad y Año Nuevo con los que aman. Por el amor de Dios coman tamales y tomen ponche a mi salud, jajaaa, abracen y besen, y sean felices.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Aquí nomás, soñando...

Francia muere los miércoles después del mediodía, igual que el domingo, tooodo el día. Así que hoy tengo la sala de trabajo todita para mí, internet restringido pero al fin internet, y ya he comido demasiado durante la mañana como para no salir huyendo de las tentaciones que me esperan en la cocina, tan plácidas. Al rato que regrese juro que me pondré a leer (me conozco, mosco, seguiré comiendo) pero mientras tanto disfruto ver fotos ajenas en Facebook, escribir correos pendientes y perennifolear (o perennifoliar?), ya que rara vez me lo propongo.
Algo extraño sucede con mi sonrisa, sale sola, diría que descontrolada pero no es un adjetivo amable, entonces la pienso espontánea. Se ha perdido entre las Luces, y sigue vagando en aquella ciudad hermosa toda la noche, buscando a quién dirigirse. A veces nos perdemos tanto en lo que queremos pensar que pensamos; que se nos olvida detenernos y ponernos a echar vistazos en aquello que otros piensan. Es bueno abrevar en otros ojos.
Se les ha ocurrido que, sin afán de apatía o esterilidad, simplemente sucede que uno no tiene nada qué decir? Y cuando eso pasa, los oídos se ponen alerta, bien dispuestos a cazar inspiración, o por lo menos, anécdotas =)
La luna llena prueba la paciencia humana en estos días, si todo le sale al revés, no se preocupe, la semana próxima todo avanzará.

jueves, 11 de diciembre de 2008


Eran las diez de la mañana, me levanté con una certeza y oprimí el botón que corre las cortinas. Ahí estaba, el paisaje pacífico tal como siempre pensé que sería... y entonces salí casi corriendo para experimentar por primera vez en mi vida, una sensación de agua que no moja, de frío que no hiere, salí a alimentar un poquito la capacidad de asombro, salí a buscar la felicidad que alguna vez me dieron los cuentos infantiles que hablaban de mundos tan distintos al mío, mundos posibles al fin y al cabo. Había nevado.

viernes, 14 de noviembre de 2008


A la mar fui por naranja, cosa que la mar no tiene.
El que vive de esperanza, la esperaza lo mantiene.


Lila Downs, Soy pescador

El próximo martes Lila va a dar u concierto en París, y obviamente por trabajo y dinero no la voy poder ver. Hay cosas que nunca cambian, para lo demás no tengo Master Card.

En el país del pan, el vino, el queso y los perros consentidos, además…



De momento me emboto al intentar ver la televisión aquí: Por muy útil que sea para medio mejorar mi francés, el caso es que me bloqueo y sólo admito ver series gringas dobladas (es chistosísimo ver “La niñera”, que aquí se llama Une nounou d´enfer, o a las “Esposas desesperadas” discutiendo en un idioma que no les queda, pero que suena bonito).
El caso es que aquí, como en México, las noticias hablan de crisis económica, violencia y cambio climático. Dicen que 27 % de la población vive en la auténtica pobreza porque percibe menos de 900 euros mensuales: Sí, ya sé, si un asistente de lengua que se encuentra en Francia en este momento como yo, lee esto, ya sé lo que va a pensar, no digáis nada amigos míos, ¿quién nos manda a venir a trabajar por 780 euros?
Como sea, nuestra situación es temporal, pero hay gente que tiene que salir adelante con el costo de vida de por acá (nada más ir al súper es una experiencia de riesgo emocional: interesante por la variedad, deprimente por los precios) y ya me tocó ver un reportaje de cómo son los desalojos en los alrededores de París (la Ile de France) y la Costa Azul, y la cantidad de instancias a las que la gente se aferra, a veces sin éxito, para conservar un mini departamentito donde viven 6 personas en los mejores casos. Hay que obviar la diferencia entre el concepto de pobreza de México y de aquí, sólo me llama la atención que primer mundo también se queja, pero lo ventila todos los días en la tele, en el radio a mediodía, en los periódicos, plenamente conscientes de que cada habitante tiene algo qué decir, y que los demás tienen obligación de escuchar y proponer.
Y luego, el viernes pasado algún loco puso una bomba sobre los rieles por donde pasa un TGV, y eso podría volver a suceder en cualquier riel de Europa, en cualquier medio esencial de transporte del mundo. Comienza el frío de invierno, no va a parar, asciende, se instala. ¿Algún día habrá recomienzo?

martes, 21 de octubre de 2008

Desde algún lugar


Casi un mes después de haber aterrizado aqui vuelvo a escribir, aunque francamente preferiria hacerlo desde mi computadora, y no desde esta maquina en la sala de profesores, donde solo hay Texte OpenOffice, que me marca en rojo todo lo escribo, claro, porque lo hago en otro idioma, porque el mio es otro universo.
Por la misma razon no he enviado fotos a nadie y ya no me acuerdo de como chatear. Extraño los acentos, mucho, y me atrevo a poner la ñ aunque me tarde mas, porque me siento orgullosa de ella. En dos horas tengo una clase con los de secundaria: niños adorables que conocen los tacos y creen que México esta en América del Sur, criaturas gentiles que abren los ojos como platos cuando les hablo en español y me miran como si viniera de Urano, en efecto, mi planeta regrente.
No me quejo de Francia, ni de Tarare (aunque en verdad me deberian pagar por el simple hecho de vivir aqui jajaja) pero mi proceso de adaptacion se ha alargado porque las circunstancias son distintas de las que esperaba. Aclaro, no mejores ni peores, solo distintas; a esta edad uno deberia ya saber la formula magica para no esperar nada.
Comienza a llover, son casi las 2 y media de la tarde. No extraño la comida ni el paisaje, me hace falta aquello que no habia visto, a veces solo necesito hablar.
Y lo demas ya se sabe: hay verde por todos lados, gente amable, horas que pasan, quiza viajes en puerta..Vision es el arte de ver las cosas invisibles, fe es creer que Dios nos las ha dado (Hebreos 11:1).

martes, 23 de septiembre de 2008

Dudas, miedos y cadenas pavorosas


Leo las cadenas que me envían por internet siempre y cuando el título sea prometedor y no tenga más de tres faltas de ortografía. Si al abrir el mensaje veo que además del montón de reenvíos, tiene comentarios, vale, el mensaje ya tiene punto a favor. Y si al último resulta un vídeo que tarda en descargarse o una presentación de power point poco atractiva, me voy a otra cosa. Sin embargo, reenvío las que creo que valen la pena, por profundas, graciosas (y en este caso mi criterio no es muy válido porque soy bastante simple), constructivamente críticas u originales, de todo hay en el democrático internet, por fortuna.
El caso es que recientemente he recibido varias cadenas relacionados con la inseguridad que invade al país, sobre todo al Veracruz hermoso, cuyos vendedores de discos piratas, visitantes de antros y familias de economía desahogada ahora están sitiados. Cunde el miedo, que arrastra fuerte el eco de los decapitados de Mérida y el terrible atentado en Morelia. El miedo es lo opuesto de la fe, dice el poeta del Picacho (visítese Los perros esteparios, en Saludos a…) y Monsieur Hoil (misma sección, blog asimismo denominado) pregunta si en realidad sabemos a qué le tenemos miedo. Ciertamente, los rumores destruyen con lentitud la tranquilidad, la confianza, dominan poco a poco a la sociedad (basta recordar el trauma del provinciano que anda por primera vez en el DF ¡cuántas leyendas urbanas pasan por la cabeza!), pero ahora también nos enfrentamos a terrorismo absurdo, y no queremos salir a la calle ni en el mismo pueblo porque no sabemos a qué le tiramos o si nos van a tocar los tiros.
Nos queda confiar, me parece, y hacernos fuertes y que nos importe lo que le pasa al vecino, porque la indolencia resulta más violenta e infame ya que reduce nuestra condición de humanos, ¿o a poco de verdad estamos solos?
Y bueno, yo sólo entré para avisar que, en este estado de cosas, abstraída, confundida y ansiosa, ya no me quiero ir pero ni modo, ya dije que me voy y ora me voy. Además, ya compré baleros, trompos, papel picado, postales, dulces de café y sobre todo, el boleto. Los quiero a todos, hasta a los que no me quieren (jajaja ¿pos qué?), ya les di abrazo a los que pude, y mejor ya no sigo escribiendo porque voy a ponerme a llorar. Ahí está mi miedo, temo al proceso de enfrentar lo desconocido en un lugar lejano. Ya lo he vivido algunas veces pero de todas maneras, se siente gacho. Luego uno se acostumbra y resulta que ya es hora de regresarse, mmmta. Pero me lleva de la mano el más confiable, no se preocupen, dice que me vaya y que será para bien. Alors… por aquí nos vemos.

domingo, 31 de agosto de 2008

Desde la cocina

Hace más o menos cinco años, Alessa me prestó una novelita que me dejó una profunda impresión de desconcierto, una necesidad de lucha contra cualquier sintoma de soledad, una fascinación por la lejanía. Entonces hace casi un mes, vagaba por una librería del DF buscando material para la enseñanza de español, voltée a ver un estante cualquiera y ahí estaba, ese libro me encontró. Les dejo un pedacito, me dicen qué opinan.
Las personas creen que hay muchos caminos y que pueden elegir el suyo libremente. Quizá fuese más acertado decir que sueñan con el momento de elegirlo. Yo también pensaba así. Pero en aquel instante pude comprenderlo. Lo supe y tomó forma de palabras: "El camino está siempre marcado, pero no en un sentido fatalista. Cada instante, con la respiración, con la mirada, y con los días que se repiten uno tras otro, se va decidiendo espontáneamente".
Banana Yoshimoto, Kitchen.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Readaptación temporal

La perra de mi vecina (aclaro la clásica ambigüedad: la perra es una doberman que la mamá que mi vecina ha tenido como mascota durante aproximadamente 10 años), ésa que se relame los dientes cuando ve a mi primito de dos años correr por el patio, ésa se asoma por la azotea y aúlla a medias, con ronquera, rompiendo la armonía de la noche lluviosa.
Siempre amé las noches lluviosas, al grado de dejar cualquier cosa que estuviera haciendo y aprovechar el ruido de fondo para leer o aún mejor, dormir envuelta en algo aunque no tuviera frío. Pero hoy me quedo escribiendo, recontando pendientes inventados, innecesarios, para postergar los verdaderos compromisos que acompañan a mi próximo reto.
Se trata entonces de la primera prueba de que mi apreciación de la realidad ha evolucionado: siento la casa paterna un poco más pequeña, pero también más práctica y totalmente cómoda. En el barrio murieron tres vecinos por enfermedades invernales, creo, y aunque eran de edad avanzada y poco los traté, ya me encontré un par de veces mencionándolos como si todavía vivieran (entre ellos la mamá de mi vecina, por eso ahora la doberman está confinada en la azotea). Abrieron un bar a media cuadra y su música transita a lo largo de la calle todo el día; los manteles individuales y el tapete de "Bienvenidos" ya son otros; la grabadora de la cocina ya no lee cualquier CD.
Se supone que estoy viviendo una cuenta regresiva, pero la emoción todavía no surte efecto. Quizá después de todo, no es tan común la sensación de no saber por qué se hacen las cosas, hacia dónde uno cree que va. Como ante el olor de la menta se desata un vientecito en la cabeza, me quedo liberada y estática, mientras dejo que amaine la lluvia y el revoloteo de los pájaros internos. Estoy en casa.

miércoles, 30 de julio de 2008

Feliz

Siempre le pongo acento a feliz, y siempre me aclaran que no lo lleva. Titulo así este post porque no sé cómo empezar, porque ya sé que no se vale escribir a la carrera y apenas tengo cinco minutos para finalizar, apagar la máquina y salir corriendo a mi último día de trabajo en este lugar mágico.
Inesperadas, las cosas mejores suceden con aparente rapidez, sin embargo he saboreado cada palabra, cada ventaja que la luna menguante ha tenido a bien concederme en estas horas de despedida. Me voy agradecidísima, satisfecha, encantada de haber estado aquí, y un poco asustada ante lo que inevitablemente viene. Mérida tiene el privilegio de cobijar personas extraordinarias bajo nubes brillantes y árboles generosos; Yucatán es luz, la tierra anhelada de mi padre, la que por fin me robó la mitad de mí misma, y en tan poco tiempo.
Gracias Cornelio, Carmen, maestro Alberto, Abril, Ariana, Jorge, Hissa, Gina, Caro, Faby, Alex, Érika; gracias Claudia, Humberto, Clarissa, Marcos, Lizbeth, Tatiana y los primos DIF que me faltan; gracias a los personajes de todos los días (la gober, Lupita) y claro, a los Puc los amo, ya nos lo demostramos.

martes, 8 de julio de 2008

Francamente...


El dinero no es la vida, pero quita lo nervioso.


Lo dijo el padre Gerardo en misa, de veras, conste que yo nada más rumio.

domingo, 29 de junio de 2008

Hoy es

Hoy es un día muy especial. Los planes ya tienen destino con nombre y forma, será un lugar de sorpresas, eso espero. Hoy me he acercado a los que amo, a pesar de la distancia; he interiorizado; acudí a un sitio de recuerdos para estar en paz. En fechas inolvidables como ésta, por cosas buenas o malas, siempre me pregunto atentamente ¿cómo estaré de aquí a un año? Y después de un año, estoy plena, mejor de lo que me hubiera atrevido a imaginar en aquel tiempo. Hoy puedo decír abiertamente que soy muy feliz, que amo, que tengo todo lo que necesito y aún más, que es del todo cierto aquello de que no tiene caso planear, porque uno no recibe lo que desea, sino lo que más conviene.
Y por si fuera poco, el salmo de hoy domingo decía: "El Señor me libró de todos mis temores".
Absolutamente.

jueves, 19 de junio de 2008

Hablar

Entonces una voz amable me dijo:
-Te está esperando allá, atrás de los talleres, ya sabes que aquí no se puede hablar.
Me la encontré en el camino, llegamos al espacio neutro y me preguntó:
- ¿Cómo estás?
Y así lloré, como no lo hacía desde cinco o seis años atrás, cuando regresé a mi casa después de una semana de ausencia angustiosa. Lloré pero le conté todo, me explayé, le di detalles de cómo no creía merecerme esto. Pero me lo merecía, o más bien era necesario que lo viviera, tenía que ser así. Me dio sus puntos de vista, me sugirió soluciones efectivas, consoladoras, me dio claves de su propio mundo, hasta me leyó días después.
Aclaro que en ocasiones nos encontrábamos en el pasillo y sólo decíamos “hola”, a veces ni eso. Durante mucho tiempo pensé que conocerla no venía al caso porque muy probablemente ella pensaba igual, vaya pérdida de tiempo valioso. Pero ese día, más allá de mi asombro, me di cuenta de que en su alma niña el capricho existe en dosis mucho menor que la buena voluntad.
Se lo escribí luego a ella: puede que la amistad no se finque tanto en la convivencia constante como en el hecho de identificar sentires, haberes, convicciones. Qué grata sorpresa, que lección a mis prejuicios, qué cosas tiene la vida. Como sabrá, soy un poco obsesiva con las fechas, con los sucesos que me marcan. Éste fue uno. Ha sido un gusto, todavía sigo agradecida, todavía aprendo.

miércoles, 11 de junio de 2008

Voy

A ultramar,
por el subterráneo que siguió el poeta
que los antiguos celtas recordaban,
iré yo.
Para robar hojas de árboles ignotos,
o sonreir, asombrada de mí misma.
Para probar el vino, sin saciarme.
Voy, porque soy feliz de haber nacido
y que esa frase oscile en el oído
de veintitantos que habrán de conocerme.
Voy aterrada, a rastras mis complejos
a recorrer una Babel antigua,
que no entiende mi lengua y sus enredos.
Voy a llorar en una tumba ajena
por tantas tantas veces que he olvidado
poner aceite en mi lámpara de nuevo.
A percibir algún otro olor a tierra,
o a probar aquel sabor humano,
voy a indagar qué es lo que más pudiera
respirando profundo un aire helado,
sobre montañas blancas y veredas.
Música de otros seres que yo escuche,
que me vuelva temblando de alegría
por haber comprendido lo que tuve.
Voy, porque poco he andado.
Hoy el insomnio me lleva una promesa:
iré sin duda tomada de Tu mano.

sábado, 7 de junio de 2008

Km. 16.5, en cuatro estaciones



A mi querida CEAM, en esta necesaria cuenta regresiva,
y a un año de haber vivido mi propia cuenta.

Primavera
Circe llegó con el huracán, con los zapatos mojados, el cabello en desorden y la garganta seca. No era una artesana, menos aún una visionaria, sólo contaba con una enorme fe en quien sabe qué fuerza que le brindara confianza en la técnica de ensayo y error. No tenía nada que perder y aprendió demasiado.
Fue éste el tiempo de armonía, de trabajo arduo, de saludos tímidos y pláticas para conocerse. El lugar: un castillo encantado donde se daba forma al conocimiento, un paraíso acorde con su avidez de novedad lleno de toda clase de seres gentiles con apodos extraños, que sonreían y hacían malabares con sus labores. Circe estaba al servicio de un ama de llaves, inteligente y perfeccionista, quien pronto la convirtió en su mano derecha Había otra ama, menos aguda, silente, retraída, a la sombra de la primera. Ambas eran celosas pero accesibles, casi seductoras, casi buenas, y seguían al pie de la letra las órdenes del amo. Pronto Circe se acostumbró, no tenía idea de lo que sería capaz después

Verano

El clima se hizo cálido dentro y fuera del castillo. Circe se quedó sin su ama de llaves y tuvo que hacerse cargo, un poco a su pesar, de las artesanías pendientes. Poco a poco tomó el paso del amo, se ganó su respeto aunque jamás un guiño, pero los pequeños detalles no importan si todo sale bien. Circe iba comprendiendo el poder de la elcouencia ante el público, la necesidad de independencia, la posibilidad del futuro.

Otoño

Fueron estos días de lecturas ociosas, risas cómplices y trabajo arduo. Todo en el ambiente del castillo denotaba febrilidad, arte, amistad, amor quizá. Todos conversaban libremente, comían panecillos, bebían pócimas refrescantes, soñaban con la primavera y se dedicaban a sus manufacturas. Fueron tiempos de descubrimiento que Circe no podrá olvidar nunca, porque en el aparente desierto de la monotonía residió (eso lo supo después) el fin último del esfuerzo: aprender y mejorar, unirse para crecer, sonreir y enamorarse, vivir la vida trabajando.

Invierno

Cabe aclarar que esta Circe nunca fue como la verdadera, la primera, la mítica hija de Helios, la hechicera (no sirena) hermosa y terriblemente inteligente que se apropiaba sin chistar de los hombres que deseaba. Más le valió a esta Circe no creérselo, trata de no mirar al pasado sino al futuro, es hija del viento y no ha poseído a nadie. Ella quiso llamar al invierno, despedirse, volar. Aunque aún después por momentos lo dudaba, fue la decisión mejor. El invierno trajo nostalgia, disgusto, despedidas, pero culminó maravillosamente con risas, mucha comida y vino delicioso. Circe abandonó el castillo llevándose algunas muestras de sus artesanías, orgullosa, con cuaderno de notas bajo el brazo y la promesa de tiempos mejores que llegaron más pronto y con más satisfacciones de las que ella se atrevió a imaginar alguna vez. Canta siempre para mitigar la nostalgia, evoca a los que allí continúan, encerrados, a los que no han tenido la fortuna de salir por su propio pie como lo hizo ella, pero tiene fe en la magia y cosas más sorprendentes han sucedido fuera de los cuentos de hadas, en el mundo real.

Epílogo: la hibernación

En un año solar normal no debería haber días alternos, pero a veces las cosas empeoran, todo es cuestión de tiempo. Lo que era en principio una pócima transparente de voluntad, necesidades conjuntas, calidad humana, hoy se ha convertido en la pasta hirviente que emana del caldero de una bruja. Y no se diga, por piedad, que esta bruja es ahora un hada niña que retó a un espejo, porque el espejo no se equivocó, siempre dijo la verdad, es capaz de probar que tuvo razón y el tiempo mismo hoy se la concede. ¿Cómo podrá un hada vencer los hechizos de la burocracia maligna cuando se ha alimentado de ésta? Las verdaderas hadas no son cómplices del tejemaneje, no evocan a los magos oscuros; las hadas buenas no presumen de alzar las caderas y trabajar duro, simplemente lo hacen; no necesitan que nadie las arrulle cuando se les olvida repasar sus fórmulas mágicas. En fin, el que no sepa de mitos, que abone mandrágoras.

Palabrotas

A un imposible

Me arrancaré, mi bien, el imposible
amor de melancólica plegaria,
y aunque se quede el alma solitaria
huirá la fe de mi pasión risible.

Ramón López Velarde

Ay, dolor...

viernes, 2 de mayo de 2008

Dizzy

¿Ves que amanece nublado? Y es mayo.
Y el pasado llueve a veces, sin motivo.
¿Ves a los visitantes? Se te parecen.
Prueban la comida, igual que si probaran varias llaves para abrir una puerta.
¿Ves cómo saltan a la vista las palabras nuevas?
Sentir vértigo, eso significa “dizzy”.
¿Ves que has vuelto a salirte de ti?
Ya te hablas en segunda persona.

martes, 1 de abril de 2008

Paciencia

Si emprendes en serio el camino de Dios
prepara tu alma para las pruebas que vendrán;
siéntate pacientemente ante el umbral de su puerta
aceptando con paz los silencios, ausencias y tardanzas
a los que Él quiera someterte,
porque es en el crisol del fuego donde se purifica el oro.

Señor Jesús, desde que pasaste por este mundo
teniendo la paciencia como vestidura y distintivo,
es ella la reina de las virtudes
y la perla más preciosa de tu corona.

Dame la gracia de aceptar con paz
la esencial gratuidad de Dios,
el camino desconcertante de la gracia
y las emergencias imprevisibles de la naturaleza.
Acepto con paz la marcha lenta y zigzagueante de la oración
y el hecho de que el camino para la santidad
sea tan largo y difícil.

Acepto con paz las contrariedadees de la vida,
las contradicciones de mis hermanos,
las enfermedades y la misma muerte;
y la ley de la insignificancia humana, es decir,
que después de mi muerte todo seguirá igual,
como si nada hubiese sucedido.

Acepto con paz el hecho de querer tanto y poder tan poco
y que, con grandes esfuerzos, he de conseguir
pequeños resultados.
Acepto con paz la ley del pecado, esto es,
hago lo que no quiero y dejo de hacer
aquello que me gustaría hacer.
Dejo con paz en tus manos lo que debiera haber sido y no fui,
lo que debiera haber hecho y no hice.

Acepto con paz toda impotencia humana
que me circunda y me limita.
Acepto con paz
las leyes de la precariedad y la transitoriedad,
la ley de la mediocridad y del fracaso,
la ley de la soledad y de la muerte.
A cambio de toda esta entrega, dame paz, Señor.

jueves, 13 de marzo de 2008

Renunciar a la creación es aceptar no sólo todos los poderes que tratan de determinar nuestra existencia e imponernos una manera de ser, es también renunciar al papel que como especie parece habernos asignado la vida. Porque es la naturaleza la que habla consigo misma a través del hombre. Es la vida la que se expresa en la creación. Mantenerla, acrecentarla, es nuestra tarea y nuestra recompensa.

No quisiera ser injusta, pero en verdad no recuerdo quién es el autor de esta frase.
La hipocresía, al menos, es un homenaje que el vicio rinde a la virtud.

Fernando Savater

lunes, 10 de marzo de 2008

Caminar en Mérida

Aquí el aire es consuelo, corre fuertemente, llega al encuentro y abraza, es tibio todavía porque apenas se despide el invierno. Uno camina por las calles evocando el plano cartesiano y a la vez, el juego de pares y nones, que con el paso de los días se hace más fácil. Amplias calles, donde se podría andar descalzo en medio, correr si fuera necesario, y parecería que el sol no te alcanza nunca. Pero no es cierto. El sol tiene en la península la casa a la que siempre regresa, vacaciona, sí, pero siempre regresa, incandescente, y se pone a pulir en los mediodías de ocio las piedras de las albarradas, las vuelve más blancas, les da la cualidad de taladrar la vista.
Las casas siguen obedientemente un mismo estilo: por dentro son frescas, con muros gruesos y altos, y pisos adornados con mosaicos pequeños de colores mate, de formas variadas y material añejo. Por fuera uno no comprende cómo es posible que las construcciones no tengan alero, que se enfrenten a la aridez de polvo, viento y luz apenas guarecidas con ventanas de marco en relieve y esas persianas a prueba de ciclones. Claro, uno no comprende porque es extranjero, porque aquí todos están de acuerdo, todos son extremadamente afables, hermanos de la tradición y seguidores de lo moderno. Hay árboles también, coros alegres del aire que hacen lucir las avenidas, son orgullosos pero guardan su belleza y se inclinan humildes si está cerca la ceiba, jamás osarían superarla.
En el centro los edificios centenarios ofrecen mercancía a través los ventanales. Hay ropa de manta, sandalias, manteles y rebozos de estilo mexicano en general, grandes sombreros, morrales, botellas de xtabentún, todo caro, todo para los turistas. Pero también hay cafés, restaurantes transnacionales y uno que otro nacional, donde venden panuchos, cochinita, relleno blanco y negro, demasiados sabores diríase.
Blanca y serena, segura y extensa, marcas a sus habitantes de norte a sur; clasemedieros y soñadores, trabajadores y doblemente trabajadores; nadie quiere tener idea de cuál de las dos áreas es más grande, pero sí queda muy claro cuál es la más pobre. Tus hijos caminan también con los pómulos en alto y los ojos hondos, llenos de más allá, inquiriendo a dónde fueron los itzaes, porque tú eres distinta, eres la castiza, la del nombre español, la bella de estas tierras que los conquistadores fundaron en medio de aldeas. Les gustó tu seno, quisieron hacer aquí otra Valladolid, otra Sevilla y lo consiguieron, sin duda. Basta entrar a Itzinmá o a Correos, pasar delante de la Casa del Pueblo, vagar por el Paseo Montejo, basta todo y nada para entender tu grandeza, cuando se camina por las calles con la sensación de que pueden hablar, que se deslizan por sí mismas y lo llevan a uno de pared en pared, de arco en arco, a través del espacio perfecto que soñaron tus antiguos, aquellos que veneraban las estrellas.

lunes, 3 de marzo de 2008

En el Salón Constituyentes

Había niños en la reunión, hablaron de defenderlos. No tenían idea, les dieron hamburguesas y refresco, se divertían. Estuvieron en un recinto histórico criticado por su pésima arquitectura, pero la iluminación estuvo excelente. Hoy se definió, con el desvelo de unos cuantos, el rumbo de sus derechos, al menos en el papel. ¿Y si en vez de planear tanto, voláramos más alto?

sábado, 16 de febrero de 2008

Para la matriarca

Ahora que no estás / los árboles del parque / juraron no crecer / hasta que vuelvas.

Alex Ubago

Si sobrevives

Si sobrevives, si persistes,
canta, sueña, emborráchate.
Es el tiempo del frio: ama, apresúrate.
El viento de las horas barre las calles, los caminos.
Los árboles esperan: tú no esperes.
Este es el tiempo de vivir, el único.

Jaime Sabines

El Preciosaurio


Exigente, abres un ojo y ya frunces el ceño. No estás molesto, sólo identificas.
Transcurres los días, seguro de lo que mereces.
No miras. Inquieres, intimidas, demandas, digno protegido de tu astro.
Tu oído es magnífico, promesa, serás lo que quieras si la música te lo permite.
Y para colmo, manifiestas gustos exquisitos, vaya forma de comer.
Serás lo que quieras, el fuego es tuyo.
Y apenas tienes un año.

Le dicen Preciosaurio porque sus padres lo anhelaban desde hace tanto tiempo…

Lección


Si lo supiera lo diría.
Cae por su propio peso.
Sólo sé que la belleza
no lo sé, pero se siente...
Adolfo Castañón

Algo sobre Estados Unidos


Una vez en clase oí comentar que en Sudamérica, los niños suelen jugar a “los mexicanos”. El juego consiste en colocarse sobre la cabeza objetos grandes a manera de sombreros y, frente a frente con un compañero, contar hasta tres a ver quién saca primero una pistola imaginaria del bolsillo. El que pierde tiene que caer al suelo polvoso simulando un herido de muerte mientras el ganador festeja la victoria. Combinación de nuestro cine de la época de oro con las películas del Viejo Oeste, lo cierto es que la personalidad del mexicano -astuto, marrullero, tranza, traidor y macho, según dicen -, resulta atrayente en otros lugares a pesar de su vigencia casi nula. En efecto, el rechazable cobijo del estereotipo rara vez permite conocer con claridad la actitud e intereses de un individuo, mucho menos de una nación. Sin embargo, si no existiera una idea aunque fuese errónea acerca de los grupos humanos, tampoco serían posibles los viajes ni el comercio, no habría habido conquistas ni guerras porque la necesidad primaria de contacto humano sólo se amedrenta ante lo desconocido.
Supe de la existencia de Estados Unidos gracias a las series dobladas al español que proyecta la televisión abierta. También porque solía leer Selecciones del Readers Digest, por las películas hollywoodenses, las canciones en inglés, los novedosos aparatos electrodomésticos, los infomerciales y porque no es fácil ignorar a quienes aseguran vivir en la tierra de la libertad y de los sueños tangibles. No pretendo realizar una defensa ni lanzar una diatriba sobre los lugares comunes, es más, asumo la tibieza de la relatividad. Hablar de Estados Unidos equivale a enfrentarse a generalidades tan bifurcadas, tan llenas de seres fascinantes o ramplones que la única salida es resumir a la sociedad norteamericana como un mosaico cultural, el cual se ha encargado de construir su propia personalidad escudándose en la Doctrina Monroe, la comida rápida y los eventos a lo grande. Sociedad peligrosa, dice Baudrillard, porque por todo compite y se inventa lo que no tiene, Disneylandia es la prueba; sociedad descerebrada, está gritando el mundo, por permitir una guerra atroz y aún votar nuevamente por Bush; sociedad que ha aprendido a observarse en foto panorámica, creo yo, tanto como para darse el lujo de la autocrítica comercial de los Simpson o abrir puertas relativamente falsas a inmigrantes.
Así pues, aunque nunca haya estado allá, entiendo la idea de Ibarguengoitia (léase Instrucciones para vivir en México) cuando expresa que el factor determinante de la vida en Estados Unidos es la valentía personal. No se puede culpar a una sociedad por ganar cientos de medallas en los Juegos Olímpicos como tampoco ha de agradecérsele haber sido cuna de genios como Hawthorne y Emily Dickinson, ojalá fuera posible. Viéndolo bien, cualquiera que intente estudiar esta especie de cultura se halla en el cruce de las divisiones entre costa este y costa oeste, entre norte y sur. Cualquiera como yo, a decir de Ibarguengoitia, se convierte en un budista calvo parado a mitad del río Bravo.
Diciembre de 2004, antes de ir a Georgia

Sad but true

I just want to feel real love
fill the home that I live in
´Cause I got too much life
running through my veins
going to waste

Robbie Williams
Un poema no quiere decir, es.
(A poem should not mean but be)

Archibald MacLeish

Definición

El teterete es un animal / que cuando va caminando / solito se bambolea / parece que va bailando.
D.A.R.
¿Alguien lo ha visto? ¿De veras es así?

viernes, 15 de febrero de 2008

Escuchando la radio

La lengua te sabe a café, es quizá de madrugada pero tus hábitos de lectura se han modificado tanto que no te atreves a calcular las horas biológicamente adecuadas para el sueño. Los ojos queman, es hora de un descanso. Te levantas con toda la disposición de escuchar algún disco, mas, al encender el estéreo, la radio te sorprende:

Nunca te he visto más alto
ni más guapo, ni mejor.
Te han sentado bien los años y me alegra oir tu voz.
En el fondo de tus ojos, donde guardas tus caminos,
lo que llena y lo que duele, lo que nadie más ha visto,
es ahí donde me quedo y en tu nueva paz respiro,
y me crece verte fuerte porque todos somos niños.



Todo a su tiempo, reza el Eclesiastés, pero nadie contempla que el tiempo se va como el agua de un río. Y la oleada de recuerdos termina de despertarte.

Eres un superviviente de los días y los gritos,
de la soledad hiriente que taladra los sentidos.
Has limpiado trapos viejos, cambiado todo de sitio.
Y me alegra que te acerques con la fuerza de haber sido
y de ser superviviente de todo lo que has tenido.


¿Qué es mejor? ¿Entonar un canto de nostalgia o escribir un poema a las cosas que pudieron haber sido?

No hace falta más detalles, pero serán bienvenidos:
ya no cumples cada norma si no encuentras su sentido.
Sigues buscando las flores, hoy las cuidas con más mimo
porque sabes que no crecen a la luz de cualquier sitio


Da gracias siempre por lo que creas y nunca olvides, el cíclico universo a veces te reencuentra con los caminos que no recorrerás dos veces.

Nunca te he visto más alta
ni más guapa, ni mejor.
Te han sentado bien los años y me alegra oir tu voz.
En el fondo de tus ojos, donde guardas tus caminos,
lo que llena y lo que duele, lo que nadie más ha visto,
es ahí donde me quedo y en tu nueva paz respiro,
y me crece verte fuerte porque todos somos niños.


Apagas la luz. Por fin, te vas y duermes el sueño de la vida.


También del 2005, también para los letrados.

Soliloquio


Danos una actividad serena que abarque,
con una división unitaria,
la totalidad.
P.I.L.


Nadie me cree que haya vivido tanto. Cuando era chiquita tuve la manía de dibujar reinas. Generalmente las pintaba imponentes, que abarcaran toda la página del cuaderno de costura de mi madre con sus vestidos coloridos y sus diminutas cabezas coronadas. Después, en lo que quizá fue la proyección de mi primer concepto de estrato social, comencé a dibujar reinas con acompañantes: sirvientas, enanos o príncipes desgarbados quienes apenas alcanzaban la mitad del tamaño de las faldas de mis gobernantas. Luego entré en el kínder y mi escaso talento para pulsar el lápiz se esfumó; la maestra lo hacía todo, yo sólo tenía que pegarle el algodón en el lomo al borrego de papel o debía colorear las flores convencionalmente.
Así pues, de pintora real frustrada pasé a ser cómplice de los héroes de la patria y luego me lancé mochila al hombro sobre una alfombra voladora por el mundo. En efecto, solía pensar que era buena estratega y que en un futuro no muy lejano la nación requeriría de mis servicios. Repasaba con ahínco las crónicas de la Decena trágica, de la Noche triste, del arribo de Colón a San Salvador y de la madrugada en que los conspiradores independentistas fueron descubiertos. Sin embargo mi ensoñación con la historia perdió verosimilitud (¿?) cierta mañana, cuando mi compañera de banca, cuyas hermanas eran telenoveleras incorregibles, me planteó su hipótesis de que doña Josefa tuvo que haber andado con Allende o hasta con don Miguel Hidalgo, si no... ¿cómo podía ser posible que una mujer se colara entre los cerebros libertadores, en su mayoría militares? A raíz de eso partí para Bagdad. Llegué a Basora justo cuando Simbad estaba a punto de partir y casi logro una entrevista con Ali Baba. Sin embargo, me enamoré perdidamente del príncipe Hussein, ése que no ganó la mano de su prima en la competencia de flechas pero, al ir a verificar dónde había caído su propia flecha, se internó en una cueva habitada por un hada más inteligente y guapa que la famosa prima. Total, como yo no podía rivalizar con el hada ni con Sherezada, me lancé en pos del Oriente. Allí me alojé en un país que estaba de luto porque su princesa se había fundido con los cuatro elementos para convertirse en una campana vibrante, igual que el alma humana. Ya que nunca me acostumbré a comer flores de cerezo cristalizadas, retorné a Europa, donde podía comer toda la fruta encantada que quisiera del jardín de la Gata blanca y hasta probé algunos rábanos, cortesía de la mamá de Rapunzel.
Apenas hice pie en un lugar fijo y me vi sumida en un terrible sueño que duró algunos años. De éste recuerdo algunas imágenes del plano inclinado, las ecuaciones de segundo grado y la portada de un libro de civismo. Por fortuna desperté a tiempo para ir de expedición a la antigua Grecia: nunca olvido el intenso azul del mar visto desde la Acrópolis. Posteriormente me dediqué a visitar personajes casa por casa. Conocía a Juana de Arco, al Tintoretto, a Ana Pavlova, a Juan XXIII y a los hermanos Strauss. Lo único que yo podía ofrecerles a cambio de sus testimonios de vida era el relato de cómo mi pueblo se convirtió en ciudad heroica durante la lucha contra los realistas. Se los narré con gusto, con ganas de que supieran que los paisajes de montaña tienen tanto encanto como las playas del Caribe, los acantilados de las islas Hébridas o el desierto africano.
Y yo a la universidad me la imaginaba erudita, cubierta de ventanales que llegaran hasta el techo, habilitada con pasillos húmedos y una biblioteca diseñada para perderse en ella, como la de la abadía italiana de Eco. Me hice a la idea de las clases impartidas por ancianos instalados en cátedras de madera, dispuesta yo a vivir momentos de iluminación junto con mis graves compañeros. Pero mis camaradas resultaron ser aprendices de magos. Beben siempre pócimas oscuras y humeantes por la mañana, escrutan la materia viva durante el día y descifran manuscritos antiguos por la noche. No sé que obtendremos ellos o yo de todo esto, pero espero con fe que nunca perdamos la capacidad de asombro. Lo digo porque a veces pienso, yo, que sentí la dulzura del frío sobre mi piel en una tierra lejana, quo no pude evitar que golpearan a Alonso Quijano, que me aprendí de memoria el Eclesiastés, que me la he pasado viajando sin rumbo y no sé si viviré mañana, yo no entiendo... ¿cómo alguien puede afirmar que el mundo es maravilloso?


Junio de 2005, para mi generación de letrados.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Para todos

No sé cómo decirte, amigo
lo mucho que te quiero y lo que yo te necesito.
Te quiero porque te veo alegre
y porque con amor escuchas mis palabras
y soportas mis largas confidencias.
Te quiero porque te acercas con respeto,
aceptas mis silencios y mis gritos,
me animas cuando caigo y me impulsas en mis sueños.
No te escandalizas de mi pecado
ni me condenas por mi limitación.
Te necesito, hermano,
para recibir tus consejos, para entregarte todo lo que tengo
para compartir mi fe,
para decirte lo que siento
y para cantar junto a ti.
Gracias, amigo mío, por la transparencia de tu corazón,
y porque a través de ti puedo ver
amplia, serena, alegre y nítida
una gran sonrisa del mismo Dios.

Casa / Home

nadie se va de casa salvo que la casa sea la boca de un tiburón solo corres hacia la frontera cuando ves a toda la ciudad corriendo tamb...