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Sociópata

Tenías la inteligencia, el encanto, la mirada que se necesita,
el desamor, el deseo, la culpa ausente.
Años después, en el espejo de la adolescencia
(de otra adolescencia que ahora para mí tiene sentido)
te descubro tal como fuiste.

No soy una víctima
pero tu abuso
será la única huella.

La peor condena es no poder sentir amor
y no es la mía.
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¿Humildad?

No comprendo por qué las personas confunden conceptos esenciales para la convivencia humana con tanta frecuencia. Confunden honestidad con honradez, sinceridad con crueldad, modestia con falsedad, humildad con baja autoestima. Humilde no es quien menos tiene, no es quien se calla siempre por aguantar, no significa ser débil, ni fingir ser débil, ni mucho menos llorar por tooodo o tirarse al piso haciéndose menos para que los demás la levanten (tan convenientemente). Humilde es quien conoce tanto sus posibilidades como sus limitaciones y hace con ello lo mejor que puede. Lo mejor, no mediocridades. Quizá yo no soy humilde porque si intentan ofenderme me defiendo o les ignoro, si soy testigo de algo incorrecto o injusto no me callo y sí, puede que sea muy soberbia porque lo que los demás piensen de mí me importa dos hectáreas de... vaya, el punto es que quien vive a la sombra de valores confundidos es capaz de intoxicar el agua que otros beben y el aire que otros respiran o bien, result…

Fortuna

Por años, disfrutar del error y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,
ser en la noche un ser como en el día. No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada. Ser humano y mujer, ni más ni menos.
Ida Vitale
Ayer descubrí que he querido ser un hombre desde que era pequeña, porque aún en mi inocencia me di cuenta de que el poder de decisión, la libertad y el brillo les había sido dado a ellos, no a nosotras; no por naturaleza, sino por sociedad. No queda más que transformar el daño imperceptible del patriarcado en aprendizaje y agradecer la fortuna de ser la que soy, y no otra que haya sufrido más, siendo también inocente.

Uno es...

Cuando llegué a Letras ni siquiera sabía quién era Sergio Pitol. Hasta la fecha, he leído poco de él, pero eso poco ha sido un reto por la elevada calidad de su prosa. Me tocó ayudar a organizar el número de la revista de la Editora cuando lo nombraron Premio Cervantes, incluso llevé pruebas del fragmento de El Mago de Viena a su casa, pues ya que tan amablemente había cedido la oportunidad de publicarlo, no podía salir mal. Por esos días Martha, mi jefa y su asistente a la vez, me regaló audios de escritores, entre ellos el Nocturno de Bujara. Pero lo que me dejó Sergio Pitol, hoy que ha partido, fue una sonrisa disfrazada de breve y simple atención.

Habíamos tenido examen parcial de Literatura Rusa con él. Sus clases eran miniconferencias magistrales en las que nos preparábamos con mucha tinta para anotar lo que decía -y casi todo era interesante, en serio- también con algo de paciencia pues los estragos de la afasia comenzaban a aparecer. A la hora del examen pidió un ensayo sobre P…

Toledo

Me dije que nunca contaría esto pero hoy me siento con ganas de hacerlo. Hace 4 años, durante la temporada más larga de las varias veces que mi mamá estuvo internada, me encontraba yo en el hospital viéndola dormir. No tenía mucho qué hacer y sí mucho en qué pensar. Abrí la libreta que siempre llevo en la bolsa y me puse a escribir una lista con los nombres de todas las personas que nos habían brindado ayuda durante ese difícil tiempo. No tenía idea de los meses que nos faltaban por recorrer, no pensé que esa columnita de nombres se convertiría en dos hojas bien llenas, desde los familiares y amigos que la visitaron, que nos llamaron, se movieron sin dudar para conseguir lo que necesitáramos, pasando por médicos, enfermeras, el policía que me saludaba amablemente todas las mañanas, las señoras de cocina que nos invitaban comida y café en la última clínica que estuvo porque prácticamente vivíamos ahí, hasta el muchacho de la cafetería en Veracruz que con tanta delicadeza silenciosa me …

El cielo guarda la edad

Creo que uno de los recuerdos más importantes que tengo de la infancia, es haber presenciado el eclipse total de sol del 11 de julio de 1991. Hoy conocí a mis nuevos alumnos, y entre la presentación y los temas del día, les conté cómo todo parecía nublarse y luego se oscureció; cómo las gallinas de mi patio se subieron a dormir al árbol de guayaba, y cuando todo pasó, el gallo volvió a cantar como si hubiera amanecido y los demás animalitos se levantaron de sus rincones a "empezar" el día de nuevo. Les conté de mis vecinos, que tenían baldes de agua para ver el reflejo de los astros, recordé a mi adorado abuelito, que como buen mecánico tenía algún casco de soldar viejo al que le quitó unos vidrios gruesos y pesados para que sus nietas pudiéramos observar, por unos segundos, cómo la Luna devoraba al Sol. Ahora que lo pongo en palabras, pienso que en ese momento comprendí que las fuerzas de la naturaleza van más allá de los alcances humanos. Sentí mucha emoción y algo de mie…

Como la cigarra

Hace casi dos años, en Cuba, alguien me regaló esta canción sin saber lo que significaba para mí. Siempre me gustó por la letra y la intérprete, aunque no sabía quién era la autora. Yo diría que fue un regalo-promesa, una señal, pero no era el momento de cantarla, no tenía la fuerza necesaria.
Hoy, a plena mitad del año, puedo entender muchas cosas y las que no entiendo, las acepto con profundo amor. Gracias infinitas por esta vida buena. Gracias por lo que ha sido y por lo que será.
"Cantando al sol como la cigarra,
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra."